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Lucía Brutta: Música, serigrafía y un millón de historietas

Lucía Brutta, historietista, serigrafísta, editora y melómana.

Lucía Brutta es, tal vez, una de las mejores representantes -dentro del campo de la Historieta Argentina- del espíritu  del fanzine como expresión contracultural. Dueña de un sentido del humor ácido y absurdo, sus historietas navegan entre la crítica social y la parodia. Editora de infinidad de fanzines, sus últimos trabajos, New Mafalda, Un millón de bandas malas, y sus colaboraciones en Zapping, la ubican en un momento artístico por demás de interesante.

Fecha de nacimiento, edad, y cuándo dibujaste tu primera historia

“Nací en Barranqueras, Chaco, en diciembre del 86. Tengo 30 años, pero todavía no me acostumbro. Mi primera historieta la hice en el 2008, para un fanzine llamado Ameba que editábamos junto con algunos amigos pintores. No sabía nada de nada.”

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas? En tu trabajo se nota cierta jugueteo con el pensamiento anarcopunk mezclado con un sentido del humor absurdo y, a veces, escatológico. ¿Qué cosas te interesa contar y por qué?

 

New Mafalda, Marketin’ no cross y Serigrafía para tontos, ejemplos de la producción de Lucía Brutta.

“Fui a clases en la Escuela de Historieta Eugenio Zoppi en Morón, con Cristian Mallea y Ángel Mosquito. Estuve alrededor de un año en el 2010. De historieta me gusta todo lo que llaman Cómic Underground, en un principio Robert Crumb y luego otros ya un poco más jóvenes, como Peter Bagge, Julie Doucet, Charles Burns y casi cualquier autor que pudiera salir en las revistas que editó Crumb, como Zap o Weirdo, y también en otras revistas, como El Víbora.

Todos esos autores hacen humor. Yo intento ser graciosa, pero también me gusta mostrar las miserias humanas, que no necesariamente tienen que ver con lo escatológico. Lo de la influencia anarko punk supongo que es porque voy a ver bandas, pero no es necesariamente ese pensamiento, sino de todas las culturas que se cultivan a partir de los diferentes estilos musicales y que van acompañados por un mensaje. Me gusta la música, la investigo, colecciono vinilos, y es donde me muevo cuando salgo y lo que me acompaña todo el día.”

Ya fue, primer capítulo de Un millón de bandas malas, que fuera publicado en la antología Informe.

¿Cuál fue el primer fanzine del que participaste y cómo se desarrolló tu trayectoria hasta hoy?

Informe Historieta Argentina del Siglo XXI, una antología curada por José Sainz y editada por la Editorial Municipal de Rosario.

“El primero fue uno que editaba con mis amigos a los 15 años, se llamaba Sr. Alelí y hacía las tapas con collage. Hicimos 20 números. Después siguió Ameba, como dije antes, también con amigos. A partir de que empecé a dibujar historietas, hice el zine Caca, donde ponía cualquier cómic que iba haciendo mientras aprendía a dibujar y narrar.

Después, con algunos colegas editamos la revista Qué Hammmmmbre!, donde la idea principal era hacer un fanzine mejor editado con el formato de tira, como los libritos de Mafalda o las revistas de Paturuzú, donde hubiesen historietas anecdóticas. Además hicimos muchos otros fanzines sin sentido con nombres como Xilocacaína, Contra la pared, Descontrol, Me cago en Dios, Juancito y el lobo, Ideas Alienígenas, El travesti Julieta, La monoteta. Ahora, tengo Zapping, donde solo somos 4 historietistas. En el 2015, participé del libro Informe Historieta Argentina del siglo XXI, con el primer capítulo de Un Millón de Bandas Malas, llamado Ya fue, y colaboro hace unos años con el fanzine La Ponzoña, que es editado por Pablo Horacio Garibaldi -(a) Pablo Ponzoña-, donde publica sus increíbles collages que por lo general incluyen muchas calaveras y parodias sangrientas de publicidades.”

Rock Estar, segundo capítulo de Un millón de bandas malas, a la espera de recompilarse en libro.

Vos fuiste una de las organizadoras del ciclo Venga a Dibujar, que en su momento congregó a una cantidad importante de artistas y tuvo relevancia en el ambiente de la historieta ¿Cómo nació el ciclo, en qué consistían y cuánto duró? ¿Cómo eran esas tertulias? Un fanzine muy relacionado con el ciclo fue Qué Hammmbre!, ¿se generaron además otro fanzines a partir del Venga a Dibujar?, ¿cuáles?

Algunos de los afichas con que se promocionaba el ciclo Venga a Dibujar.

“Siempre pensé que se aprende más de los colegas que de los profesores, entonces se me ocurrió juntarme una vez por semana con gente que hace lo mismo para obligarme a dibujar con periodicidad. La convocatoria era abierta, podía ir quien quisiera, primero lo hicimos con 2 amigos en mi departamento diminuto, y luego nos mudamos a un centro cultural llamado La Vecindad donde podíamos alojar a toda la gente interesada. Hacíamos fanzines de historieta -tipo cadáver exquisito-, que después fotocopiábamos. Más adelante llegamos a sacar Qué Hammmmbre!, donde éramos como 10 dibujantes como Nana Cuevas Otonelli, Lucía Borjas, Martín Lietti, Juan Pablo Valdecantos, Germán Cufré, Sylvia Gómez, Razz, Juan Panno, entre otros”

Uno de tus fanzines más conocidos fue Caca, que tuvo al menos 7 números, más varios suplementos. ¿Cómo surge el fanzine y por qué la elección de un nombre escatológico? En algún momento llegaste a incluir juguetes que se regalaban con los fanzines, algo que continuás haciendo hasta el día de hoy, ¿de dónde surgió la idea?

