El fanzine que no fue

Entré al Bajo Tierra pagando 1 peso de bono contribución. La primera sensación que tuve fue que la sede de la CTA estaba medio sucia, como si tuviera una fina capa de tierra en el piso. Dadas las circunstancias, creo que también, había olor a tóner. Atravesé el pasillo y di al salón, a la izquierda había una mesa-tablón con un montón de revistas. Antes de acercarme, vi como un muchacho le promocionaba a una familia desprevenida su ‘hombre hormiga’ -o algo así-. La mesa-tablón rebalsaba de publicaciones, pero no me interesaban demasiado, yo había ido por las Catzole -una semana antes Salvador Sanz me había vendido 2 números en una cola del Centro Cultural Ricardo Rojas, y quería más-. Detrás de la mesa, con la campera puesta y sentado medio displicente, estaba un petiso que se hacía el internacional y pretendía dibujar mientras hacia chistes con voces raras. Compré unos fanzines. Sin hablarme, el petiso me extendió un pedazo de papel -tamaño foto carnet- donde decía que se venía el número 6 del Kamikaze. Así conocí a Sebastián Ramseg.

El segundo encuentro fue en otro evento, no recuerdo cual, y tampoco recuerdo haber visto a Ramseg, pero sí que compré el mentado número 6. Kamikaze trataba de un asesino a sueldo que, ayudado por el sordo y bizco Exquisita, se dedicaba a aniquilar personajes famosos del cómic. Pero en este número, regresando en avión al país, se enfrentaba a un complot de los más celebres personajes del AHI para dar fin a su vida, así se topaba con Raúl y Kakto de Morón Suburbio, con el Niño Malcriado, con El Buche, con Buitre, con Desfigurado, con Cándido, y varios más. El asunto es que Ramseg dibujaba más que bien y los diálogos generaban risas, Kamikaze era una buena historieta. En la revista figuraba un número telefónico, llamé y me atendieron, acordamos un punto de reunión, el Burguer King de Corrientes y Callao. Ramseg llegó último, había citado a dos potenciales compradores, uno era un fanático del Cazador, el otro era yo. El petiso ya no era displicente, sino un tipo afable, energético, ocurrente, lleno de bromas, me cayó más que bien. Esa tarde me pasó los especiales Kamikaze 1 y 2, Kamikaze 3 y 4, y el Especial Navidad. O sea, todo Kamikaze hasta el momento.

A partir de ahí, Seba fue una de las mejores cosas que te podía pasar en un evento, acercarte a charlar, matarte de risa con sus comentarios, ver en lo que estaba trabajando, nunca te aburrías. Le perdí un poco el rastro después del cacerolazo, la escena independiente entró en hibernación y Seba ya no hizo fanzines. Se dedicó a la animación, donde le fue más que bien. Y cada tanto hace historieta. Formó una familia, con la fortuna de tener a una chica que lo apaña en su pasión desmedida por Star Wars. Me lo crucé por última vez de casualidad, cuando coincidimos en tiempo y lugar mientras buscábamos libros y revistas. De esto hará -fácil- 10 años. Pero antes de ese encuentro, allá por el 2004, lo llamé para proponerle subir a internet una historia de Ringo Kamikaze, la última que Seba había publicado justo antes que la Argentina se fuera al descenso, Kamikaze y Exquisita. Ahí me enteré que la historia no estaba completa, que tenía otro final, jamás publicado. Escanée los originales, los letreé y los archivos -por esas razones de la vida- durmieron cuando el proyecto quedó en la nada.

Hace poco encontré los viejos archivos, les pasé un poco de lustre a y los compilé. Se me dio por recuperar este ‘fanzine que no fue’, y le puse un título que arrimara lo más posible al desparpajo de antaño, ‘Kamikaze y Exquisita lo hacen de nuevo’. Vaya este recuerdo para un tipo con talento infinito y al que -muchos de los que fuimos sus lectores- extrañamos.

Este es el link de descarga.

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Paula Andrade: El camino del Manga

Paula Andrade lleva casi 15 años haciendo historietas, hoy, junto a Lu Quintana, maneja el destino editorial de Gutter Glitter.

Sin proponérselo, Paula Andrade terminó por convertirse en la pionera de una nueva generación de autoras que arribaron a la historieta para explorar sus posibilidades, escribiendo y dibujando historietas de género con una fuerte impronta personal. Desde la primigenia Gomorra hasta la actual Amnistía, su obra recorre el imaginario fantástico y mitológico.

Fecha de nacimiento, edad, y ¿cuándo hiciste tu primera historieta?

“4 de Enero, 35 años. La primera historieta la hice alrededor de los 12 o 13 años, en la época de la serie animada de X-Men en los 90. La serie era de superhéroes y, como casi todos mis trabajos, se trataba de alguna escena donde la gente charlaba de todos los problemas que tenían entre ellos y de batallas pasadas. Creo que había una fiesta también. Habían muchísimas fiestas en los cómics de los 90.”

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas?

“¡El linaje artístico! A veces nos portamos como clanes con el tema ‘maestros’, algo probablemente heredado de la pintura. Mis primeros estudios fueron con Fernando Centurión -de los 15 a los 19 o 20, cuando que me dijo que era hora de dejar el nido-. Mi ‘posgrado’ fue el curso de Quique Alcatena -cuya obra conocí gracias a Fernando-, al que tengo la fortuna de considerar amigo y mentor.

Tal vez la obra más esquiva de Paula, por lo inhallable y lo atípico del formato, es Sedna, basada en la mitología Inuit.

Influencias, acá es donde empiezo a ser una historietista bastarda, vienen de todos lados y siempre se agregan más. Voy a tratar de mantenerme en las influencias permanentes: Masami Kurumada y Shingo Araki, porque Saint Seiya es la vida misma. Quique Alcatena, por supuesto. Kazuma Kaneko, por stylish y mitológico, siguiendo con el manga, Hiroaki Samura, Hirohiko Araki, Q Hayashida, Naoki Urasawa, Hagio Mōto y Jo Chen. Saliendo del manga, los pintores del renacimiento -¡figura humana por doquier!-, arte religioso, diseño japonés y finés, y muchas cosas más. También, los videojuegos, me encantan muchísimos diseñadores de arte de videojuegos. Trato de aprender de todo lo que de alguna forma me llama la atención. A nivel literario, Robert Graves, Bernard Cornwell, China Miéville y John Banville.”

¿Tu irrupción en el panorama de la historieta independiente fue con Gomorra, cuando integrabas el Midgar Studio? Gomorra tuvo una recepción inusitada por parte del público, en un momento muy difícil para el medio, ¿Cómo fue la experiencia y de qué trataba la historia?

Entre 2003 y 2005, se dio el recorrido editorial del Studio Midgar. Los tres números de Gomorra, fueron uno de los grandes hitos del fanzine en el nuevo milenio, post derumbe económico de la argentina.

“En ese momento era, de alguna forma, nueva en ‘el medio’. Empecé a participar en eventos al mismo tiempo que empecé a producir material, así que el contacto fue en paralelo. Me es imposible analizar la situación del medio en ese momento, o cuán difícil era comparada con otros momentos anteriores a los que desconozco -más allá de las dificultades relacionadas con el momento socio-político y económico del país-. ¿Podemos acaso hablar de un ‘momento difícil para el medio’? Es un país difícil, eso trasciende a la historieta -y la afecta-.

Dentro de mi experiencia, no fue un momento difícil a nivel de mis primeros proyectos editoriales. Gomorra fue parte de todo un zeitgeist que tal vez ‘el medio’, en ese momento, negaba. Era la explosión del manga. Empezaban a haber eventos relacionados con anime y manga, gestionados por fans, que ampliaban la oferta de eventos vinculados con la narración gráfica. Empezaba a posicionarse internet a pleno como medio de comunicación y difusión. Había un gran número de nuevos lectores cuyos intereses se salían del circuito del cómic europeo y norteamericano y las narrativas que ambos mantenían, y una búsqueda de identidad estéticamente diversa en los grupos de adolescentes.

Gomorra tuvo además tres ediciones en prosa, que exploraban distintos aspectos de su universo narrativo. Sadomasochism fue escrito e ilustrado por Paula.

Gomorra fue parte de la camada de fanzines que venía de ese caldero creativo, y su difusión fue por esos canales, por los eventos de anime y manga -y por internet, a la que ya utilizaba con anterioridad- como herramienta para compartir mis trabajos e intereses. La historia en un principio era una hidra de conceptos, bajo una estética gótica compartida y un universo expandido virtual. Para mí fue un experimento en priorizar la trama por sobre los estilos de dibujo -de ahí que fuese una misma historia y tuviese varios dibujantes-. Era un experimento por todas partes, con un total de un poco más de 3.000 copias entre sus tres números prácticamente agotados, para los involucrados fue un primer paso en esto de editar, y me dejó un grupo de lectores que aún acompañan mi crecimiento y exploración creativa, algo por lo que los aprecio muchísimo.

La experiencia fue hermosa, demandante, mucho más grande de lo que hubiese esperado -incluyendo mucho trabajo, más del esperado-. El ‘cómo’ se aprendió en el camino, y claramente desterró cualquier posibilidad de miedos o dudas a autoeditar. Contar historias, para mí, empieza con la idea y termina cuando está disponible para un posible lector. Es un proceso complejo, difícil y bello, que implica muchísimo tiempo, a lo que puede ser que esa primera experiencia, ese tremendo monstruo de aprendizaje en el DIY editorial que fue Gomorra, me haya vuelto adicta.”

Después de Midgar, formaste parte de Moirae, donde sacaste Berwick y participaste en algunas obras conjuntas, como Freakshow y Scared of girls. De nuevo, ¿cómo fue la experiencia? ¿Cuánto duró y -porque de alguna manera pertenece a Gomorra- en qué parte de ese universo ubicás a Berwick?

Scared of Girls y Berwick, las dos primeras pulbicaciones del grupo Moirae.

Moirae fue breve pero feliz. Me había alejado del medio por razones personales, y lo extrañaba muchísimo, así que fue el momento del regreso. También fue un cambio del grupo de trabajo, como del ambiente, menos efervescente y más consolidado -el desencanto de la madurez, ja-. Y otra vez, fue medio un experimento. Freakshow me sigue pareciendo un fanzine re-lindo, a nivel concepto. Todo lo que armamos para Moirae tiene lindos conceptos. En el equipo todas teníamos un par de años produciendo fanzines encima, y me parece que estábamos en búsquedas personales de ver a dónde queríamos llevar lo que hacemos, y a nuestras propias vidas. Moirae sirvió de bisagra.

Berwick, es la historia de una aprendiz de mago, en pocas páginas Paula plantea una historia rica en posibilidades.

En sus páginas se asomó Berwick, que pasa en una ciudad –Misthaven-, en el mismo continente donde pasó a estar ubicada GomorraIleto-. A diferencia de ésta última, en lugar de estar plagada de grandes fuerzas, está llena de fantasmas y fenómenos sobrenaturales menores, dando lugar a conflictos más ‘cotidianos’ en comparación. En el primer número de Monsterland, incluso, una de las primeras escenas se desarrolla en la ciudad donde habita Berwick y compañía. De alguna forma muchas de mis historias se fueron, con los años, mudando al mismo continente. Permite poner el foco en los personajes.”

Encontraste tu hogar creativo en Gutter Glitter, el sello que conducís con Lucila Quintana. Pocas veces se vio tanta sincronía de trabajo entre dos socios ¿Cómo nació y cómo es tu experiencia de trabajo con Lucila? ¿En qué sirvió editar la antología Psychopomp para construir su plataforma editorial? También, con Oveja Negra recopilaste muchos de tus trabajos desde 2008 en adelante, ¿qué significa para vos tu primer libro en solitario?

Freakshow, una producción en conjunto de Moirae, conjuga la ilustración y la narrativa, donde los integrantes de un circo de fenómenos se describen en primera persona.

“La versión breve es que estaba editorialmente sin hogar, Lu quería hacer cuadernos con mis ilustraciones, y vimos que los costos para hacer un libro eran similares, y nos gusta más hacer libros. También quería tener un rincón que fuese más firme que los proyectos colectivos anteriores. Gutter es una editorial, no es un colectivo de artistas. Esa fue la forma en que encaramos esto desde el día uno.

Aprendí mucho de los proyectos anteriores, y uno de los mayores aprendizajes fue que trabajar en equipo es difícil, más aún cuando el concepto de lo que se está haciendo es diferente para los involucrados; y es uno de los primeros factores que pueden terminar hundiendo un proyecto. Es de esperar -y algo a disfrutar como proceso de crecimiento-, cuando se empieza, el ‘¡somos todos artistas, hagamos un libro!’. Pero cuando los proyectos empiezan a volverse más complejos y demandantes, es necesario que el equipo esté dispuesto a tomar el peso de esa demanda. Es necesario un grado de consciencia, autogestionar no se termina cuando las páginas de historieta están dibujadas. El paso de ‘proyecto entre artistas’ a ‘tenemos una editorial’ es posible, pero implica otra forma de trabajar y pensar las cosas. Los factores a considerar -el tipo de trabajo- entre crear una obra y editar libros, son muy diferentes. Disfruto hacer ambas cosas, pero no creo que sea algo particularmente necesario para un autor. Es lo lindo del mundo creativo, cada uno elige desde dónde y cómo lo encara, y una de las ventajas que tiene el ambiente local de la historieta, es que se puede hacer lo que se quiera y como se quiera. El espacio para la experimentación es inmenso.

Brauronian, un fanzine, de gran impacto visual, con varios artistas invitados.