Caca es mi proceso de aprender a dibujar historietas, así fue que nació. Compilaba todo lo que hacía en el fanzine, de hecho el slogan es ‘Historietas en proceso’. El nombre no tiene muchas vueltas, fue una decisión casi inconsciente, no tiene una explicación profunda. Lo de los juguetes se lo robé a una amiga con la que feriaba en la FLIA, Antonella Adreoletti, ella le ponía papel picado a los pines y cosas que vendía, se las ingeniaba mucho con el ‘packaging’. Aprendí mucho de ella también. Ahora estaba poniendo mi colección de fotos carnet de personas desconocidas que me encuentro, pero ya se me terminaron 😦 .”

Los siete números del fanzine Caca y el Suplemento Garca.

Zapping, editado con tapas alternativas, jugando con los colores de las tintas usadas.

Junto a Razz, Lietti y Valdecantos formaste el Estudio Mafia. Con ellos editás Zapping, tal vez el mejor fanzine de estos tiempos, con tapas serigrafiadas y los interiores a dos colores, trabajados con una máquina Riso. ¿Cuándo formaron el grupo? ¿Cómo hacen el fanzine, qué aporta cada uno? ¿Cómo lo pueden conseguir los lectores?

“Razz, Juan y Martín son amigos que conocí en el Venga a Dibujar, nos mudamos juntos y editamos fanzines de historieta. Lo de la serigrafía es cosa mía, tengo el taller en la terraza de la casa donde vivimos, doy clases y hago trabajos a pedido. La tapa impresa en serigrafía es mi aporte a Zapping, además de las historietas. Muchas gracias por eso del ‘mejor fanzine de estos tiempos’, le pusimos mucha garra y la idea es que vaya mejorando.

Formamos el grupo cuando nos mudamos juntos en el 2014. Martín trajo la máquina Riso a casa y juntos compramos insumos para dibujar e imprimir. Tenemos la incorporación reciente de Daniela Magnelli y Federico Di Pila al grupo, además de una nueva máquina. Estamos en un proyecto ambicioso de sacar Capisci, que ya no es un fanzine sino un libro. ¡Estén atentos a las novedades!

Realiti, de Lucía Brutta, editado por Ernán Ciriani dentro de la colección Burlesquitas.

Zapping se lee en los dos sentidos, en el último número, un lado es de los 90’s y el otro de los 60’s. Aportamos ocho páginas cada uno. Lo imprimimos en la Riso, donde pasamos cada hoja dos veces por la impresora para hacer un color por vez, es muy artesanal. Las tapas y las retiraciones están impresas en serigrafía a dos colores, por lo que tiene un total de cuatro estampas. Se consigue en algunas comiquerías -como Punc, Espacio Moebius y Rayo Rojo, entre otras- y también lo llevamos a ferias. Pueden chequear la información en nuestra página de Facebook.”

Por último, ¿cómo ves el panorama actual de la historieta y el fanzine? Y también, ¿cuáles son tus planes para este 2017 en este terreno?

“La verdad es que no tengo mucha idea del panorama. En la última reunión de Mafia me enteré de varias ferias este año de las cuales vamos a participar. Mi plan para el 2017 es sacar un libro, se va a llamar Un Millón de Bandas Malas, tiene 6 capítulos autoconclusivos. Espero poder sacarlo lo antes posible. Igual pueden ir leyendo casi todos los capítulos en tumblr

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Daniel Perrotta: La ciencia ficción como herramienta

Daniel Perrotta, un inquieto guionista, dibujante y editor.

Daniel Perrotta, también conocido como Gigerama, y que en un principio firmó como Daniel Rojas, es uno de los actores más interesantes en la Nueva Historieta Argentina. Guionista y dibujante, Daniel suele trabajar tanto en solitario sobre sus propias obras, como también en colaboración con otros artistas. Partícipe de algunos de los fanzines más interesantes de los últimos 12 años -como Terror y Ciencia Ficción, Hotel de las Ideas, y Espinazo-, su obra  muestra un especial gusto por lo fantástico y lo mitológico, mezclada con la exploración de la condición humana y una fuerte militancia dentro del colectivo LGTBI. Por talento y producción, es una de las postas ineludibles dentro de la escena independiente actual.

Fecha de nacimiento, edad, y ¿cuándo hiciste tu primera historieta?

“Bueno, tengo 32 años, los cumplí el 4 de febrero. La primera historieta la dibujé los 13. El otro día la encontré, se trataba sobre un protagonista que separaba su cuerpo en varias personalidades, el enojado, el triste, el gracioso, el femenino, etc. Es loco, porque esa historia ingenua tiene cosas que todavía me resuenan.”

Margen de Error, aparecido en 2004, el primer fanzine de Perrotta, cuando aún se encontraba muy influenciado la estética manga.

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas?

“Te cuento primero de mi formación académica. Soy maestro de dibujo por la escuela Rogelio Yrurtia; profesor por el Beato Angélico; y ahora estudio Psicología en la UBA. Si me preguntás por qué Psicología, te diría que tengo una hipótesis. Creo que un autor es más interesante cuando no se cierra solo a su circuito. Experimenta. Experimentar es salir del perímetro. Los autores que más me gustan son los que trabajan un lenguaje mirado con ojos intrusos. Te doy un ejemplo. El director, David Cronenberg, un hombre de ciencia. El tipo no estudió cine, estudió Biología, y se nota esa mirada corporal sobre sus personajes. Por otro lado estudié con varias personas. En narración aprendí mucho de Salvador Sanz, en guión con Diego Agrimbau. Igual considero muy valiosas las devoluciones de mis amigos sobre mi trabajo.