Sí creo que es una pregunta válida -y que un autor tendría que considerar en el momento de pensar un proyecto a mediano plazo-, ‘¿Voy a querer atender stands mínimo un fin de semana por mes? ¿Voy a querer pensar en la difusión y distribución de este libro? ¿Ver cómo hacerlo llegar a los autores? ¿Voy a querer tener que manejar todos los aspectos editoriales?’. Es un compromiso. Siempre está la opción de enviar la obra a un editor y no tener que manejar esos temas, de no desearlo. Autoeditar no te hace más o menos historietista.

Sobre la sinastría en el equipo… Lo genial de trabajar con Lu es que nos apoyamos mutuamente en nuestros proyectos, ya sean las novelas, las historietas o lo que se nos ocurra, dándonos libertad plena para concretarlos, sumado a que a ambas nos gusta lo que hace la otra, y que nuestras personalidades se complementan bastante bien. Agregaría que ambas nos aburrimos con facilidad, y siempre hay algo que hacer y aprender al tener una editorial. Cada proyecto es un experimento con nuevas dificultades. Para gente que repite todo el tiempo ‘¡tengan cuidado a la hora de armar su equipo de trabajo!’, somos una ternura de amistad.

Las tres páginas iniciales de Brauronian, una historia basada en el culto ctónico al oso pardo.

Psychopomp fue el primer proyecto que sacamos como editorial. Con Brauronian, un fanzine que había sacado antes, pude convocar a otros artistas cuyo trabajo adoro. Cuando dijeron que sí, mi corazón estaba a mil. Psychopomp fue llevar eso a un nivel más alto, y además en el formato que a nosotras nos gusta. Ambas somos lectoras, ante todo. Queríamos cuentos, queríamos ilustraciones, queríamos historietas, todo en un mismo libro, con la temática como unión. Nos gustan las historias, cómo están contadas, que sean en prosa o historieta, nos es secundario.

Como primer proyecto, fue con el que aprendimos cómo armar libros y desarrollamos habilidades de editoras. Además, como autora, me di el enorme gusto de poder publicar junto a autores con los que jamás hubiera imaginado que iba a estar compartiendo libro, y poder conocer a otros a través de las convocatorias. Los cuatro tomos de Psychopomp terminaron siendo, sin planearlo, un pantallazo muy interesante de los autores que hay en el ambiente de la historieta local, hoy.

Las 4 ediciones de la antología Psychopomp, cada una dedicada a una temática diferente; la primera, a la fantasía; la segunda, al erotismo; la tercera, al western; y el cuarto, a la mafia.

Psychopomp posicionó a Gutter como una editorial que saca cosas levemente atípicas para un público levemente atípico. Me gusta ese rincón, siempre me gustó estar en el lugar de outsider. Pero para nosotras, Gutter es mucho más simple: sacamos los libros que queremos leer. Por otro lado, la línea editorial no la marcó Psychopomp -salvo por su primer número-, pero sí Monsterland y Anuraidh, nuestras novelas. Nos gusta el género urbano sobrenatural, y con Gutter tenemos un arenero desde donde explorarlo. De alguna forma, eso decantó en algún momento para decidir que la editorial entera se iba a focalizar en ese género.

Melissai, publicada en el segundo tomo de Psychopomp, explora el erotismo en conjunto con conceptos como el sacrificio, la ofrenda y la transmutación, el resultado es, por lo menos, inquietante.

Que tuviese un libro en solitario era algo que me venían reclamando hace rato. Así que Oveja Negra compila toda una etapa. Ahí está. A nivel personal, fue más significativo Mythos, porque me expuso de una manera que no había hecho antes, compartiendo pensamientos sobre cómo vivencio la expresión artística. Es más privado. Las historias que aparecen en Oveja Negra, son más como una conversación con amigos de toda la vida, además de ser una buena manera de que el material acumulado en fanzines y publicaciones separadas no se perdiese y acercarlo a los lectores en un único libro, que estemos al día y partir juntos al siguiente objetivo. Oveja Negra no es un experimento nuevo, pero sí es un recopilatorio de todos los experimentos hechos hasta la fecha.

Hoy colaborás con Tótem, haciendo Amnistía. ¿Cómo te uniste a la iniciativa online y de qué trata la historia?

Dogtown, publicada en el tercer tomo de Psychopomp, es una de las obras más lúdicas de Paula, con buenos diálogos y acción trepidante.

“Quique me invitó. ¡No era una opción decir que no! ¡El equipo de Tótem está lleno de autores que me gustan! Aunque le estuve dando vueltas a cómo iba a participar, porque fuera de que me gustan los X-Men y los leía durante los 90, no soy una gran consumidora del género de superhéroes. El último número de cómic de superhéroes que compré debe tener más de 15 años. Así que me llevó un tiempo desarrollar una trama donde dijese ‘¡esto es algo que me gustaría leer!’. Eso es lo lindo de Tótem, son historietas de superhéroes, pero por sobre todo, son las historietas de superhéroes de sus autores.

Amnistía es una historia de amistad, muy apoyada en los diálogos. Están los conflictos sociopolíticos, están los poderes, los trajes y los codenames; los clichés, por supuesto. Pero es la amistad la que predomina, por sobre la venganza y el sacrificio, los otros dos temas que tiñen a Amnistía. Los personajes son todos moralmente ambiguos, y no es una historieta de grandes batallas, pero sí de por qué esas batallas se pelean.”

La portada y las 5 páginas iniciales de Amnistía, la serie de Paula para Tótem Comics, donde comparte equipo con Quique Alcatena, Fernando Calvi, Luciano Vecchio, Lea Caballero Fiorella Santana y Patricio Olivier.

Llevás un censo de mujeres historietistas y sos una activista en el medio. ¿Cuáles son los requisitos para formar parte del censo y por qué? Y también, ¿cómo ves a la mujer en el medio de la historieta, qué se ganó, y qué es lo que aún falta?

Oveja Negra -una antología que reúne la mayor parte de la producción de Paula, desde Moirae hasta hoy- y Mythos -un Artbook que muestra la ductilidad de Paula tanto con el color, como con el blanco y negro-.

“La única razón por la cual soy una activista en el medio -considero ser más vocal con mis opiniones que activista per sé-, es que me cansé de escuchar que no había mujeres en la historieta como manera de justificar la falta de presencia de ellas en los eventos, medios de difusión y antologías, cuando:

1. Soy una.

2. Conozco a varias más.

3. Edité a unas cuantas otras, sin tener que esforzarme para encontrarlas.

Entonces busqué listados de historietistas argentinos, y esto coincidió con una charla que estaba preparando para la Feria del Libro. Y fuera de que la información estaba al día a nivel de autores varones, no incluía a casi ninguna de las autoras que sé que existen, porque les hablé, vi sus libros, y están hechas de carne y hueso -ellas, sus libros están hechos de papel-. Así que armé un censo para tener datos relativamente actualizados. El único requisito ‘formal’ es tener una obra editada en alguna publicación con ISBN o ISSN -el DNI del mundo editorial y que funciona también como medallita autoral reconocible para el afuera-. La frase ‘no hay mujeres en la historieta’ niega a autoras, lectoras y, por sobre todo, libros publicados por autoras mujeres. La no visibilidad desde los canales de difusión, es también la no visibilidad del material publicado y de las autoras detrás de ese material. Por este tipo de cuestiones me interesó armar el censo, el ambiente ‘formal’ de la historieta local, nuestra proto-industria, se falla a sí misma cuando niega a aquellos que la conforman.

Amsterdan, un fanzine impreso en Holanda, de bajísima tirada -30 ejemplares-, y que plantea una historieta de base autobiográfica mezclada con el mito y la leyenda.

El propósito del censo no es saber cuántas mujeres hacen comics por interés. Eso implicaría hacer un censo de varones bajo el mismo parámetro, para poder tener la posibilidad de hacer un comparativo. Pero el ISBN y el sitio de la AAEH -que lista a muchas de las publicaciones nacionales y a sus autores-, permiten tener datos desde los cuáles se puede armar un comparativo entre ambos géneros, y que sirva a otros de punto de partida para expandir o profundizar la investigación.

El resultado del censo, dio números que a nivel comparativo son bajos -alrededor del 10% de los autores con material publicado son mujeres-, pero al mismo tiempo, ese 10% -superan las 50- es tanto mayor que la nulidad que presentaban los pocos espacios de información disponibles, más que suficientes para demostrar que la frase de ‘no hay mujeres en la historieta nacional’ es ridícula. Y son números muy esperanzadores, cuando la participación y el crecimiento de autoras nuevas año a año son mayores.

Es un tema complejo, relacionado con un machismo que trasciende al campo de la historieta, aunque en ella haya encontrado territorio fértil por décadas. No puedo negar que hubo años donde en eventos era la única autora en un stand fuera del área de fanzines. Mucha gente se refirió a Gutter como ‘la editorial de las chicas’, sin ninguna mala voluntad. Éramos, simplemente, las chicas que estaban presentes en ese lugar. Es fácil pensar que ‘no hay mujeres en la historieta’, si en los lugares de difusión ‘formal’, como podría ser un evento, o una revista de información, o un punto de venta, no estamos presentes.

Primeras 7 páginas de Ámsterdam, con textos en inglés.

Tampoco puedo negar que hace rato que eso no pasa, que cada vez somos más participando. El año pasado la Feria del Libro incluyó el tema en su programa. Este año se organizó Chicks on Comics, y también otro censo con otros parámetros. Año tras año, cada vez son menos los eventos que no tienen ninguna autora invitada. Lo veo vinculado a los tiempos, y también a que cada vez somos más, estamos más activas en el ambiente, y dispuestas a demandar las mismas oportunidades y señalar los vicios heredados.

Por otro lado, hay que entender que mucho de lo que hoy mueve al ambiente de la historieta nacional, en todos sus niveles, es autogestivo o gestionado por autores-editores. Muy pocas cosas pasan si alguien se queda esperando que un desconocido mágicamente aparezca y resuelva, y esto va más allá de cuestiones de género. Las puertas siempre están, pero hay que abrirlas. En muchos casos hay que hacerlas, también. Es un ambiente con espacios en construcción pero sin estructuras formadas. Me gusta ver que cada vez somos más las mujeres construyendo en esos espacios.

Últimas 6 páginas de Ámsterdam, en formato apaisado y con gran trabajo en los fondos.

Lo que se gana con la visibilidad creciente desde los espacios de difusión y la participación activa en el ambiente -no sólo para reivindicar a las autoras mujeres, que seguiríamos existiendo independientemente de la negación discursiva-, es que finalmente se vea que la historieta es un ambiente diverso a nivel autoral. No un club de varones, y menos aún uno de varones con posturas similares que se juntan a vanagloriar un machismo desenfrenado, esparciendo y aplaudiendo un discurso único. Con esa visibilidad, también se consigue riqueza de obras, de todos los tonos y temáticas, con autores que abordan lo creativo desde diferentes lugares. Múltiples voces y estilos, que hacen que el ambiente esté cada vez más humano. En eso sí, tal vez, me considero una activista.

Primera aventura de Berwick, publicada en Scared of girls y que, junto a Sedna, no forma parte del recopilatorio Oveja Negra.

Por último, ¿cómo ves el panorama actual de la historieta? ¿Le augurás un buen futuro? ¿Por qué? Y también, ¿cuáles son tus planes para este 2017 en el terreno de la historieta?

La historieta tendrá el futuro que entre todos los que participamos hoy, entre autores, editores y lectores, le construyamos. Está en nuestras manos la forma que tome. Y mis planes son, siempre, sacar más libros. Experimentar cosas nuevas. Hacer más proyectos, para poder ver qué pasa al hacerlo, y compartirlos con los lectores, para los cuáles, y por los cuáles, todo esto se hace y es posible. La gratitud es infinita, son casi quince años de ‘tengo ganas de hacer esto’ y poder hacerlo. El medio de la historieta-‘el ambiente’- me interesa, pero lo que realmente me importa es eso. Quince años de compartir historias, acompañada por la confianza de aquellos que caminan conmigo mientras las leen. Que sean más años. Que sea siempre.

 

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Ariel Grichener: Guerra en la niebla

Ariel, en los comienzos de su editorial, Fog of War.

Ariel Grichener es uno de los nuevos guionistas de la actual escena independiente de la Historieta Argentina, que hoy contabiliza un buen número de guionistas en alza, cómo César Libardi, Damián Connelly, Nicolás Viglietti o Leonardo Figueroa. Primero en Términus, y luego en su propia editorial, Fog of War, la actividad de Ariel se viene a sumar al resurgimiento de la figura del guionista especializado,  un rol que supo tener un lugar central en la era industrial de la historieta en nuestro país, y que en los últimos años casi fue suplantado por la figura del artista integral.

Fecha de nacimiento, edad, y ¿cuándo hiciste tu primera historieta?

“Nací el 17 de noviembre de 1984, en Rosario, lo que me lleva a tener una edad ineludible de 32 años. Estoy en ese proceso duro en el que uno deja de ser un adolescente de 30 y pico para convertirse en un adulto de 40. Mi primera historieta fue allá por el 2012 para Términus. Debuté en primera.”

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas? ¿Qué géneros te interesa trabajar y qué historias te gusta contar?

Secuencia de Chessmasters, de Grichener y Friggeri, publicada en Revista Términus.

“La verdad es que no estudié historieta, más que alguna lectura de libros de ‘Como hacer…’ o blogs tutoriales. En los 90 leía mucho Marvel y DC -soy más de DC-. Me gusta mucho el género de acción bajo cualquier subgénero. No soy de contar historias profundas ni de vida, soy más de la machaca y el ‘riot’. Me gustan los escritores crudos y realistas como Garth Ennis o Mark Millar, esos que te pintan la realidad detrás del estándar básico de como contar una historia.
Si tengo que hablar de maestros, debo decir que, Germán Peralta, Juan Frigieri, Seba Sala y Guillermo Villarreal, son los tipos que me han explicado, mientras trabajábamos juntos, como se cuenta una historieta.”

¿Cuál fue el primer fanzine del que participaste y cómo se desarrolló tu trayectoria hasta hoy?

Secuencia de el Cazador de Conejos, con guión de Grichener y dibujos de Santman.

“En realidad nunca participe de un fanzine propiamente dicho, es algo que tengo pendiente. Mi comienzo en el mundo del comic fue algo mágico. Yo quería ser novelista, pero no me da la prosa para tanto. Decidí que el comic sería lo mío. Un día, hablando con un compañero de trabajo, él me comenta que conoce a Eduardo Risso. Entonces, le digo que si me puede conseguir el mail de Risso -obvio, para hacerle unas breves consultas-. Al otro día, mi compañero, cae con el teléfono de Eduardo, y dice ‘Dijo que lo llames’… O sea, ¿llamar a Risso?
Tomé valor y lo llamé. La verdad, me saco el sombrero, Eduardo se portó de maravilla. Tuvimos una conversación genial y me contactó con Germán Peralta. Un loco genial que me metió de lleno en el mundo del cómic. Ahí conocí a Juan Frigieri, otra bestia del dibujo.”

¿Cómo se dio tu participación en Términus? Y sobre todo, ¿cómo nace Fog of War?

“Estábamos barajando ideas con Germán Peralta y me comenta que sale un nuevo proyecto de revista independiente. Me pide que haga algo corto para él y para Juan Frigieri, ya tenía algunas cosas en la cabeza y tiré unas páginas con la idea de dejar algo abierto a futuro. Cuando sale el número 1 de Términus, hacemos un festejo entre todos y ahí me entero, por Bruno Chiroleu, de que la revista iba a seguir. Me dijo que, si bien no era la idea de Términus, hacer cosas largas, teníamos que finalizar esas historias. Así me puse a finalizar Individuo H y Chessmasters –hay que aclararar que Chessmasters es un comic larguísimo, y lo que se ve en Términus es apenas un ‘spin-off’-. Cuando finalizó mi ciclo en Términus, tenía ganas de más, pero la realidad es que es difícil enganchar un editor, así que decidí tomar el camino de la autoedición. Recuerdo, que en una nota de Andrés Valenzuela, él decía que al comic nacional le faltaban más acción, por eso decidí que Fog Of War sea una editorial netamente de acción. Así fue como le llevé el proyecto a mi gran amigo Yamil Aboukais y a él le encantó. Fue entonces, en la Crack Bang Boom del 2014, que dimos comienzo a la editorial.”

Fog of War comenzó con publicaciones cercanas al fanzine, como El cazador de Conejos o Chiko y Amigo, ¿de qué se tratan ambas? También, ustedes después pasaron a publicar una serie que ya está pronto a tener 3 números, Artemis, ¿de qué se trata y cuantos números planeados tiene? ¿Qué recepción tuvieron entre los lectores?

Las primeras publicaciones de Fog of War.

El cazador de conejos es un policial futurista al estilo Blade Runner. Ocurre en la ciudad de Rosario y habla un poco sobre la evolución humana y el paralelismo con la evolución tecnológica, al punto de fusionarse. Lo que se editó no es lo que escribí, pasó que le di el guión a un grupo de dibujantes y ellos hicieron su interpretación con varios cambios. Tal vez, a futuro, saque una novela sobre la idea original.
En cuanto a Chiko y Amigo. La idea me nació viendo un dibujo de un Orko del Warhammer 40.000 con una bujía en la boca. Tenía ganas de hacer una historia de una pareja de matones al estilo Pulp Fiction pero no encontraba el toque original. Ahí se me prendió la lamparita. ¿Qué pasaría si el típico mundo de fantasía medieval, evolucionara a nuestros tiempos modernos? Me nacieron millones de ideas. Así fue como Morgo Trull -Chiko- y Johnhanneson Bjork -Amigo-, comenzaron sus andanzas. Son una pareja de matones que viven en Epic City -una Nueva York habitada por elfos, enano, orcos y humanos-, y trabajan para Elian Turian, un adinerado mafioso elfo, al cual quieren pasar por encima, quedándose con un vuelto. El hecho lleva a los personajes a meterse en un montón de desventuras. La idea del comic es hacer guiños constantes a la cultura gamer y el cine. Este año se va a editar en Estados Unidos y Canadá por la editorial Rats and crows y tengo muchas expectativas.

Los primeros tres volúmenes de Artemis.

Artemis, es un proyecto hermoso que encaramos con Guillermo Villarreal. Es todo lo que quise ver y hacer de niño. Loexiar es un mundo medieval futurista donde nuestro héroe, Artemis Black, vive todo tipo de aventuras. Imperios corruptos, naciones devastadas, muchos personajes, tiene de todo. El numero 1 vendió muy bien el año de su lanzamiento. El dos no acompañó esa tendencia, asumo que por la problemática económica del país. Con el tres, pensamos que vamos a levantar nuevamente. El proyecto está pensado para tener al menos cinco libros de 64 páginas. Todos los libros gustaron, en general. Esperamos poder seguir ese camino.”

Además, ustedes comenzaron a publicar trabajos de profesionales, como Knightmare, de Balcarce y Jok, y ahora se viene, Crazy Jack, de Amézaga y Meriggi. ¿Cómo surgió la posibilidad? ¿Qué recepción tuvieron entre los lectores?

Secuencia de Artemis, de Grichener y Villareal.

“La idea de Fog Of War, era la de lanzar artistas nuevos, pero entendemos que decorar el catálogo es necesario. Tengo admiración por Jok y lo quería en las filas de la editorial. Hablando con él, me entero que tenía varias cosas con Emilio Balcarce que no se habían publicado, yo había leído Funeral y la idea me gustó. Emilio nos envió todos los proyectos, y optamos por Knigthmare. El libro gustó.
En cuanto a Crazy Jack, también entró por lo visual. Me encanta el laburo de Meriggi. Le expresé mi interés y le pregunté sobre algún proyecto. Él me acercó Crazy Jack, no quiero contar mucho, solo que se viene un librazo y que hay planes de más. Cuando más se acerca la fecha de lanzamiento, más nos damos cuenta que nos metimos con toda una leyenda. La gentes nos consulta muchísimo sobre la salida de Crazy.”

¿Cómo nace Asedio Colectivo Editorial? ¿Cómo funciona la agrupación?

Knightmare, de Emilio Balcarce y Jok.

“Buenos Aires, Salta, San Luis, Córdoba, Tucumán, Santiago del Estero, Tierra del Fuego. Son algunas de las provincias donde se realizan eventos de cultura popular y cómic. Económicamente es muy difícil cubrir todos los eventos, viajes, hoteles etc. Como dicen por ahí ‘la unión hace a la fuerza’. El colectivo nos permite abaratar costos en todo. Además, nos turnamos para viajar y cubrir todos los eventos. Todos tenemos trabajos y se nos hace difícil acomodar los horarios, pero si nos turnamos, entonces siempre alguien puede ir.”

Por último, ¿cómo ves el panorama actual de la historieta? ¿Le augurás un buen futuro? ¿Por qué? Y también, ¿cuáles son tus planes para este 2017 en el terreno de la historieta?

“La historieta nacional va en un crecimiento constante. Por ahí, desde mi opinión, hay más propuesta que demanda. Esto se debe a que no es muy fácil acercar nuevos lectores. Si bien, se están publicando unos libros hermosos, si hablás con la gente en general, pocos se inclinan por este estilo de narración, y los que lo hacen optan por el Manga o el cómic americano. Asumo que debe ser una cuestión cultural.
Creo que deberíamos abrirnos un poco de los puntos de ventas habituales y buscar nuevos horizontes. Además, el cine y la TV nos podrían dar una mano emitiendo series o películas basadas en cómics nacionales. Espero que el Cazador sea una buena experiencia.
En lo personal, este va a ser un buen año. Estoy con Artemis 3, además firmé contrato con una editorial local de la cual no puedo contar mucho, para hacer varios libros. Comienza mi experiencia por el mercado norteamericano con gran expectativa. A nivel editorial tengo varios proyectos en proceso y una joyita. Vamos a editar nuestro primer cómic de artistas internacionales. No puedo contar mucho pero solo les digo que es un trabajo con mucha onda.”

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Generación 86: Ralveroni, genio y figura

Ralveroni, rodeado de sus ediciones.

Cuando hacia 1986, la escena underground -o subte, tal cual se la denominó- de la Historieta Argentina explotó en una miríada de fanzines, una de sus figuras más destacadas fue Raúl Veroni -(a) Ralveroni-. Poeta, historietista y artista plástico, Ralveroni fue uno de los introductores del uso de la serigrafía en los fanzines de historieta. Muy activo en los 80, colaboró en fanzines como Carlitos, Viernes NegroEfecto Zombie, además de producir otros como El cerebro, Caribdis y el celebérrimo Wengerinox -con una de las tapas más potentes de esa época- . Por si fuera poco, fue parte fundamental del Lápiz Japonés, la revista-libro de experimentación gráfica por excelencia en los 90.

Fecha de nacimiento, edad, y ¿cuándo hiciste tu primera historieta?

“Buenos Aires, 5 de marzo de 1965. 52 años. ¿Cuándo hice mi primera historieta? Recuerdo un intento de historieta en particular, que la debo haber hecho en el año 1974. Era sobre un político que recitaba el Preámbulo de la Constitución Argentina mientras esquivaba las balas que le pasaban al ras. Eran los años del ‘cinco por uno’, de los secuestros y matanzas entre la Triple A, Montoneros, etcétera. Lo curioso es que el protagonista de la historieta se llamaba Alfonso Sofonzo y, más tarde, mi familia quiso ver desde el nombre una señal premonitoria de Alfonsín y su recitado del Preámbulo en su campaña presidencial del año 83.”

El Cerebro, uno de los primeros fanzines en utilizar la serigrafía, editado por Sergio Armand y Ralveroni, mezclaba el dibujo, la poesía y la historieta por igual.

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas? ¿Cuál fue el primer fanzine del que participaste?

“Mi formación es como artista plástico, pero mis influencias vienen de la historieta, la TV y la estética del rock. Mis padres eran ambos artistas de formación clásica, y en casa había una gran biblioteca. Mi mamá era una amante de la literatura francesa, mi padre, de la literatura inglesa, italiana y argentina. Ese ambiente se respiraba pero yo le entregaba mi atención a la historieta. Adoraba Asterix, que me condujo con enorme curiosidad a aprender sobre el Mundo Antiguo. También leía con fruición las revistas de Patoruzú, las que me llevaban a un mundo irreal donde un indígena tenía participación, voz y peso en una ciudad como Buenos Aires. No estoy seguro cuál fue el primer fanzine. Muy probablemente haya sido uno de poemas llamado Reclamos en el manicomio de 1986. Luego hicimos El cerebro con un grupo de amigos del secundario, Sergio Armand y Marcelo Nievas, entre otros.”

Caribdis, un fanzine de poesía que circuló en las postrimerías del circuito subte los 80, su séptimo número fue editado en plena Hiperinflación.

¿Cómo era la escena fanzinera de los 80? ¿Qué recordás de ella? Esa euforia cívica que trajo la vuelta de la democracia, ¿también se transmitía en los fanzines de aquellos años? Vos participaste de varios fanzines, como Wengerinox, El Cerebro y Caribdis. ¿Cómo fueron esas experiencias?

“Había una escena ‘under’ o ‘alternativa’ como gustaba llamarse. Dentro de esta estaban los fanzines. Por lo pronto, recuerdo esa explosión de entusiasmo y una capacidad increíble de crear proyectos, relaciones y afinidades instantáneas, y también, como las cosas empezaban y se diluían, o mutaban rápidamente en otras.

Una de las poesías ilustradas por Ralveroni, y que aparecieron en fanzines como Reclamos en el Manicomio; Veintidós, la Muerte y Dios; Ciudad y Caribdis.

El Parakultural, Cemento, Medio Mundo Varieté, Babilonia, Biyó do Pé, eran lugares que aparte de ser esa especie de discos soterradas, estaban abiertas -como centros culturales de vanguardia- a toda propuesta. Lo que más me atrae de aquella época era el intercambio de lo que hoy se llaman ‘disciplinas’, la poesía, las artes plásticas, el teatro experimental, el video arte, los fanzines, los comediantes, los músicos, todo podía compartir el mismo espacio. Causa impresión que en una época previa al email, el WhatsApp, Facebook, el celular, todo se hacía posible en un rápido boca a boca.

De todas maneras, no tengo nostalgia por aquella época, me gustó vivirla, pero al mismo tiempo siento que estaba enmarcada por una enorme presión, un pasado siniestro que aún traspiraban algunos lugares. Los fanzines en particular tuvieron una edad de oro entre 1986 y 1987, luego, con la crisis económica que terminó con la hiperinflación del 89 aquel fermento se fue mitigando.”

En los 80, la serigrafía era el único método disponible -por lo económico- para dar color a las tapas de los fanzines, hoy, su uso es sólo una opción que tiene más que ver con una elección estética y el hecho artístico. Vos fuiste uno de los pioneros en usar la técnica para colorear las tapas de los fanzines, y hubo algunas excepcionales, como las de Wengerinox y Caribdis. ¿Cómo surgió la posibilidad de usar la técnica y qué impacto tuvo en aquel momento?

Wengerinox, un fanzine de gran impacto gráfico, con autores como Cuk, D’Angelo, Roca y Ralveroni.