Por último, es difícil hablar de influencias. Es como definir tu identidad, resaltás aspectos, pero en ese procedimiento escondés otros. Supongo que la pregunta me pide que hable sobre aquellas obras que me hubieran gustado que fueran hechas por mí. En cine, La Jetté de Chris Marker. Es un artefacto brillante, tiene el género de la ciencia ficción, pero también la forma vanguardista en que está contada, con esos fotogramas en blanco y negro. En historieta podría decir miles, pero creo que el impacto de leer cuando era chico tanto Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons, como Black Hole, de Charles Burns, y más tarde hacerles relecturas y seguir encontrando nuevos elementos; o Los Combates Cotidianos, de Emmanuel Larcenet, son importantes. Hace poco leí Una historia, de Gianni Pacinotti -(a) Gipi-, me conmovió mucho.

Es muy lindo cuando una obra te sorprende, porque uno ya perdió la inocencia de leer algo sin buscarle los mecanismos a las historias, los trucos. Me acuerdo cuando salió el primer capítulo de El Inivisor de Salvador Sanz, tenía 15 años, leí esa historia de 2 páginas y me impresionó muchísimo. Tenía todos los elementos que me gustan de una historia, fantasía y sexualidad. Tuve la misma sensación con El Hombre Primordial, de Mauro Mantella y Germán Erramouspe. Son dos obras que considero fundamentales.”

Números 7 y 8 del fanzine Difícil que el Chancho Chifle, surgido del Taller de Historieta que Salvador Sanz coordinó en el Centro Cultural Julián Centeya durante casi una década, y en los que Perrotta participó.

Desfigurada, una historia paralela al Desfigurado, de Salvador Sanz, con guión y dibujos de Perrotta, aparecida en el número 8 de Difícil que el Chancho Chifle.

¿Cuál fue el primer fanzine del que participaste y cómo se desarrolló tu trayectoria hasta hoy?

Fenómenos, un desprendimiento de Terror y Ciencia Ficción, apareció en 2006, y fue otro de los fanzines en la producción de Perrotta.

“Cuando iba al secundario empecé a producir páginas para mi primer fanzine, Margen de Error. Era algo amateur, con mucha influencia del manga Seinen de ciencia ficción –Katsuhiro Ōtomo y Tsutomu Nihei-. Era la época de la moda Ivrea de mangas. A los 13 años quedé fascinado por Hans Rudolf ‘H.R.’ Giger, es más, en esa época me hacía llamar Gigerama -era algo así como el engendro de Giger-. Leía muchas novelas de ciencia ficción. Mis favoritos eran Philip K. Dick y James Graham ‘J. G.’ Ballard. En el profesorado conocí a Santiago Mansilla -(a) Santman- y a Emmanuel Enríquez, con ellos formamos Terror y Ciencia Ficción. Hicimos un montón de historietas y muchas nunca se publicaron porque eran a color, o por otros motivos.

Más tarde, los tres fuimos a estudiar guión con Diego Agrimbau. En el curso conocimos a un grupo de compañeros guionistas con ganas de empezar a publicar. Les propuse armar revistas y autopublicarnos, así nació el Hotel de las ideas. Hoy tengo más inquietudes por posicionarme en un tipo de historieta política.”

Terror y Ciencia Ficción, tuvo dos épocas, sus primeros 2 números aparecieron en 2006, mientras que los últimos 2, aparecieron en 2010 y 2012.

Los Gula apareció en el número 2 de Terror y Ciencia Ficción, y formaba parte de una historia más grande que Perrotta desarrolló a lo largo de varios fanzines, con distintos estilos de dibujo.

Perrotta formó parte del curso de guión dirigido por Diego Agrimbau, a partir del cual surgió el fanzine Hotel de las Ideas. Luego de 5 números, el colectivo artístico inició la transición hacia un emprendimiento comercial.

Creer o Reventar, una antología temática autoeditada en 2011, marca el inicio del Hotel de las Ideas como un emprendimiento de carácter comercial. El dibujo de tapa le pertenece a Perrotta.

Tu estilo de dibujo varió muchísimo a lo largo de los años, en tus primeros trabajos, en la época de Margen de error, mostrabas claras influencias del manga; años más tarde, en tu participación en fanzines como Fenómenos y Terror y Ciencia Ficción, tuviste una época muy marcada por la estética de Salvador Sanz; por fin, desde el Hotel de las Ideas en adelante empezás a mostrar una evolución hacia una síntesis más plástica con elementos del cartoon. ¿Este viaje plástico se dio naturalmente o forma parte de una búsqueda consciente? ¿Te llevás bien con tus trabajos más tempranos? ¿Qué cosas te interesa contar en tus historias?

“Los cambios de estilos y materiales son parte de una búsqueda. Tengo una postura más deleuziana. Hay un devenir, un movimiento nómade como autor. Trato de no estancarme en una identidad. Es muy cierto lo que decís, tengo una producción muy variada y me encanta. Me interesa narrar historias de lo marginal. Lo que esté siempre en el borde de lo humano.”