“Mis estudios en Bellas Artes y mi formación desde mi entorno familiar me dieron herramientas como grabador. Mi padre era muy bueno en eso y en casa teníamos un taller. Mi primer fanzine lo hice con una tapa en xilografía, es decir, grabado en madera, con la misma técnica que se usaba en el medioevo para los impresos. Había otras técnicas como el aguafuerte y la litografía, las que dominaba, pero que tenían un tiempo de proceso y una definición que se lleva de palos con el fanzine. ¿Cómo explicarlo? Son procesos tan arduos y costosos que no van con el perfil popular del fanzine.

Gervasio y la nube, de Ralveroni , plantea la crítica social detrás de un argumento apoyado en el realismo mágico.

Y había otra cosa, los fanzines de la época eran siempre en blanco y negro, realizados por medio de la foto-duplicación o la fotocopia. Mi decisión de trabajar en serigrafía tenía la intención de ‘salir de la pobreza’. Era imposible encargar una edición en color en una imprenta, los costos eran irreales -casi como ahora-, y el Plan Austral iba en caída libre. La serigrafía era una técnica conocida, pero poco explorada en la edición de revistas. En Bellas Artes se la despreciaba como a una disciplina industrial, ‘poco artística’ y no se la enseñaba. Mi viejo para ese entonces estaba muy enfermo y tampoco la había cultivado en profundidad.

El último Rebelde, de Ralveroni y D’Angelo, fue un personaje recurrente, que tuvo su andadura por más de un fanzine.

La técnica me la explicó en su momento Salvador Miano, cuando hice un fanzine de poemas llamado Ciudad en 1987 y más tarde Gustavo Grunfeld, con quien hice la tapa de Veintidós, la Muerte y Dios, en 1988. A partir de allí armé mi propio estudio y comencé a usar la serigrafía para todo. De ahí salieron las publicaciones que vos nombrás, Wengerinox, Caribdis, más algunos afiches de actividades que hacíamos con el poeta Hernán y, finalmente, un fanzine de poemas e imágenes atiborrado de colores cuya intención acompaña a su nombre, Jaguares y Cacatúas.”

Tenés varias historietas en tu haber, pero Un día Perdido, es uno de tus trabajos más potentes, apareció en Efecto Zombie y, más tarde, en el libro Todo es historieta. ¿En qué te inspiraste para hacerlo? También, ¿cómo concebís el lenguaje de la historieta y su uso? ¿Hacer historietas te sale naturalmente o requiere esfuerzo de tu parte?

Con una tirada de 250 ejemplares, Jaguares y Cacatúas fue realizado en 1990, y constaba de 66 páginas con poesías, grabados, fotocollages y 31 serigrafías originales en 20 x 30 cm.

“Tengo una influencia formal de la historieta en mis dibujos, pero ya no me considero un historietista. Tuve en los 80 una dedicación con el género. Participaba en Fierro como reportero ‘under’, escribía guiones que dibujaba Roberto Cubillas -(a) Cuk-, Jorge Fantoni y Luis Roca. Hice también algunas dibujadas por mí, como esa de Un día perdido, que creo salió por primera vez en un fanzine editado por Mariano D’Angelo. Pero también me ocupaba a otras actividades como la pintura, la poesía y los programas de radio, aparte de tener tres trabajos para sostener la casa. Un delirio de época. Un día perdido está enmarcado por un tono oscuro, dentro de una situación cotidiana difícil y violenta, supongo que la crisis económica y social que se vivía en los últimos meses del gobierno de Alfonsín me llevaron a hacerla.

La Muestra Nómade se compuso de 42 diseños, impresos en serigrafía a 5 colores sobre papel autoadhesivo, entre 1990 y 1991 miles de estas serigrafías fueron adheridas en lugares públicos de Buenos Aires tales como ascensores, transportes, baños y cabinas telefónicas.

En 1990 comencé una serie de serigrafías autoadhesivas a las que llamé La Muestra Nómade, eran figuritas coleccionables, de 8 x 11 cm, con colores fluo que pegaba en los lugares públicos. Colectivos, subtes, ascensores, buzones. Estaban a caballo entre el arte y la historieta -si a alguno le importa, hoy hacer esa distinción-. Era, si se quiere, arte popular o historieta de vanguardia. A la pregunta sobre qué impacto tuvo la serigrafía en aquel momento, puedo decir que La Muestra Nómade llamó la atención.

En ese entonces no abundaban las salas de exposición convencionales y para un joven que recién se iniciaba era difícil acceder a los espacios institucionales. Hacer de la ciudad mi lugar de exposición fue un modo de sortear los obstáculos. Pero la ciudad también es difícil, especialmente con las mil y un imágenes que circulan a diario frente a uno. Aquellas tintas espesas, colmadas de pigmento, iban, a pesar del escueto tamaño de las imágenes, directo al ojo.”

Un día perdido, de Ralveroni, quizá su trabajo más potente, publicado en Efecto Zombie y seleccionado para Todo es historieta, la antología comercial que puso en valor a varios de los trabajos aparecidos en los fanzines de la Generación 86.

En los 90 colaboraste con los chicos de El tripero, a quienes introdujiste en la técnica de la serigrafía para hacer las tapas de sus revistas; pero por sobre todo con el Lápiz Japonés, donde además de pertenecer al consejo editorial, hiciste una serie de billetes artesanales. ¿Cómo fueron esas experiencias?

Los primeros 3 números del Lápiz Japonés, publicados entre 1993 y 1996, a ellos le siguieron el 3 y 1/2, el 4, el Antidiario, y unos 50 Colorín Buc, monográficos dedicados a un artista en formato cercano al A6.

“Lo de El Tripero fue muy sencillo, recuerdo que les expliqué la técnica en dos o tres sesiones. Una noche vinieron a mi estudio, luego fui a su cuartel en Boedo y ya ellos se largaron solos. Son gente muy buena y artistas excepcionales. Me encanta ver que aún al día de hoy continúan haciendo sus tapas en serigrafía. Esa insistencia es mérito exclusivo de ellos.

Con el Lápiz Japonés tengo muy buenos recuerdos y de aquella experiencia me quedaron los mejores amigos. Langer y Bianki habían decidido hacer una revista en un momento en que la mayoría de los medios que se ocupaban de la historieta habían desaparecido. Para abarcar un espectro más amplio convocaron a Sergio Kern, que conocía a toda la movida de Rosario y a mí, por mis vinculaciones con el ambiente under. Al tiempo se unió Elenio Pico. Además, teníamos a los pilares de Rapa Carballo y Wily Peloche en el diseño. Quisimos desde el vamos hacer una revista-libro, ambiciosa, sin preocuparnos por las variables del mercado.

Serie de billetes publicados con el segundo número de Lápiz Japonés. El ejercicio utilizó moneda fuera de circulación debido a procesos inflacionarios en países del tercer mundo, destacan, sobre todo, las intervenciones del Menemtrucho y los billetes de las Islas Malvinas y Cuba.

Nos reuníamos todos los martes alrededor de las 19 y seguíamos hasta la medianoche. Eran sesiones donde veíamos el material, nos visitaban colegas, discutíamos, cenábamos y así. Con esas reuniones semanales era natural que cada número nos demandara meses. Habíamos apuntado alto, gracias al dinero que Langer y Bianki pusieron en aquel primer ejemplar, el de la tapa del quaker. Luego, sin publicidad, sin mecenazgos, nos fuimos endeudando para continuar con los otros números. Pero nos gustaba hacerlo. Armamos lo que llamamos La comuna del Lápiz Japonés y organizamos muestras en un garage que Bianki alquilaba en la calle Charlone. Tuvo su buen cuarto de hora y lo disfrutamos.”

Lentamente te fuiste alejando del medio de la historieta y te fuiste incorporando al mundo de la plástica. ¿A qué se debió el cambio? ¿Fue algo que se dio de forma natural? ¿Extrañás la historieta?

“Le dediqué varios años a la serigrafía y a la pintura. Luego me fui por 10 años a estudiar afuera técnicas de edición y libro de artista. Tengo muchos intereses, lo reconozco, y me muevo un poco a la deriva según el motor de mi entusiasmo. Así y todo, sin ser historietista, llevo el gen en mis dibujos. En mi estilo figurativo, alejado de la escuela clásica, heredé las reglas de proporción del hombre elástico.”

¿A qué te dedicás hoy, de qué se trata Urania y cuáles son tus planes para este 2017?

La Saga del Gaucho sin Cabeza comenzó a publicarse en forma episódica en Facebook, en la página de Teatrito Rioplatense de Entidades, luego fue recopilada y publicada por Ediciones Urania.

“Me ocupo de coordinar una plataforma de proyectos que se llama Teatrito Rioplatense de Entidades. En ésta buscamos modos de identidad. Decimos que el Cosmos es rioplatense -pero que el Mundo no lo sabe- y a partir de esa premisa intentamos demostrarlo a quienes desconocen esta certeza. Los proyectos van desde el afiche, el dibujo, el poema, el ensayo, cuestiones lingüísticas, políticas, declaración de un nuevo calendario con Año Cero Rioplatense incluído. Participan escritores, afichistas, artistas, diseñadores, encuadernadores, diletantes, y todo aquel que considera que tiene algo para decir al respecto. Hay que reconocer que nadie entiende bien de que se trata el Teatrito, pero nuestro consuelo es que nadie entiende mucho de nada.

Urania es un sello editorial que fundó mi viejo en 1943, y lo continúo haciendo libros de bibliofilia y ediciones limitadas, curiosas y raras de autores como César Aira, Edgardo Cozarinsky, Christian Ferrer, Daniel Santoro, Eduardo Orenstein y el Agente Rayo, entre otros. Desde Urania publicamos también gran parte de las producciones del Teatrito. En el proyecto me acompaña Alonso Castillo, promotor y conocedor del mundo del libro y Gustavo Ibarra con el que nos obsesionamos por la presentación, el diseño y la tipografía, y, para suerte de Urania, él sabe hacer eso muy bien.”

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De La María, el gusto de reincidir

color-superalbum-87-original-300Alfredo De La María, uruguayo, 71 años, apasionado del automovilismo, portadista eterno de Editorial Columba, un talento sin parangón. Supo hacer las mejores versiones de Grace Henrichsen.

Grace Henrichsen,  espía y mujer sin igual. Como tal, sólo existe en la ficción, lo perfecto solo existe en el mundo de las ideas. Creada por Robin Wood, dibujada Lito Fernández, retratada por De La María, y hecha sueño y ensueño por Eugenio Zappietro. Destinada a anhelar por siempre a cierto espía medio pelo que, después de curtir, deja una rosa amarilla a sus desdeñadas damiselas. Ese es, tal vez, el detalle que la humaniza, Grace, sufre por amor. Salvó a la humanidad más de lo que ella recuerda.

Hubo que poner mucho amor y tiempo para restaurar esta imagen, el D’Artagnan Color Súperalbum 87 estaba destruido, pero valió la pena, incluso cuando la reversión de la tapa esté fuera de proporción. En fin, hoy reafirmamos, De La María por siempre, amén.

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Daniela Ruggeri: La autoedición como una constante

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Daniela Ruggeri, una de las referentes del medio independiente.

Daniela Ruggeri es una de las presencias más agradables y estables del medio independiente, participando en la organización de Dibujados y, como parte del colectivo Panxa, publicando con sus trabajos para la revista Panxarama y editando en Panxa Imprime.  Siempre sonriente y activa, es hoy una de las voces más autorizadas en lo que se refiere a autoedición.

Fecha de nacimiento, edad, y ¿cuándo hiciste tu primera historieta?

“¡Buenas! Nací el 19 de Abril de 1990, en la Sardá y por ahora tengo 26 años. Mi primera historieta, es difícil, porque las primeras siempre son a los cinco o seis años. La primera más ‘consciente’ del lenguaje habrá sido a los catorce, ponele. Y hay una a los 17 que fue un ‘bueno, quiero hacer esto’. Cuando algo forma parte de tu vida de manera cotidiana -dibujar, contar historias con dibujitos, etc.-, es complicado recordar el punto donde arrancó, es un poco como pensar cuál fue mi primer tallarín con pesto, difícil.”

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas?

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Panxarama, es uno de los fanzines más representativos de la nueva movida independiente que se construyó a partir del 2008 en adelante. Su primer número apareció en Diciembre 2010.

“En historieta como lenguaje no específicamente, excepto un cuatrimestre de la UNA -ex IUNA- donde agarré un proyectual para hacer una historieta y ahí lo conocí a Manu –Manuel Loza-, que fue profe mío por esa temporada. Después, desde los 13 años me formo en Artes Visuales, hice el secundario en el Yrurtia, me recibí de Maestra de Dibujo, le di un toque de años al IUNA y ahora estoy en el profesorado en dibujo de mi querido Yrurtia, de vuelta a casa. En todos estos años, la formación oficial fue más de visuales en general, pero desde que arranqué siempre me especifiqué en dibujo. El trabajo más esforzado fue desprenderme del dibujo académico, un proceso de ‘desformateo’, por decirlo de alguna manera. Estudié años para poder hacerte una pose larga de modelo vivo toda escorzada y re cheta, con la sombra y la proporción y la mar en coche. Y porque soy ñoña, no lo hago mal si tengo que hacerlo -no hay mérito de talento, es práctica nomás-, pero creo que el ejercicio mimético se agota pronto si no tiene sustento teórico, o más bien contexto que lo justifique. Así que jugueteo, y a veces sale mal, pero también a veces sale bien.

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Se puede seguir la evolución en el arte de Daniela hacia una síntesis de la línea, a través de las sucesivas ediciones de Panxarama.

A nivel influencias, de chiquita me leía a Gilbert Shelton -había un ejemplar reventado de ‘La guerra de las cucarachas’ de Fat Freddy’s Cat-, bocha de Asterix y muchísimo Tintín -estaba enamorada de Tintín-, Mortadelo y Filemón, Claire Bretécher me encantaba, cosas así, todos libros y revistas usados, leídos y re-leídos. Como en casa mi familia siempre perteneció a oficios relacionados con el libro, estaba lleno de cosas viejas por todos lados y esas historietas me quemaron la capocha tanto como las ilustraciones de principio de siglo. Crumb, fue uno de los primeros que leí con interés técnico, por el dibujo. A nivel lenguaje, el primero -a los 11 años, creo- que leí tratando de desentrañar recursos narrativos y formas de contar fue Spiegelman, con Maus. Cómo contar es el punto fundamental, por eso el ritmo de Beto Hernández me chifla el moño, o la oscura ternura de Hideshi Hino. Harvey Pekar me quemó la cabeza para siempre. Pero bien, a nivel dibujo-dibujo, calculo que sería Crumb, Shelton -sobre todo en la parte descuidada, porque soy un desastre-, ilustraciones victorianas… Yo soñaba – y sueño- con dibujar como Jack Davies o Basil Wolberton, pero garabateo zines y soy feliz igual.

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La última parte de la trayectoria de Panxarama es la más interesante, cuando la revista se abre a colaboraciones externas, además de mantener a sus habituales colaboradores.

Por el tema literario, aunque soy de los que creen que la historieta es un lenguaje independiente -y está lejos de ser ‘literatura dibujada’-, sí es un oficio de contar historias y, por suerte, leí muchas historias. En casa estaban disponibles -y alentados- todos esos clásicos del siglo XIX y algunos del XX, y de esa lista -la lista corte ‘colección Robin Hood’ o Peuser– me leí una buena parte. Así que, aunque mis historias son más bien simples, y trato de no ser demasiado florida, lo victoriano, lo truculento, los cuentos de hadas rusos y cosas así pueden llegar a asomar de forma humilde. Me sigue encantando y sigo tratando de llegar -o volver- a esos relatos, pero no creo que se refleje mucho en lo que hago, donde trato de ser escueta en la medida de lo posible. Igual, cada tanto aparece un verbo o un calificativo anacrónico sacado sin querer de esas traducciones anticuadas.”

¿Cuál fue el primer fanzine del que participaste y cómo se desarrolló tu trayectoria hasta el día de hoy?

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Panxarama tuvo un total de 8 números, más los especiales Panxa Cuatro Años, Panxxxarama y Panxa Maldita.

“El primero lo improvisé a los 13 jugando con el Page Maker -el padre del Indesign- pero no cuenta, por que no lo saqué al mundo. Más allá de revistas del Centro de Estudiantes del secundario, oficialmente el primero de todos es Panxarama 1 cuando tenía 19 años -¡éramos tan chiquitos!-. Hice algo simple, un homenaje a Pekar, que había muerto hacía poco. A partir de ahí mi trayectoria es muy modesta y se trató básicamente de hacer cosas menos chotas de a un paso por vez, aprendiendo mucho y sufriendo otro tanto, pero siempre divirtiéndome. Como Panxa es nuestra, casi todo salió por ahí. También, Lubrio me dejó nerdear para la Cripy – ¡no podía creer que no me sacara a patadas!-, y después participaciones de todo tipo en distintas publicaciones, todas del medio independiente, más allá de trabajos de ilustración que hice varios para varios lados. En tema historieta ahora hice algo para el Zapping 3 del estudio Mafia, hay una paginita que hice para el ‘Fanzine a la Carte’ de las Chicks on Comics, por ponerte un par de ejemplos actuales.”

¿Cómo y cuándo nació Panxarama y qué significa el nombre? También, ¿cómo fue la experiencia de editar 8 números de la revista, más los especiales Panxxxarama y Panxa Maldita? En lo particular, ¿cómo definirías a tu estilo de dibujo? ¿Creés que evolucionó con el paso del tiempo? ¿Qué cosas pensás que todavía necesitas desarrollar en tu arte?

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Panxa Maldita, es una de las últimas publicaciones del colectivo, y tal vez, la más relevante, el talento reunido en sus páginas es uno de las más representativos de la actual movida independiente.

Panxarama nació para jugar mientras se preparaba un libro que al final nunca salió -creo que muchas editoriales independientes deben nacer así-, como a la editorial le pusimos Panxa, jugando con nombres de cosas del cuerpo y nombres propios, saltó agregarle el ‘rama’ por que sonaba bien, sonaba a revista. Te bajás un cajón de birra y todo suena re bien, igual a mí ese nombre en particular me encanta.

Editar una revista, por más chiquita que sea, siempre es un laburo enorme y la disparidad de estilos de Panxarama la hacía el doble de complicada, y aunque siempre fui la encargada de la diagramación y el diseño de los interiores, todos juntos teníamos la última palabra. ¡Panxa es una cooperativa ante todo!, y Panxarama un espacio de experimentaciones personales, un juego que se fue haciendo un toque más serio número a número, pero me alegra que no perdiese ese toque de ‘Bueno, a ver qué onda’.

Sumar invitados fue de mis partes favoritas, ‘A ver que mandó fulano… faaaa!’. Como nos empezamos a concentrar en libros y publicaciones en formatos raros -con Fede, además, somos encuadernadores-, Panxarama fue perdiendo un poco de sentido para ramificarse en todas las pequeñas, medianas y gruesas publicaciones del catálogo. Pero extraño la adrenalina de ‘cierre-de-revista-justo-a-una-semana-de-dibujados’ donde a pura birra y mate engrampábamos como enfermos.

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Primeras 5 páginas de Ángel Bondadoso, publicado en Panxa Maldita.

¿Mi estilo? Cambió mucho, pero mantiene constantes, mucha línea, inevitablemente suelto -por placer, búsqueda y a veces, es cierto, apuro-. Soy desordenada y ansiosa para hacer un cómic, dos defectos que se llevan muy mal con el oficio. Antes tramaba mucho, tenía más rayas que Maradona. Ahora, me concentro mucho en fanzines inmediatos, historias contadas con imágenes y cosas así, con secuencialidad más suelta, busco líneas pero poco relleno, depurar para ganar en lenguaje. Ahora necesito lo que necesitamos muchos, tiempo, disciplina y blues viejo de fondo.”

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Últimas 5 páginas de Ángel Bondadoso.

También participás en Panxa Imprime, primero imprimiendo sus propias revistas, pero más tarde imprimiendo para terceros, cómo el libro Purple Books y la revista de Padawan, además de los libros Los niños de la basura y Hermano. ¿Cómo funciona la imprenta? Y también, ¿en qué estado de actividad se encuentra hoy por hoy?

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Una de las publicidades de Panxa Imprime en 2014, dibujada por Daniela, bajo uno de sus infinitos Pseudónimos de entonces.

“La imprenta arrancó como un proyecto ambicioso pero concreto, laburamos mucho, las máquinas aguantaron todo lo que pudieron y de repente nos encontramos en líos gigantes -básicamente te acabo de describir una imprenta-. Siempre quedamos agradecidos por la paciencia de los colegas que llevaban sus laburos a Panxa Imprime. En esos momentos funcionaba en un lugar que estaba tan lejos, que el vecino tenía ovejas, y con Fede viajábamos tres horas y media de ida para llegar. Sólo me lo explico con las palabras ‘amor’ y ‘obstinación demente’.

Hoy en día las máquinas funcionan para Panxa, pero estamos cocinando una posibilidad de actualizar las maquinarias y relanzarnos más enteros, más organizados, vamos a ver si se da. El trabajo manual me encanta, a los 17 era pasante en Chilavert, y me quedó ese amor por doblar tapas como autómata y también el amor por toda empresa autogestiva cooperativa.”

Otra de las facetas de tu trabajo en el medio, es ser parte de la organización de Dibujados, el evento autogestionado de mayor relevancia de la Argentina. ¿Cómo funciona la organización del evento? ¿Cuál es tu rol dentro de la organización? También, este año decidieron expandir el evento a tres ediciones, ¿a qué razón se debe? Por fin, ¿Cómo ves el panorama actual de la historieta, tiene posibilidades de seguir creciendo?

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Daniela tiene varios trabajos de una página, por lo general explorando distintas vertientes del humor.

Dibujados es mi navidad, lo es desde el primero al que fuimos con Panxa, en el 2011. Cuando en 2014 los chicos nos tiraron la onda de formar parte, guau, me puse loca de contenta. Es un espacio que quiero y admiro, un lugar activo que se retroalimenta con todos los participantes y que cada año crece más sin dejar de tener el sabor de lo independiente. Todo lo que me gusta.

Ayudo en todo lo que pueda, todos participamos de la selección de la convocatoria y esas cosas. Hago tareas generales antes del Dibujados, y también durante, cargando tablas con los demás, corriendo de acá para allá, comunicando puesto a puesto cosas organizativas, además de que soy ‘la loca de las rifas’, por supuesto. Un poco de todo. Siempre quiero ayudar en más, me agarra de sentir que nada es suficiente, pero me pongo así con todo en la vida ¿No avisé que soy ansiosa?

Con respecto al panorama general, lo veo en términos de resistencia, con ganas de insistir. Creo que son momentos complejos para el mundo editorial en general, pero por ejemplo la tercera edición agregada de Dibujados representa esto, ‘Se puede poner complicado pero acá estamos todos’. Cada Dibujados que viene se anotan más puestos, más gente que recién arranca, esos números me dicen que tiramos para el mismo lado y con fuerza.”

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La gran apertura de la momia Rahotep, publicada en revista Cripy.

¿Cuáles son tus planes para este 2017? ¿Hay más fanzines en camino?

“Pero claro que sí, estoy impaciente por que siempre tengo ideas. Ideas, guiones, historias, ese no es el problema, tengo a montones y me gustan, son simples pero me gustan. Si las horas de estudio, el taller, la docencia, las labores editoriales y todas esas cosas me dejan, este año vienen varios de los zines de formatos diversos, tal vez uno hecho en una máquina loca -será sorpresa, calculo, cuando llegue el momento-. Si tengo suerte y me pongo las pilas, tengo cocinando una historieta larga que quiero terminar desde hace mucho. Sea como sea, estoy segura de algo: ¡Quieta no puedo estar!”

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Bruno Chiroleu: Términus en Finisterre

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Chiroleu, de freelancer a autoeditor.

La aparición de Términus durante el 2012, significó la irrupción visible de una nueva ola de autores con epicentro en Rosario, Santa Fe. Bruno Chiroleu, no solo es el editor responsable de la revista, sino que, además, es un artista de talento que escribe y dibuja sus propias historias, ejercitando con predilección géneros como el fantástico, la ciencia ficción y el terror. Términus alcanzó un total de 12 números de cadencia cuatrimestral, para ahora transformase en una editorial con un ambicioso plan de publicaciones.

Fecha de nacimiento, edad, y ¿cuándo hiciste tu primera historieta?

“12 de marzo de 1981. 35 años, por ahora. Técnicamente, a mi primera historieta la dibujé alrededor de los ocho años, en una tira de hojas de computación de las que mi viejo traía del laburo, haciendo una ‘viñeta’ por página, con fibra, en la mesa del comedor.”

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas?

“Estudié en el taller de Marcelo Frusín durante varios años en mi adolescencia, y reincidí cuando volvió a abrirlo a principio de ésta década, cursando otro par de años. Él me ayudó a encausar mucho la cuestión narrativa, y a corregir innumerables errores formales, aparte de ser uno de los pocos profesionales a los cuales teníamos acceso en Rosario, y a través del cual podíamos saber cómo era el día a día del oficio, cómo se movía el mercado, cómo era el trato con editores y demás cosas que de otro modo no había forma de conocer en la era pre Internet.

A nivel influencias, las hay a montones o, al menos, admiración por cantidad de referentes, aunque no sabría decir si alguno de ellos se nota de alguna forma en mi trabajo. Referentes literarios serían Raymond Chandler, Charles Bukowski, J. P. Donleavy o H. P. Lovecraft. En historieta: Enki Bilal, Daniel Clowes, Hugo Pratt, Richard Corben, Katsuhiro Otomo, y mangakas más oscuros como Matsumoto Jiro, Junji Ito, Shintaro Kago, etc. Destaco mucho la influencia de los juegos de video, especialmente de aventuras gráficas como Sam and Max, Grim Fandango o The Longest Journey, o juegos como Planescape Torment o Shadow of the Colossus, que a nivel estético o narrativo son ejemplos de excelencia y una fuente de inspiración permanente.”

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Números uno al cuatro de Términus.

¿Cuál fue el primer fanzine del que participaste y cómo se desarrolló tu trayectoria hasta hoy?

“El primer fanzine del que participé -juro que me había olvidado completamente de esto- fue Seno de Theta, publicación autogestionada por el centro de estudiantes del Politécnico, el colegio donde cursé el secundario. Por esa época debía estar estudiando en el taller de Marcelo, pero por los dieciocho años entré en crisis, y no volví a tocar un lápiz por siete años, casi, hasta más o menos los veinticinco, donde medio tímidamente volví a escribir algunos guiones para ir practicando, y de a poco fui tomando algo de impulso. De ahí, pasé a colaboraciones con autores estadounidenses vía Intenet; primero gratuitas, para practicar y levantar un poco el nivel, y posteriormente pagas. Con el tiempo y algo de suerte conseguí la suficiente confianza como para largarme a trabajar como freelance, modalidad que mantengo hoy día, no sólo porque no me siento particularmente interesado en someterme a los ritmos de una editorial, sino porque me permite lo espacios para llevar a cabo mis propios proyectos editoriales y autorales.”

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Números cinco al ocho de Términus.

¿Cómo nació la iniciativa de Términus? ¿Se imaginaban que el proyecto iba a alcanzar la continuidad y el reconocimiento que tuvo? ¿En qué cosas crees que el ciclo de la revista fue creciendo y se desarrolló? ¿Cuáles son los puntos altos de Términus y qué recepción tuvo la revista entre los lectores?