Además tenés una actividad como guionista. De hecho, con Emmanuel Enríquez formas una de las duplas creativas más duraderas del medio independiente, con él hiciste no solo historias cortas, sino también una novela gráfica a color, Lo subterráneo, y tienen una más en camino, Mapudungun. ¿En general, cómo es trabajar en dupla? ¿Y con Emmanuel en particular? ¿De qué tratan Lo Subterráneo y Mapudungun?

Lo Subterráneo, de Perrotta y Enriquez, junto a Contatiempos, de Érica Villar, marcan el ingreso del Hotel de las Ideas en el terreno de la distribución comercial.

Lo Subterráneo habla sobre la tensión entre opuestos -como hombre y mujer-, con tintes sobrenaturales. El título hace referencia a dos textos de freudianos fundamentales: Lo Inconsciente y Lo Siniestro. En Lo Subterráneo traté de agrupar varios conceptos psicoanalíticos. Para el psicoanálisis hay una idea topográfica donde lo que está en la superficie es lo consciente, y lo que está por debajo representa a todo lo reprimido -lo inconsciente-. Eso se ve claro en las casas de Estados Unidos, donde se guarda en los sótanos todo aquello que no se usa pero se quiere mantener como recuerdo -objetos de la infancia, por ejemplo-. Ellos juegan bastante en el género terror con el elemento del sótano, como si se tratara del lugar siniestro de la casa. Ubiqué mi historia en Capital Federal, e imaginé que si en la superficie está todo lo socialmente aceptado, todo lo masculino con sus edificios fálicos, su sol luminoso -el sol es un símbolo masculino/apolíneo de la razón-, y su civilización moderna; por otro lado, está lo subterráneo, lo reprimido, lo femenino/dionisíaco, la oscuridad/luna/lunática, lo instintivo, la cultura primitiva. Me pregunté qué pasaría si todas las mujeres de Capital, hartas de la opresión machista, destruyeran con su pulsión sexual –Trieb– toda la ciudad, y de esa energía destructiva emergiera así algo distinto. Tengo la idea de hacer una segunda parte, llamada Lunática, donde todo es oscuridad. Si Lo Subterráneo pasa entre Flores y Caballito, la historia va a correrse hacia adentro del Zoológico de Buenos aires, en Palermo. Va a ser un interpretación de un texto de Freud llamado, Tótem y Tabú, que habla sobre la horda primitiva.

Las primeras 10 páginas de Lo Subterráneo, la historia fue publicada por primera vez de manera online en el blog Cuadritos, de Andrés Valenzuela.

Mapudungun, con guion de Perrotta y dibujos del siempre talentoso Enriquez.

Con Emmanuel, también hicimos una adaptación a historieta de 48 páginas a color de Hamlet, publicada por Aguilar. Trabajamos armónicamente en equipo. Es un dibujante que traduce el espacio como pocos. Tenemos varias historias por hacer.

Trabajar en equipo es algo que me gusta mucho. Cuando colaboro con alguien esa persona le agrega su personalidad al trabajo. Me siento muy cómodo siendo solo guionista o solo dibujante, aunque también creo que hay historietas muy personales, y ahí uno debería ser autor integral.

Mapudungun es la historia de Nahuel, un mestizo mitad mapuche, mitad winca -blanco-. La leyenda del diluvio mapuche se vincula con el protagonista. Habla de un mito de origen. Tenemos pensado hacer una tercera historia sobre culturas antiguas. Lo subterráneo ocurre en el centro, Mapudungun trancurre en el Sur, y la próxima va a estar ubicada en el norte de la Argentina.”

Además de la ciencia ficción, la fantasía y el terror, tus trabajos siempre tienen un eje en las relaciones interpersonales y afectivas, donde por lo general también tratás temas cercanos a la militancia LGBT. ¿Qué cosas te interesa contar? Y también, ¿cómo ves al medio de la historieta, al que siempre se lo tildó de machista, con respecto a este tipo de temáticas?

Secuencia de El lenguaje de las palomas, con guion de Farías y dibujos de Perrotta.

“Como decía antes, me interesa el borde de lo humano. Eso hay que extrapolarlo a nuestra sociedad. Hay un modelo de humano, es hombre, blanco, heterosexual, cuerdo, universitario, clase media y, agregaría acá, porteño. Todo lo que se vaya alejando de eso pierde grados de humanidad. ‘Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros’, escribió George Orwell en el final de Rebelión en la Granja. Entonces estemos del lado de la minoría, contemos sus historias.

Todos sabemos que la historieta todavía tiene machitos anacrónicos. Los escuchamos hablar sobre las mujeres, gays y trans, lo que hay que hacer es fugar de ahí. Por suerte cada vez quedan menos. Lxs nuevxs autores traen frescura al ambiente. La historieta es un lenguaje muy rico, está en nosotros agenciar diversidades en los personajes.”

Por último, ¿cuáles son tus planes para este 2017 en el terreno de la historieta?

“Este año estoy armando un libro de perfiles de homosexuales argentinos. Varios basados en activistas. Además, tengo un proyecto de temática gay con Facundo Soto de guionista. Por otro lado, estamos armando con Emmanuel y Santman un grupo de historias distópicas. Con cierta impronta en el estilo de la serie Black Mirror, pero buscando un verdadero contenido político -que, creo, la serie no lo tiene, o sea no es un 1984, por nombrar alguna obra de ciencia ficción realmente política-.”

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Carina Altonaga: Relatos al filo de la noche

Carina Altonaga, una artista con talento y capacidad de trabajo.