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Blas, por Chiroleu, una de las historias con más continuidad dentro de la revista.

Términus germinó desde las charlas iniciales de dos amigos, Maximiliano Bartomucci y Gastón Flores, los que -como muchos otros en los últimos años-, estaban barajando la posibilidad de editar una publicación de historietas de género, como espacio para mostrar el tipo de producción que nos gustaba generar como autores. Me contactaron a mí, e hicimos extensiva la invitación a gran cantidad de nuestros conocidos freelancers -varios de los cuales fueron colaboradores estables durante la duración de la revista, como Damián Couceiro; Germán Peralta o Juan Frigeri-, ellos también se interesaron por la posibilidad de publicar en el país, ya que casi todos trabajaban para el exterior, y rara vez llegaban hasta acá sus trabajos. Si bien no esperábamos la recepción que llegó a tener, tuvimos mucha fe en el resultado final una vez que vimos el primer número editado, así como también pudimos apreciar el margen de crecimiento y mejora que existía. Sobre ese margen, es importante tener en cuenta que al momento de arrancar la revista, ninguno de sus integrantes tenía ningún tipo de experiencia editorial. No sabíamos de distribución, diseño, imprenta; puesteo en eventos o nada por el estilo.

En ese sentido, el crecimiento de la publicación fue a la par del aprendizaje de todas esas habilidades, así como de la conversación con los lectores, el contacto con colegas y la devolución de los mismos, lo que nos permitió ir afinando el criterio respecto al material y la presentación, así como encontrando vías para hacerla accesible a más lectores en mayor cantidad de zonas del país. Respecto a los puntos más fuertes, si bien la calidad de la presentación siempre se menciona, una vez establecido el formato, no volvió realmente a exigir mayor atención. Mucho más difícil fue tratar de mantener -y mejorar- el nivel de las historias publicadas. Recordemos que es una publicación hecha a pulmón -algunos dirían que es un fanzine de lujo- y por tanto lo único que podía atraer a un autor a publicar su trabajo en Términus es el placer que puede dar el ser parte de una antología donde uno pueda a su vez disfrutar de la compañía de las otras historias, donde pueda admirar a los demás trabajos y autores y sentirse aunque sea un poquito halagado por integrar ese equipo. De todos modos, el saber que el material iba a ser impreso en condiciones tales de lucir, siempre nos pareció una muestra de respeto mínima pero indispensable hacia los autores, y creo que ellos supieron apreciarlo y recompensarnos con sus aportes.

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Números nueve al doce de Términus.

La recepción, para una publicación que arrancaba con una casi totalidad de autores nóveles -¡y desde el interior!- fue más que positiva. Primero en Rosario, y después en el resto del país, a medida que pudimos hacer conocida la publicación en eventos y a través del boca a boca, tantos las ventas como las críticas y comentarios nos ayudaron a sacar rápidamente el segundo número, y a partir de ahí, seguir trabajando para encontrar nuestro ritmo.”

Desde lo comercial, ¿cómo lograron impulsar las primeras ediciones? Y también, ¿cómo lograron sostener la revista económicamente en el tiempo? ¿Cuáles son sus volúmenes de venta?

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Marcela, por Chiroleu, ciencia ficción cotidiana y telúrica.

“El impulso de las primeras ediciones fue una combinación de boca a boca, mucha presencia en eventos, difusión en redes -Facebook, bah-, una afortunadamente buena recepción crítica, y el ‘padrinazgo’ de autores más consagrados con aportes para esos primeros números -autores como Guedes; Ginevra; Frusín o Sanz, por ejemplo- los cuales a su vez tuvieron la generosidad de promocionarnos entre sus seguidores. A partir de ahí, fue mantener el terreno ganado e ir aumentándolo gradualmente con presencia en nuevas convenciones todos los años, incorporación de distribuidoras con las que cubrir áreas a las que no llegáramos en ese momento, etc. Trabajo hormiga, que le dicen.

El primer número se imprimió con un fondo conjunto de los miembros del grupo editorial, sumado al aporte por publicidad con que las comiquerías de Rosario nos apoyaron. Posteriormente, por encima de las ventas y de la publicidad, se requirió una inversión personal, durante los primeros tres o cuatro números, para mantener los tiempos de impresión prometidos. A partir del número seis, pasamos a números negros, e inclusive a poder cubrir gastos de viaje y alojamiento para llegar a convenciones. No sólo eso, si no a poder reimprimir -lo cual implicaba pagar una tirada completa SIN el apoyo de la publicidad- al mismo tiempo que la impresión regular de un número, o sea, a poder imprimir dos o más tiradas simultáneamente. Grosso modo, el volumen de ventas total estará rondando unos 6500 ejemplares de los doce números -con muchos más en circulación-. En general, tarda entre uno y dos años en agotarse una tirada, las que han sido de 500, 700 o 1000 ejemplares, según criterio.”

Ustedes lograron obtener un subsidio, que les permitió reemplazar la edición de la revista, para lanzar una colección de libros. ¿Cómo nace lo del subsidio? ¿Cuáles son los libros que van a sacar este año?

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Tecnócrata, por Chiroleu, una historia de buena factura, con algunos puntos estéticos en común con Arzak.

“El subsidio es parte de un programa de premios estímulo que viene ofreciendo el gobierno de la provincia de Santa Fé en los últimos años. Lo conocí a partir de Juan Ángel Szama, de Szama ediciones, el cual es compañero en el Colectivo Editorial Big Sur, y quien resultó ganador de un premio similar hace dos años. Un poco por sentir que ya había aprendido todo lo que podía de la experiencia de la antología, un poco por querer alcanzar a los lectores que prefieren una obra autoconclusiva, y un poco por mi propia necesidad como autor de probarme en historias más largas, decidí presentar el proyecto, el cual armamos con la ayuda de Mariano, Beatriz y Carlos Abrach, de Abrach & Asociados, en la parte técnica del proyecto. Por suerte, resultó seleccionado, y ya está impreso -y en comiquerías- Rip Van Hellsing, el primero de los tres libros a publicar. Éste compila tres de los arcos -publicados en Italia, originalmente, pero inéditos en la revista-, de las aventuras del cazador de monstruos creado por Enrique Barreiro, Hernán Ferrúa y Enri Santana, del cual publicáramos varios unitarios en las páginas de Términus. El segundo es Tekton, de Gastón Flores y Lisandro Estherren, una historia de ciencia ficción, sectas, arquitectura y realidades paralelas, y el tercero es El Borde, una historia de personajes cruzados en un hotel en medio de la nada, con elementos oníricos y estructura de thriller, escrita y dibujada por mí.”

Por último, ¿cómo ves el panorama actual de la historieta? ¿Le augurás un buen futuro? ¿Por qué? Y también, ¿Cuál es tu deseo con Terminus, a dónde querés llegar con la editorial?

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Rip Van Helsing, una de las novedades de este año.

“Realmente, me es imposible responder esa pregunta con alguna seguridad. Ya estamos en una situación difícil, en la que casi nadie que produce historieta para el país vive de esa actividad, y no veo razones para creer que eso vaya a cambiar en el futuro. Por esa razón, la producción va a seguir siendo -estimo- como viene siéndolo desde el dos mil para acá: casi mayormente a pulmón, por el deseo de hacer, por la búsqueda de realización personal, de algún módico reconocimiento, y pará de contar. Hay algunas plazas existentes para humoristas gráficos, para tiras y demás, pero es más de suponer que los medios gráficos como los conocemos van a tender a la disminución y no al crecimiento. Respecto a todo ésto, en lo personal, mi mayor deseo es equivocarme.

Términus, como editorial, está planteada desde lo autogestivo, y por tanto va a tener que enfrentar las mismas dificultades que la revista antes -y que muchas otras editoriales de las mismas características-, y a su vez, va a tener las mismas fortalezas que ellas, siendo la mayor el que no está -ni va a estar, creo yo- planteada como negocio. El dinero que se recaude va a ser para nuevos libros, y por tanto, va a ser necesario, pero si se recauda en tres meses o un año, no va a implicar la ruina de nadie, y por tanto me va a ser posible publicar tanto ganadores automáticos -si es que aparecen-, como historietas a las que quiera ver en papel por considerarlas meritorias, incluso si después tengo que convencer a cada lector de que le dé una oportunidad. A su vez, como autor, espero que sea el sello bajo el cual publique y distribuya mi material de acá en adelante. Soy bastante obsesivo con el control, así que soy el mejor y el peor editor que puedo tener. Veremos en el tiempo. Lo mejor que puede pasar es que los demás autores de la editorial lleguen a tener la misma opinión.”

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Flor Paccela: Historietas desde el Fortín Federación

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Flor, haciendo lo que más le gusta.

Florencia Paccela es una historietista en los márgenes. Desde la cuidad de Junín, a 250 kilómetros de la Capital, construye su trayectoria lejos de los centros históricos de producción independiente -Buenos Aires, Rosario y Córdoba-. Sin embargo, esa situación no le impidió unirse a La Duendes, con quienes acaba de publicar su primer libro de historietas, Yerbudín. Con juventud, talento, buen humor, Flor tiene más historietas por venir.

Fecha de nacimiento, edad, y ¿cuándo hiciste tu primera historieta?

“Nací el 23 de julio de 1992, en Junín, provincia de Buenos Aires, tengo 24 años. Mis primeras historietas las hice de muy chica, tendría 9 años cuando creé un personaje que llamé Saki, y que podía tener aventuras de todo tipo porque era parte de a una agencia de jóvenes detectives. Se parecía mucho a Goku de Dragon Ball. A los 11 mandé una de sus historias al programa el Club del Anime, del viejo Magic Kids, y cuando lo vi en la tele, fue una emoción tan fuerte que era obvio que quería seguir con eso y que podía hacerlo aunque no tuviera a nadie que compartiera mis gustos, ni nadie que me enseñara cómo hacerlo. En lo que es historietas, siempre fui autodidacta hasta la universidad.”

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Código, un ejercicio de experimentación.

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas?

“Estudié Diseño de Historietas en la Universidad de Palermo, pero solamente hice la mitad de la carrera, porque a la par estudiaba Diseño Gráfico. Los profesores de la Universidad son todos profesionales de las historietas, es una lástima que no haya podido cursar con todos.

Mis mayores influencias son Ray Bradbury y George Orwell, porque que me encanta el género de ciencia ficción. Por lo que su obra significa, Oesterheld siempre es una motivación. Si ven mis dibujos, a simple vista se nota que tengo mucha influencia del Manga y Anime, aunque me esfuerzo en dibujar diferentes cosas en otros estilos, buscando tener más recursos y aplicarlos según lo requiera la historia.”

¿Cuál fue el primer fanzine del que participaste y cómo se desarrolló tu trayectoria hasta hoy?

“A Saki me lo tomaba en serio. Hice varias historias con él, aunque a veces no las terminaba, las hacía muy largas, me aburría y comenzaba con otra. Más adelante hice otra sobre un equipo de fútbol -vi Captain Tsubasa y quise hacer lo mismo-, eran partidos interminables que requerían de mucha planificación, después de eso admiré aún más a Takahashi.

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La edición impresa de Yerbudín, por el Colectivo La Duendes.

A los 16, hice varios capítulos de una historia dónde la Argentina estaba dominaba por Inglaterra, y estos se habían encargado de borrar todo vestigio de nuestra historia, tanto que los protagonistas no sabían el significado de ‘país’ y llamaban a los ingleses ‘El Poder’. Y de nuevo, hice la historia demasiado larga y no la terminé.

Yerbudín fue la primera historieta que me propuse tomar en serio y llevarla a libro. A la par de Yerbudín, con guión de Alejandro Pérez Velilla, dibuje Código, que trata de un hombre a la deriva en el espacio exterior. Lo ilustre en un pliego de papel de 1 metro por 1 metro, en forma de espiral, para que cierre el concepto de la historieta.”

Tu caso es particular. Estás en  Junín, una ciudad donde la historieta tiene casi nulo desarrollo. De hecho, después de Ricardo Ferrari, sos la segunda historietista en la historia de la ciudad. ¿Estás en contacto con lectores locales de historieta o lo que hacés es una actividad solitaria? ¿Cómo fue tu inserción en el colectivo La duendes?

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Yerbudín y el rasta se conocen.

“Hoy con facebook y otras redes sociales es muy fácil estar en contacto con lectores u otros autores. Localmente, hay muchos interesados en historietas, ya sea norteamericana, manga o nacional. El tema principal es que caso no hay material en papel, siempre hay que recurrir a internet o viajar a Capital para comprar libros que acá no se consiguen. No se puede fomentar la historieta, mostrar a un chico qué es y cuán grande es su variedad, si las librerías solo tiene un par de autores… …Tampoco es culpa de las librerías. Actualmente, aparte de mí, también hay un grupo de chicos, Síntoma Creativo, que también difunden y fomentan la creación de historietas en nuestra ciudad.

A la editorial La Duendes, y a quien está a cargo de todo, Alejandro Aguado, le debo lo que pasó con Yerbudín y mis otras obras. Porque cuando tenías varias páginas para mostrar, mande mail a muchas editoriales -muchas-, de acá y de otros países. Muy pocas contestaron, la mayoría diciendo que ya tenían todo cubierto para ese año y no me podían dar lugar. Alejandro es el único que se interesó seriamente por mí y por tantos otros que quieren tener un espacio para mostrarse y llegar a más personas.

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Dios, Yerbudín y el rasta un trío con mucha ida y vuelta.

La Duendes tiene un blog, en la cual cada día publican un promedio de cinco artistas diferentes, cinco días a la semana. Los trabajos se comparten por facebook también, y si la historieta progresa puede convertirse en libro, con la ventaja de tener un público que te conoce. La Duendes no estará entre las editoriales más difundidas o más populares por vaya a saber qué razón publicitaria, pero seguro es de las que más se interesa por los autores, por la difusión de la historieta nacional y por los artistas del interior del país. Algo que comprobé por experiencia propia, las editoriales más conocidas no lo hacen.”

Tu trabajo principal es Yerbudín, ¿de qué se trata la historia? ¿Qué repercusión tiene entre los lectores? Y también, ¿cómo surgió la posibilidad de editarlo en papel?

Yerbudín es un extraterrestre que llega a la Tierra y conoce a un chico rasta. A partir de ahí, tienen conversaciones, discusiones, preguntas incómodas entre ambos, y también con Dios -representado como un triángulo-, con respecto al origen del hombre, a quién lo creó y cuál es su propósito, sobre las incongruencias de la historia humana, de las religiones, de los mitos y leyendas, y por supuesto sobre el fenómeno OVNI. Todo en una serie de tiras cómicas que tratan de dejar una reflexión en el lector.

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El nacimiento de Cristo por Yerbudín.

Me gusta mucho hacerla, porque es diferente y tiene personajes que no se relacionan en nada pero que funcionan muy bien en las conversaciones, si se tocan los temas adecuados. Sé que, a veces, algunos chistes generan un recorte de lectores, porque se tocan temas específicos sobre ufología, religión o historia y hay que estar interesado en las curiosidades de esos temas.

La idea de editarlo en papel surgió porque ya tenía una buena cantidad de páginas y el público parecía responder bien. Quería que los lectores pudiesen tener a Yerbudín en su casa, sacarlo de la pantalla de la PC, tenerlo en la mano.”

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El misterio de la resurrección por Yerbudín.

Además, tenés otros dos trabajos, Las caras del alma y Encuentro. ¿De qué tratan las historias? ¿Las están publicando online?, ¿dónde? ¿Tenés ganas de sacarlas en papel?

Las caras del alma surge a partir de un guión que hice para la universidad. Es la historia de un hombre con problemas para conseguir pareja, por lo cual decide ir a un psicólogo. Este peculiar doctor le propone hacer sesiones de regresión para encontrar el origen de su problema, así descubren que aún está enamorado de una mujer que conoció en una vida pasada y que fue asesinada por Jack el Destripador.

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El inicio de Las caras del alma.

Encuentro en una historia corta sobre un chico que tiene un encuentro del tercer tipo con un extraterrestre gris y un pie grande, y está basada en un testimonio real.

Ambas historias fueron publicadas en el blog de La Duendes. También me gustaría sacar Las Caras del alma en papel, pero sé que no tendría tanta repercusión como Yerbudín. Es interesante, tuvo buena aceptación entre los que la leyeron, tanto que tuve que hacer un epílogo a la historia. Incluso, se podría hacer una segunda parte, sólida, sin nada que envidiarle a la primera, pero sé que tendría que exigirme más para mi próximo libro.”

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Encuentro, con influencias de Toriyama.

¿Tenés planes de acercarte al movimiento independiente de las grandes ciudades y participar de eventos como Dibujados, La Docta o Crack Bang Boom? También, ¿cuáles son tus planes en el terreno de la historieta para este 2017?

“Me encantaría, pero entre el trabajo, el tener que movilizarme y los gastos, a veces se complica. En algún momento participaré. De todas maneras, sé que puedo difundir mi trabajo sin tener que ir a esos lugares, y motivar a otros animarse a involucrarse en las historietas sin creer que estar en esos eventos es lo que vale. Porque, la verdad es que son encuentros increíbles, pero solo pueden ir aquellos que están cerca y hay muchos artistas en el interior que son geniales -y reconocidos en sus provincias-, pero si no están en esos eventos parecen no existir para las editoriales o para grupos como Banda Dibujada y sus premiaciones.

Para este año, hasta ahora solo tengo planeado participar en un libro que publicará La Duendes con colaboración de varios artistas. Tengo para empezar otra historieta y para escribir y bocetar otra. Leer de todo y practicar mucho dibujo y diferentes técnicas para seguir mejorando.”

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Fernando Biz: Manga, automovilismo y comedia dramática

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Fernando Biz, haciendo de las suyas.

Fernando Biz es un fanático del manga, el anime y la Fórmula 1, y como tal, mezcla sus pasiones en las historietas que escribe y dibuja. Con presencia en el medio desde el 2003, con sus fanzines  integró el colectivo El Núcleo, uno de los responsables de mantener viva la escena luego de la debacle del 2001. Hoy,  bajo su sello Editorial Módena, además de publicar sus trabajos, edita a talentos como Teora Bravo. Siempre de buen carácter, su voluntad de trabajo parece no tener fin.

Fecha de nacimiento, edad, y cuándo dibujaste tu primera historia

“Hola, soy Fernando Gabriel Biz, nací el 1 de Marzo de 1986 y tengo 30 años. Tenía 16 recién cumplidos cuando empecé a hacer mi historieta F1 2014, allá por el 2002. En el medio corrió bastante agua bajo el puente pero acá andamos, firmes en la senda.”

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas?

“En marzo del 2002 estudiaba diseño publicitario cuando salía del colegio. Iba a una escuela de capacitación para adultos, pero como me aburría y la pasaba mal, mi mamá -viendo que estaba re-enganchado con el manga y el anime- me dijo que me inscribió en un curso de historieta. Al principio la idea no me gustó, pero ella me motivó a ir diciéndome que si no me gustaba, podía dejarlo. Fue un viaje de ida porque no solo me encantó sino porque no pensaba en otra cosa que hacer historieta. Esto fue en los talleres municipales de Villa Mecenas, unos cursos de capacitación artística que la Municipalidad de Morón ofrece de forma gratuita a los vecinos. Al curso lo dictaba el señor Don Angel Mosquito, quien a pesar de que yo tenía un estilo manga siempre me apoyó en trabajarlo. Consumir sus trabajos me influenciaron un poco en cómo armar las historias constumbristas y narrarlas con un humor particular, o al menos eso intento siempre. También estuve con Cristian Mallea, pero no tantos años como con Mosquito. Me interné en ese lugar -era como mi segunda casa- y estuve hasta el 2007.

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Fernando editó un total de 4 números de F1 2014.

Respecto a las influencias, particularmente el estilo de Yoshiyuki Sadamoto, a partir de Evangelion, en la influencia gráfica, mientras que la manera de contar que actualmente uso tiene mucho de Kosuke Fujishima, con Taihou Shichauzo -en español, Estás Arrestado!-. También, hay algunas cosas de Amano Kozue con Aria, y toques de Kazurou Inoue con Midori no Hibi.”

¿Cuál fue el primer fanzine del que participaste? ¿Cuál fue tu experiencia con Fórmula 1 2014 y El Núcleo?

“El primer fanzine fue Fórmula 1 2014. Los primeros 2 salieron en el año 2003. Pero además, como éramos un grupo de chicos todos de Morón y Hurlingham, creamos la editorial Lejano Oeste Comics, para estar así todos bajo el mismo sello. Cada uno con su propio Fanzine que hacíamos durante el año en el curso de Mosquito.
El primer evento al que fuimos fue el Fanatix 2003. Ahí nos conocimos muchos personajes con los que todavía seguimos remando: Ricardo de Luca, fundador de Palta Ed!, El Núcleo, Ediciones Noviembre y Duma; Jonathan Weis, como parte de Esfinge Comics, junto con Martín Ojeda y Axel Rebasti. Después, nuestra aparición en eventos se fue dando más periódicamente con suerte dispar, pero era la época donde si vendía 5 fanzines me sentía feliz. Como siempre estaba solo en Lejano Oeste y el entusiasmo de los otros chicos cayó, me uní a Palta Ed!, para facilitar logística y presencia en eventos.

tapita-gada-01Tiempo después, nos dimos cuenta que éramos una bocha de chicos que nos encontrábamos todos juntos siempre en los eventos, y junto con Ricardo y Jonathan salió la idea de hacer el colectivo editorial El Núcleo, la ‘editorial que nuclea a los mejores fanzines del universo’. Pero no duré mucho ahí, en el 2006 me fui a vivir a La Pampa para estudiar veterinaria, y todo coincidió con el primer retiro de Michael Schumacher en octubre de ese año. Cuando mi fuente de inspiración dejó de estar en pista, decidí que había sido suficiente para mí. Aun así, con Fórmula 1 2014 aprendí muchísimo. Fue una linda época, pero no volvería a dibujarla, hacer las carreras llevaba demasiado tiempo.

El dato curioso de todo esto es que la protagonista Fórmula 1 2014 se llamaba Astrid Verstappen, y con 16 años debutaba en Toro Rosso. La cosa es que en el Gran Premio de Japón de 2014, durante las prácticas oficiales, debutó en Toro Rosso y con 16 años, Max Verstappen. Me sentí mesiánico, con el pecho inflado como palomo en celo, ¡ja!”

Bienvenidos a República Gada tiene una trayectoria particular con dos cambios editoriales hasta que fundás Editorial Módena, ¿Podés contar cómo fue tu experiencia y qué te llevó a fundar tu propio sello?

tapita-gada-02“Particular es como se me había ocurrido y dónde empecé a dibujarla. Ya no dibujaba ni estudiaba, y estaba trabajando en la heladería de la familia, primero, y como guardia de seguridad, después. Entonces en mis ratos libres me la pasaba mirando anime -6 horas por día fácil-, así que llegó un punto donde tras ver casi 200 series entre 2007 y 2009, un día empecé a hacer un blog de reseñas impulsado por mi amigo Horacio Arzamendia. Al escribir las reseñas, noté que muchas cosas se repetían todo el tiempo, así que empecé a idear una historia que se burle de esos clichés repetidos de manera tan abusiva. Y cierto día, estando de guardia nocturno en un Jardín de Infantes abandonado, tenía lápiz y papel en mi mochila y comencé a dibujar sobre un tablero improvisado con 2 cajones de manzana y una tabla. Ahí empezó todo.

A mediados del 2010, después de varios años sin hablar, se me ocurrió mostrarle las cosas a Ricardo de Luca para ver qué opinaba. Le pasé los primeros 3 capítulos y le gustó más que F1 2014. Al punto que lo quiso publicar en Noviembre. Sólo que necesitaba al menos 32 páginas, y en ese momento solo tenía 24. Así que a al mes siguiente lo tuve listo, pero en una charla grupal -a la que se sumó Brian Jánchez-, dijeron de hacerlo libro en una coedición con Llanto de mudo -lo que para mí era una locura, porque poder publicar con el ‘Chancho’ era un sueño que tenía de chico-. Para eso, necesitaban que al menos trate de llegar con 56 páginas. Así fue como Bienvenidos a República Gada tuvo su lanzamiento en Abril del 2011, en el Centro Cultural España. Ese mismo día Ricardo me dijo que había que pensar ya en la segunda parte. Desde entonces, me empecé a tomar más en serio esto de dibujar, y me puse manos a la obra.

tapita-gada-03El segundo libro de Bienvenidos a República Gada -Guerra de hermanas-, salió en Julio del 2012 y fue el último con Noviembre. Pensaba sacar el tercero y una reedición del primero que se había agotado en el 2013, pero no pudo ser, Ricardo De Luca estaba saliendo de Noviembre, y aunque con él ya teníamos todo armado y planificado para el tercer libro -Mi mamá me muerde-, el 24 de mayo de ese año se decidió que yo no siguiese más en la editorial. Estuve deprimido un tiempo, me enfermé de neumonitis y abandoné tercer año de japonés. Sólo dibujaba cada tanto, motivado por los lectores que seguían la página de Facebook y en el blog. Ese mismo año, Schumi tiene el accidente de esquí y caí otra vez en una depresión, pero me dije ‘este no soy yo, y vamos a hacer el aguante a Schumi siguiendo adelante, como haría él’.

Así que el 3 de enero de 2014, creé Editorial Módena. Se iba a llamar Editorial M.S., pero era demasiado obvio. Y en Marzo del 2014 para Dibujados, salió el tercer libro de República Gada, la reedición del primero para Octubre de ese mismo año y en el 2015 salió el cuarto libro -Más que Amigas-.”

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Primera Parte del capítulo 32 de Bienvenidos a República Gada.

¿De qué se trata República Gada, y hacia dónde querés llevar los personajes?

tapita-gada-04“República Gada originalmente se llamaba Sin Título Disponible, porque no tenía ganas de pensar en uno. Pero un amigo -Horacio Arzamendia es testigo de ese momento- la bautizó como el nombre que tiene ahora. La idea era burlarse del anime a través de Estrella, una muchacha de 14 años -al inicio de la historia, después va cumpliendo años- con mucha mala suerte, sobre todo desde que conoce al Profe, quien será un generador de dolores de cabeza para ella. Para variar su familia, en lugar de ayudar a solucionar sus problemas, los empeora, con una hermana acaparadora, una tía que funciona como una madre pero que no le da bola, una madre cruel y dictatorial, y Sol, una amiga muy celosa que no deja que nadie se acerque a ella. Estrella debe lidiar con toda esta gente sin perder la cordura.

La idea es ir mostrando el proceso de maduración de Estrella, lento pero progresivo, empezando como una chica adolescente que solo pasa sus días haciendo lo que quiere, para pasar a tomar decisiones y mirar objetivos a futuro gracias a los problemas que le da su itálica familia. Me gustaría hacer una mansalva de capítulos, pero con el síndrome del túnel carpiano que me agarró, dibujar duele y ya no puedo dedicarme tanto, así que una vez que termine el quinto libro, veré qué pasa. Pero material escrito hay al menos como para 20 libros más si pudiera dibujarlo… Sí, Estrella crece y mucho.