Si bien Carina Altonaga tiene varios años de trayectoria tras de sí, un paréntesis de varios años hace que hoy se la percibe como una más de las nuevas autoras que en los últimos años han surgido con fuerza, dispuestas a contar historias de género pero con un toque personal y autoral distintivo. Dueña de un talento innato para el dibujo, es capaz de trabajar tanto en solitario, sobre sus propias historias, como en colaboración.

Fecha de nacimiento, edad, y cuándo dibujaste tu primera historia.

“Nací el 9 de Febrero del 76, tengo 41 años. Siempre me gustó dibujar, de chica dibujaba mis cuentos, que de a poco se convirtieron en historietas. Estudié varios años en Bellas Artes, aunque fui una estudiante complicada, ya que en las clases de dibujo me aburría muchísimo y nunca tenía los trabajos que pedían, quería aprender a hacer historietas, que es mucho más que dibujar, es poder contar historias, agregarle movimiento a mis dibujos.”

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas? ¿Qué géneros te interesa trabajar y qué historias te gusta contar?

Número uno de Papel Pesado, editado por Fabián García en 1994, donde apareció la historieta Bajo el Signo del Mal, el primer trabajo de Carina.

“A los 16 años, mientras cursaba diseño gráfico en la EMBA de Quilmes, conocí a Oscar Capristo, que daba historieta, aprendí muchísimo siendo su ayudante. Él me enseñó a amar esta profesión en sus clases, en una época muy distinta en lo que se refiere a la elaboración. Era un trabajo arduo, no existían los programas de diseño. Generalmente hacía mis propias historias, si bien había hecho algunas pruebas con guiones pero no quería trabajar así, era muy cabeza dura.

La primera historieta que llegó a mis manos fue a los ocho años, Vampirella, y después la Creepy y The Crow, creo que fue lo que más me influenció al comienzo, no sólo por lo gráfico sino también en los temas que me interesaba trabajar. Siempre compré libros de historietas por los dibujos, por los dibujantes que me gustaban, de ahí que el realismo es el estilo gráfico que más me gusta. Durante años trabajé sólo blanco y negro, y de la forma tradicional, mucho rotring, pincel y tinta china, el color me demandaba mucho tiempo, así que iba alternando con grises.

Creo que los temas en la historieta argentina nos mantenían a las mujeres en general, ya sea lectoras y dibujantes un poco apartadas, ahora veo que se abrió más el juego: son más las chicas que hacen historietas, no sólo ilustradoras. En mi caso, elegí hacer género de terror, porque fue lo que siempre me atrajo, crecí en un hogar donde se contaban muchas de esas historias, es lo que más consumo y de lo que me gusta escribir.”

Las ocho páginas de Bajo el signo del mal, con guión y dibujos de Carina Altonaga.

Uno de tus trabajos más viejos fue para el fanzine Papel Pesado, de Fabián García ¿Fue ese el primer fanzine del que participaste? ¿Cómo fue aquella participación en Papel Pesado? Después hay un bache bastante grande hasta que aparecés en el blog de La Duendes, ¿Cómo te uniste al colectivo y cómo es la dinámica de trabajo con ellos? También, ¿qué trabajos presentaste en el blog?

Malvinas y Crónicas del Hombre Frío, dos publicaciones de La Duendes, en donde Carina colaboró de la mano del guionista Pablo Barbieri.

“Sí, el primer fanzine fue Papel Pesado, a principios de los noventas, ahí colaboré por primera vez en una revista. Algunas urgencias económicas hicieron que abandonara el camino de la historieta y probara trabajando de otras cosas, aunque a la larga fue peor porque tampoco podía dejar de dibujar horas y horas por día, aunque fuera para mí.

En ese momento, no existían las redes como hoy, por lo tanto, presentar tus trabajos y generar continuidad no era fácil. Con los años fui haciendo mucho material, pero no lo intentaba publicar, cuando apareció Internet me fui conectando poco a poco y haciendo mi blog para incluir mis trabajos, mandando a algunos blogs de cómics también, como La Duendes. Ahí me subían una página completa por semana, o alguna ilustración, y pude incluir cosas que nunca había presentado, algunas historias de terror que transcurrían en distintas épocas en Buenos Aires, sobre la fiebre amarilla, de vampiros y esas cosas.

Fue una excelente propuesta, y conocí mucha gente, entre ellos a Pablo Barbieri. Con él hicimos un par de trabajos de pocas páginas en La Duendes. Nos llevamos muy bien trabajando juntos, yo le pido un tema y en seguida nos ponemos a trabajar. También al mismo tiempo, se publicó un trabajo con Damián Connelly, Severina, una novela de terror gótico-erótico, el tema era el amor y el canibalismo, también me gustó mucho hacerla.”

Judith, con guion y dibujos de Carina Altonaga, una de las historietas publicadas en el blog de La Duendes.

A través de La Duendes, formaste dupla artística con Pablo Barbieri, con quien, después de algunas historias cortas, hiciste una obra de envergadura, por su extensión -96 páginas- y su temática, El petiso orejudo. ¿Cómo surgió la idea? ¿Cuánto tiempo les llevó terminarla? ¿Cómo manejaste la ambientación histórica? Y también, ¿qué repercusión tuvo en los lectores?

El petiso orejudo, de la dupla Barbieri – Altonaga, publicado por Loco Rabia en 2016, una de las obras más interesantes de los últimos años.

“El proyecto me lo acercó Pablo. Venía investigando el tema hace años, y juntó un sin número de datos totalmente inéditos hasta hoy. También así llegó a derribar muchas versiones falsas o exageradas sobre la vida de este personaje. Pablo prefiere hacer historietas de contenido biográfico, de documentación, así que por trabajos previos pensó que teníamos que hacerla juntos. Sin embargo, yo tenía mis dudas de hacerla en un principio, no por situarse en principios de siglo 20, ya que las historias de época son mis preferidas, sino el problema para mí estaba en la forma de contar gráficamente hechos tan aberrantes con niños, así que intenté dar un enfoque distinto. Sabía que era imposible evitar imágenes fuertes, después de todo, es un personaje de culto, y como tal, sus seguidores estarían buscando el detalle, lo que siempre habían leído, entonces el límite entre lo morboso y lo documental era muy delgado.

De referencia, usé fotos de archivo y hasta los informes forenses de los peritos psiquiatras que intervinieron. Tuvimos que recurrir a la imaginación y al contexto para armar algunos personajes secundarios, pero en el caso de los fondos si bien se utiliza cualquier foto de esa época de referencia, en su mayoría, usé fotos de los expedientes reales , y hasta alguna se encuentra entre las páginas del libro, esas primeras fotos que forman parte de nuestra historia de la criminalística, los comienzos en el sistema de identificación de Vucetich y la criminología utilizando los estudios antropométricos -las medidas del cuerpo-, para determinar la predisposición a un crimen de una persona. La novela completa llevó tres años en total, con algunos contratiempos.

Una página de El petiso Orejudo.

En principio, la hicimos en blanco, negro, y grises, pero después me animé a pasar a color algunos capítulos para presentar en distintas editoriales. Por mi parte, fue la primera vez que hice un trabajo tan extenso, mis guiones siempre andaban en las 40 o 50 páginas. Apenas salió publicada fue muy bien recibida por los lectores, no solo por los comiqueros, sino por gente fan de este personaje. Hasta en la feria del libro se nos acercó una descendiente del petiso –Cayetano Santos Godino-, y nos hizo una linda devolución una vez que la leyó con la familia, cosas de ese estilo nos pasaban muy seguido, fue muy loco.”

Con Pablo, ahora hiciste Al Otro Lado, donde incorporaste color a tu obra. ¿De qué se trata la historia? ¿Hay posibilidades de publicarlo en nuestro país?

Al otro lado es también una novela gráfica, volvemos a usar el formato porque nos sentimos con mayor libertad a la hora de armar varios personajes con historias más complejas que se entrecruzan, también volviendo al terror, donde Pablo plantea la influencia de las brujas en distintas culturas y épocas. Tiene un poco de todo, aventura, erotismo y ficción, me dio la posibilidad de poder hacer varias ambientaciones y jugarme del todo por el color y el dibujo digital. Tomé clases con un amigo colorista, buscando mi propio estilo, y un trabajo integral entre la línea y el color. Son cosas que siempre había querido hacer desde lo gráfico, y la historia te va llevando a distintos escenarios, en el medio también fueron surgiendo personajes que podrían tener continuidad en el futuro. Me trajo mi primera experiencia internacional ya que uno de sus capítulos de publicó el pasado 28 de marzo en la emblemática revista española Cthulhu, que ofrece una puerta al mercado europeo; esperamos que se llegue a publicar acá, aunque supongo que es un poco difícil por la falta de editoriales con capacidad de financiación ya que esta producción es en color y los costos son otros.”

Gualicho, una de las historias que integran Al otro lado, la nueva producción de la dupla Barbieri – Altonaga, todavía inédita en nuestro país.

Vos tenés varias historietas donde te hacés cargo tanto del guión como del dibujo, ¿cómo te sentís más cómoda, trabajando en solitario o con un guionista? ¿Qué desafíos tienen ambas formas de trabajar?

“Desde siempre, mi meta fue escribir mis propios guiones, abarcar los temas que me gustan, pero también tiene sus pormenores, a veces te repetís, o evitás dibujar lo que no te hace sentir tan seguro, y simplemente tenés tus cuelgues, momentos donde no se te ocurre nada. Trabajar con un guionista presenta otros retos, te obliga a hacer cosas nuevas, y es un trabajo en equipo, por lo tanto debe existir una química para trabajar, entenderse en lo gráfico y la historia que quieren contar, enriquece tu trabajo y se aprende mucho de la visión del otro. Hoy me siento cómoda trabajando de las dos formas, pero sí busco siempre historias relacionadas al género de terror o misterio.”

Además de historietista, sos madre y esposa, ¿cómo manejás tus tiempos entre lo que te gusta hacer con las responsabilidades? Por último, ¿cómo ves el panorama actual de la historieta? ¿Le augurás un buen futuro? ¿Por qué? Y también, ¿cuáles son tus planes para este 2017 en este terreno?

Detalle de otros de las historias que incluye Al otro lado, donde se puede apreciar el buen uso del color de Carina.

“Realmente no es fácil esta profesión para las mujeres supongo, por las horas que demanda sentada en un tablero. Tengo otro trabajo y no me queda mucho tiempo, mis hijos son muy chicos y demandan mucha atención. Improviso bastante en mi casa, seguramente no es lugar más ordenado del mundo, pero también me ven dibujar en distintos horarios y saben que es mi trabajo, no necesito que se vayan a la cama para concentrarme, cocino y dibujo al mismo tiempo, hago las tareas con ellos mientras estoy terminando una tapa, estoy acostumbrada a eso, a no esperar la ocasión y el momento de inspiración, sino que todo sea parte de la rutina. Mi marido se dedica más a la plástica, a la pintura y escultura, así que fue él el que más me incentivó a que presente mis laburos y siempre me acompañó en esto.