La intención es puntualmente burlarme del manga y el anime, pero también con una historia propia, con los argentinismos y los costumbrismos locales bien representados, con personajes que que sean auténticos, y que se vean metidos en situaciones que más de uno pasó. De hecho, muchas anécdotas en la historia me pasaron a mí o a amigos.”

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Segunda Parte del capítulo 32 de Bienvenidos a República Gada.

Con Editorial Módena, además publicás a otros autores, ¿podés contar cómo es el catálogo de la editorial y cómo funcionan las otras historietas de las que participás, ya sea como autor o editor?

tapita-femme“La primera historieta que salió en formato libro -aparte de República Gada- fue Los del noveno, de Lisandro Casal Romani, un muchacho con un universo en su cabeza, pero que hacerlo trabajar costaba mucho. La historieta no es tan mangosa como las demás, pero resulta ser exquisita con un humor negro del cual siempre sale bien parado, incluso tocando temas sensibles. Lamentablemente, no nos pusimos de acuerdo y no sigue en la editorial. Una pena.
Luego tenemos a Teora Bravo, con quien hay una anécdota muy graciosa. Ella participaba con Sinestesia en el concurso Ymir, de LARP editores, pero yo había visto la historia y quedé muy cebado. Así que durante 5 meses, le insistía todos los días en que la quería publicar. Hasta que cedió y se dió. Es la única serie que no es comedia romántica ni slice of life que tenemos en la editorial.

Y por último tenemos Femme que es un unitario que dibujé con guión de Matías di Stéfano. Tardamos 4 años en hacerla, porque él tenía que alternarla con sus propias series –Mi Vida como Carla y JRPG-, y yo con República Gada. Lo curioso es que los varones en esta editorial hacemos las comedias románticas y la chica hace las de acción, ¡ja!”

¿Cuáles son los planes para este 2017?

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Una de las novedades para este año.

“Además de terminarlo con vida -editorialmente hablando-, vamos a intentar recuperarnos del poco favorable 2016 y agrandar el catálogo aplicando otro tipo de estrategias. Ahora vamos a publicar Daily life of Sefora, del español AC Puig; Bonded Scars, de Pablo Rey y Noelia Sequeira; Silvertongue, de Fernando Sarmiento; y después, el segundo tomo de Sinestesia, el quinto tomo de Bienvenidos a República Gada -Empezando de Cero- y, por último, el Ananké’s Side, un spin off de la hermana mayor de Estrella.

Después, en lo personal, además de terminar República Gada, está la posibilidad de un nuevo proyecto para la editorial Fog of War, un policial escrito por Ariel Grichener. También, hay que ver en qué momento puedo trabajar en un proyecto para UMC al que me invitaron. Y por fin, tratar de llevar a República Gada a una nueva plataforma audiovisual -Youtube- de alguna manera. Pero depende todo de cómo me respondan las manitos.
También hay conversaciones bastante avanzadas de publicar República Gada en España y Colombia. Nada es seguro hasta que se da, pero las intenciones de ambas partes existen y las ganas de trabajar también.

¡Muchas gracias por la entrevista y a quienes se tomaron el tiempito de leer!”

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Camila Torre Notari: Fanzines, fotocopias y serigrafías

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Camila Torre Notari, una montaña de fanzines demuestran una producción incesante y siempre creciente.

Este ciclo de entrevistas da la posibilidad de contactar con gente cuyo trabajo nos llama la atención. Hoy es una ocasión especial, porque  tenemos a Camila Torre Notari.

Desde 2004 en adelante, Cami produjo y participó en tantos fanzines que es imposible llevar la cuenta. Dueña de un humor descabellado y a prueba de balas, caracterizado por llevas escenas de todos los días hasta lo más impensado, su fanzine Pulp, el grillo, se sitúa entre los más destacados de los últimos 10 años. Además, es una experta en serigrafía, colabora con las Chick on Comics y  coordina el espacio fanzine en el festival Viñetas Sueltas. Una genia.

Fecha de nacimiento, edad, y cuándo dibujaste tu primera historia

“Nací el 20 de mayo de 1987 y tengo 29 años. Dibujaba cuentos desde muy chiquita, pero dibujé mi primer historieta después de leer el primer tomo del manga de Sailor V, tenía 13 años.”

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas?

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Primer número de Demasiada Cafeína.

“A los 14 años empecé a cursar en la Escuela de Historietas ‘Eugenio Zoppi’ de La Productora, en Morón, con Cristian Mallea y Ángel Mosquito.

Siempre me motiva mucho ver los dibujos de mis amigos, me encanta ver los trabajos de Clara Lagos, Delius, Ernán Cirianni, Otto Zaiser, entre muchos otros. También me gustan los cómics de Petter Bagge, Daniel Clowes y Charles Burns. Y por otro lado me gusta leer historias de ciencia ficción, como las de Isaac Asimov y Ray Bradbury.”

¿Cuál fue el primer fanzine del que participaste? Tu carrera como autoeditora es extensísima, que cuentes cómo se desarrolló tu trayectoria hasta hoy, equivale a una biblia, entonces, ¿por qué no contás cuáles son esos proyectos en que participaste y fanzines que editaste que recordás con más cariño?

“El primer fanzine en el que participé fue Demasiada Cafeína, editado por El Grafo, el sello que teníamos con los chicos en el taller de Morón.

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Uno de los primeros fanzines de Camila hecho en solitario.

Uno de los fanzines en los que más me gustó participar fue Milime. Lo editaban unos chicos de la Fadu y coordinaban todo por email. El resultado final era una revista con un montón de autores, de los cuales yo no conocía a la mayoría, así descubrí muchos trabajos nuevos y diferentes.

Recuerdo con mucho cariño al primer fanzine que hice sola, fue uno muy chiquitito. Lo hice una tarde improvisando página a página, con mini historietas, chistecitos y dibujos graciosos.”

Uno de los grandes fanzines de nuestra historieta es ‘Pulp, el Grillo’, casi un milagro secreto para todos los que lo leímos. ¿Cómo lo hacían, cómo lo vendían, que repercusión tuvo en los lectores y, por sobre todo, cómo eran las ‘Matiné de Pulp, el grillo’ que organizaban?

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Tapas de Pulp, el grillo, uno de los grandes fanzines de esta generación.

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Afiches de propaganda para ‘La matiné de Pulp, el grilo’.

“Lo editábamos con Pilar Corrales. Hacer Pulp, el Grillo, era lo más divertido que nos podía pasar. Primero juntábamos algo de material, convocábamos a amigos y conocidos a que nos manden sus dibujos, cómics, cuentos, poesías, pensamientos, ¡lo que quisieran! Entonces nos juntábamos y nos quedábamos hasta las 7 de la mañana escaneando, imprimiendo, cortando y pegando.

Lo vendíamos a nuestros amigos al principio y después lo empezamos a llevar a ferias y a dejar en comiquerías. A la gente le divertía un montón, muchos nos pedían por favor que publiquemos su trabajo en el siguiente número. Y sobre todo, cuando apareció La Matinée de Pulp, el grillo, la gente esperaba con ansias a que salga el próximo número para poder ir a la reunión.

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Último número de Pulp, el grillo.

La Matinée era una fiesta a modo de presentación del fanzine, donde pasaba de todo. Las primeras matinées fueron en Vodevil, un centro cultural de Bella Vista, también la hicimos en LDF, en San Telmo, en el Matienzo viejo y, finalmente, en La Calor en el Patio del Liceo. Había cartulinas en las paredes para que la gente dibuje, revistas, tijera y plasticola para que hagan collages. Llevábamos cosas ricas para compartir, a veces muffins, pero eran infaltables los palitos de la selva y los chupetines. En cada fiesta coronábamos a los personajes destacados de la noche, se repartían papelitos y todos debían votar a una chica y un chico. La primera vez se votó al rey y reina de la matinée, la segunda al extraterrestre y extraterrestra, luego a Miss Pulp, el grillo y Misso Pulp, el grillo, después al balleno y ballena, carnotauro y carnotaura y la última vez fueron elegidos los dos llorones de la noche. Contábamos con un ‘muro de la fama’ donde la gente podía pararse y sacarse fotos como si estuvieran en la alfombra roja de Hollywood. En fin, la idea era brindar, vender fanzines y reírse con pavadas durante varias horas.”

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Cábula N° 7, hoy uno de los fanzines más difíciles que conseguir hoy día.

Sos una experta en serigrafía, y usaste la técnica en la tapa de muchos fanzines, tanto tuyos como de terceros, ¿Cómo te metiste en el mundo de la serigrafía y que son las cosas que te gustan de esa técnica? También, ¿cómo fue hacer Cábula N° 7, el primer fanzine por completo serigrafiado?

“Siempre me intrigó la técnica y me resultaba muy tentadora la idea de poder ver mis dibujos estampados sobre otros objetos más allá del papel; así que me anoté en el taller de serigrafía que daba Andrea Moccio en la Fadu. Lo que más me gusta de la técnica es que es algo artesanal. Como dibujante y diseñadora gráfica puedo ver en las impresiones comunes -láser o inkjet- una pérdida. Hay una magia que se ve en el original, que ya no está en la impresión a láser, por ejemplo. Siento que la serigrafía, lejos de sacarle magia al dibujo, le agrega valor, y a la vez lo hace reproducible y económico.

La Cábula N°7 fue uno de los proyectos más lindos y divertidos en los que participé. Fue una experiencia muy enriquecedora y de alguna manera fue el pie para que empiece a ver a la serigrafía como una forma de trabajo comercial, más allá de los proyectos artísticos. En ese momento no estaba muy canchera con la técnica, pero fui aprendiendo mucho en la prueba y el error. Al ser un reviposter, teníamos que estampar el pliego entero de una y el tamaño abierto era de 60 x 80 cm, y el sablón de 110 x 80 cm ¡es muy grande! Era un solo color del lado del póster y dos tintas del lado de los cómics. ¡El resultado fue algo único!”

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La gira de las pizzerías o las expediciones culinarias de Camila y Chelo Lares.

 

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Una noche como hoy, parte de la larga producción de fanzines de Camila.

Coordinaste el ‘Espacio Fanzine’, tanto en Comicópolis como en Viñetas Sueltas, ¿en qué consistió la experiencia, qué tareas llevaste adelante? También, ¿qué es lo que más te gustó de hacerlo?

“Hicimos el Espacio Fanzine o Fábrica de Fanzines en Viñetas Sueltas en el Palais de Glace en 2016. La idea de este espacio es proveer de materiales a la gente para que pueda dibujar y fotocopiar un fanzine en el momento. Teníamos hojas, fibras, microfibras, tijeras y lo más importante, una fotocopiadora. Mi tarea era ayudar a los chicos que se acercaban a crear sus historias, mostrarles que todos podemos tener nuestras propias historietas publicadas, e intercambiarlas con las de otros dibujantes.

Me encanta dar talleres de fanzines, me emociono un poco cada vez que tengo la posibilidad de explicarle a alguien qué es un ‘fanzine’, y más todavía si puedo hacer que esa persona se siente y haga su primera revista. Durante esos días salieron fanzines muy divertidos, no sólo dibujados por niños, sino también por dibujantes profesionales y amigos grosos.”

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Mofletón Rodriguez y las consecuencias del consumo.

Por intermedio de Editorial Burlesque, tenés un libro comercial ‘El Tiburón Diablo’, donde mejor mostrás una de las características de tu humor, llevando escenas cotidianas al absurdo total. ¿De qué se trata la historia? Y, también, ¿esas amigas existen? ¿Hicieron algún viaje juntas?

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El Tiburón Diablo, donde lo cotidiano alcanza el absurdo más absoluto.

“Es la historia de tres chicas que se van de vacaciones a una isla donde los tiburones se empiezan a comer a la gente. Al principio no lo saben y se hacen amigas de los lugareños, pero descubren que cosas aún más raras están pasando en ese lugar. Es una historieta de aventuras, amor y sangre, que fue publicada originalmente en Internet, capítulo a capítulo, mientras la iba dibujando.

El Tiburón Diablo también es una falsa autobiografía, ya que las protagonistas somos dos amigas mías -Carla y Mariela- y yo, y todo comienza durante el Festival Viñetas Sueltas de Tecnópolis en 2012, donde las tres estuvimos trabajando. El resto es ficción.

Fuimos compañeras de trabajo durante algunos años y creo que esa convivencia ayudó mucho al desarrollo de algunas ideas delirantes. Hasta ese momento no habíamos hecho ningún viaje juntas, pero sí habíamos pasado muchas horas riendo y hablando sobre películas gore. Años después Mariela se fue a vivir a San Pablo y la fuimos a visitar con Carla, pero prometo que nadie salió lastimado en ese viaje. Bah, yo me insolé.”

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Legales vs. Naturales, sobre las vicisitudes de ser mujer y disfrutar los triunfos personales

¿Qué planes tenés en el campo de la historieta para este 2017?

“Mi idea es que cada vez la historieta ocupe un lugar más importante en mi vida, y creo que con el tiempo lo voy logrando. Este año quiero cerrar o continuar con varios proyectos que tengo empezados. El ángel negro, Mofletón Rodríguez, La gira de las pizzerías, por ejemplo, son historietas de las cuales ya dibujé algunos capítulos y pienso seguirlas este año. Durante el mes de enero estuve trabajando en una historieta nueva de 9 páginas sobre bandas de rock, que se llama Furia en el centro de la Tierra. Si bien es una historia autoconclusiva, tengo muchas ganas de seguir desarrollando los personajes de esas viñetas.

También voy seguir dando talleres de fanzines e historietas, y trabajando en eventos. Se vienen cosas nuevas y grosas para Viñetas Sueltas, asociación de la que formo parte hace varios años ya. Este 2017 vuelve el Festival Internacional de Historietas Viñetas Sueltas y se esperan muchas actividades lindas durante el año.”

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