Hoy veo el escenario un tanto complicado para la historieta, por los recientes cierres de editoriales y revistas para publicar y por los costos para hacerlo de manera independiente. Lo ideal sería volver a los kioscos de revistas, mucha gente no tiene acceso a ella porque no frecuenta convenciones o comiquerías, son lugares demasiado especializados, dejan a la historieta sólo para entendidos, cuando siempre fue parte de nuestra cultura. Sumado a las nuevas tendencias políticas de recorte en recursos para el arte y la cultura popular, me imagino que el panorama se va a volver más crítico aún, menos lugares para publicar y convenciones donde dar a conocer nuestro trabajo. No quiero sonar pesimista pero se va achicando el círculo y terminan siendo muy pocos los que puedan vivir de este hermoso oficio acá, y sólo algunos los que logren publicar en el exterior como en el pasado. Creo que veníamos desandando ese camino, es una lástima. Tal vez haya que ir dejando el papel y volcarse a otros formatos. Este año estamos terminando algunos proyectos con Pablo, alguna novela con guión propio también, esteremos presentando el material en varios lugares. Mucho para hacer.”

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Leo Figueroa: Ficciones del séptimo hijo

Leo Figueroa, uno de los nuevos actores en la escena de la historieta.

Leonardo Figueroa, es otro de los nuevos guionistas en la cada vez más pujante escena independiente de la historia argentina. Desde su aparición en 2012, ha sabido dar más de un personaje interesante cimentado en argumentos sólidos. Hoy, integra los colectivos Babel Diversidad Editorial, Vendetta Ediciones y UMC Comics, además de promocionar la historieta argentina desde su librería especializada, Hocus Pocus. Lo que se dice un jugador de toda la cancha.

Fecha de nacimiento, edad, y ¿cuándo hiciste tu primera historieta?

“Nací a los 16 días del mes de noviembre de 1970. Mi primera historieta, de ‘forma profesional’ por llamarla de algún modo fue tardía, para el 2012 más o menos, NN junto con Martín Giménez. Anteriormente hice muchas, de estilo humorístico, cuando era adolescente pero, más bien, eran para divertir a mis amigos -casi siempre ellos eran los protagonistas-. Algún día debería reciclarlas.”

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas? ¿Qué géneros te interesa trabajar y qué historias te gusta contar?

NN, con guiones de Figueroa y dibujos de Giménez . Más tarde, el personaje daría pie a Giménez -ya en solitario- para el desarrollo de PETS, un universo superheroico autóctono.

“Estudié Letras en la UBA. En Historieta hice un curso en la EAH -Escuela Argentina de Historieta- y otro en el Centro Cultural Ricardo Rojas, también tuve oportunidad de asistir a las clases y charlas que da Eugenio Zappietro -(a) Ray Collins-.

Influencias literarias tengo muchas, así como también del palo de la historieta. Pero no solo eso, también estoy influenciado por las series de TV y el cine -calculo que a la gran mayoría de esta época le pasara también-. He leído de todo, de cualquier género, pero obviamente me gusta la ciencia ficción, el horror, lo fantástico. Fui un gran lector de fantasía épica también, me gusta mucho, pero no para aplicarla a una historieta -de hecho, estoy escribiendo una novela de fantasía-. En cuanto a autores te podría nombrar a Julio Verne, Howard Philip Lovecraft, Jorge Luis Borges, Roberto Arlt, Stephen King, Clive Barker, Anne Rice, también, los capos del policial negro… Y en cómics, voy a caer en lo obvio pero mis influencias vienen de tipos como Grant Morrison, Neil Gaiman, Chris Claremont y Alan Moore. También, me gustaba mucho Alan Grant. Del ámbito local, Robin Wood, Ray Collins, Carlos Sampayo, Ricardo Barreiro

Darkcat, otro superhéroe argentino, de la mano de Figueroa, Urich y Goldstain.

En cuanto a los géneros, me gusta probar de todo, en UMC hago superhéroes; en Lobizón hago una mezcla de todo, horror, policial, superhéroes; tengo un par de guioncitos de terror que pronto verán la luz; escribí un policial para 14 Muertos de V von E y Juan Pablo Massa, aun inédito. También, he escrito ciencia ficción, no tengo un nicho definido. A mí, principalmente, me gusta contar historias que entretengan, no es mi prioridad bajar líneas o hacer moralina. Lo primero es una historia que entretenga, si en el medio puedo deslizar algún mensaje lo hago, pero no es la prioridad. Donde más cómodo me siento, de todas formas, es en la historieta de género.”

¿Cuál fue el primer fanzine del que participaste y cómo se desarrolló tu trayectoria hasta hoy?

Una secuencia de Darkcat, a todo color.

“Yo entré a esto de ‘viejo’, no participé de fanzines, salvo alguno que hicimos con mi primo -muy buen dibujante pero que no se dedica a esto-, que quedó ahí en la nada. Lo hacíamos más para divertirnos entre nosotros que con ánimos de publicarlo. Mi trayectoria es breve: Arranqué con NN, luego tuvieron confianza en mí los chicos de UMC para hacer los guiones de Darkcat -y a partir de los números 3 me encargo también de Sol de Plata y X-, y por fin, formamos Vendetta Ediciones con otros dibujantes y guionistas que nos conocimos en UMC, donde publicamos Lobizón y El Antro -una revista digital que para la primera edición de este año de Dibujados sale en papel- y Aquí Viene Vendetta.”

En 2013 participaste del primer número de NN, y luego desapareciste un buen tiempo hasta aparecer de nuevo con Lobizón. ¿Cómo fue trabajar con Martín Giménez? Y también, ¿cómo surgió Lobizón?

Lobizón, la creación de Figueroa y Urich, que sorprende por el buen desarrollo argumental, la calidad de los diálogos y lo potente del dibujo.

“Sí, el lapso entre NN y Lobizón fui abducido por extraterrestres pero no puedo contar detalles… Hablando en serio, mis obligaciones laborales y personales de aquel tiempo no me dejaban mucho tiempo para poder dedicarle a la historieta, así que tuve que hacer un impasse. Laburar con Martín Giménez es genial, porque es un motor de ideas y es un tipo que tira para adelante siempre. No para -aunque eso puede ser perjudicial para tu salud mental, ja, ja-. Lo conocí en el curso de la EAH y ahora somos muy grandes amigos.

En cuanto a Lobizón, básicamente soy fanático de los licántropos y tenía ganas de contar una historia de hombre lobo pero no tan a estilo yankie sino metiéndole cosas de acá. Y nuestros hombres lobos son los lobizones. De modo que, partiendo de la leyenda local arranqué la historia, desvirtuando un poco el concepto del mito para que tuviera coherencia en lo que quería hacer. Al principio por ahí, la historia tiraba más para el lado del horror, pero a medida que la fui revisando y corrigiendo terminó en esta ensalada que mezcla varios géneros: el terror, el policial, lo fantástico.”

Hoy estás involucrado con Vendetta Ediciones que publicó una muy interesante antología homónima en papel y otra en soporte digital, El Antro. ¿Cómo surgió el grupo y quiénes lo integran? ¿Cuáles son las historias que traen las revistas?

El Antro y Aquí viene Vendetta, las dos primeras publicaciones de Vendetta Ediciones.

“Vendetta está conformado por Evelyn von Eckenbrecher -V von E-, Gus Pereyra, Juan Pablo Massa, Emiliano Urich y un servidor. Los dos primeros guionistas, al igual que yo, los otros dos dibujantes. Nos conocimos trabajando para UMC y pegamos buena onda, tenemos gustos similares en cuanto a historieta y, hablando, un poco en broma un poco en serio surgió la idea de formar la editorial para sacar nuestro material y en un futuro, tal vez, editar a otros y nos mandamos. Aquí viene Vendetta es como una presentación en sociedad de los integrantes, presentando historietas de cada uno que, en un futuro saldrán en librito de forma independiente. Está el capítulo 0 de Lobizón, dibujado por Urich -su dibujante oficial-, la presentación de Bola Ocho de V von E y Juan Pablo Massa, una historieta de acción en el mundo del catch; Ángeles Descarriados, de Gustavo Pereyra, Gustavo Jimenez y Logan Nuñez: chicos de un colegio, perteneciente cada uno a una tribu urbana diferente que deben juntarse y armar una banda de música para una competencia inter-escolar; y Normal Man de Emiliano Urich, un personaje que pertenece al universo de Claroscuro, un superhéroe gay en clave de comedia que publicamos en El Antro.

Una secuencia de Barathrum, de Figueroa y Massa.

En El Antro, justamente, está Claroscuro; Barathrum, una de ciencia ficción steampunk, y terror ambientada en la Primera Guerra Mundial, con guiones míos y dibujos de Juan Pablo Massa. También está La Cruz de Oro, de Gustavo Pereyra y Gustavo Jimenez, un wenstern con zombies y magia negra. Además hay entrevistas, en el caso del número uno, a Emilio Balcarce y un cuento breve de V von E.”

Además, vos tenés HocusPocus, una librería que tiene una sección especializada en Historieta Independiente Argentina. Estando del otro lado del mostrador, como ves al lector de historietas actual, ¿está enterado en lo que se edita? ¿Responde a las recomendaciones acerca de qué leer? Hay ediciones que ‘venden bien’, por decirlo de alguna manera?

“Es todo un tema. La verdad que la historieta argentina, fuera de lo que es un lector especializado, se vende a cuenta gotas. Los pibes vienen a comprar Deadpool y si les recomendás algo argento te miran y te dicen: ‘Puede ser que más adelante les dé una oportunidad’. Algo curioso que noté es que, a la hora de revisar las bateas, las que contienen material nacional las puentean casi como si fueran invisibles. Uno se toma el trabajo de indicarles que en esas bateas que se saltearon hay buen material, a veces resulta, muchas veces no. De todas formas, hay gente que viene específicamente a buscar historieta argenta. Por otro lado, es mi pensamiento que si uno hace con el material de acá, lo mismo que pasa con el material yankie: se los mostrás bien delante de la jeta, tenés presencia de publicaciones nacionales, seguís incorporando títulos, a la larga la gente termina comprando, porque lo ve, llega a saber que existe. Por más que no se vendan, a las publicaciones nacionales no las escondo en un rincón, trato de mantenerlas en las primeras bateas, lo exhibo en los estantes, que se vea bien la tapa, las voy rotando en la vidriera. En cuanto a los ‘bestsellers’ está pareja la cosa, destacan los clásicos obviamente, cosas como El Eternauta, Dago, Sudor Sudaca, Ciudad… Sanz vende bien. Y el resto, digamos de lo que es edición independiente, está parejo. Lo que sí, estoy en San Telmo y hay bastante turista. La gran mayoría del comic nacional se lo vendo a extranjeros: chilenos, españoles, colombianos.”

Capítulo presentación de Lobizón, es de destacar la habilidad de Urich para manejar los escorzos y el dinamismo de la puesta en página.

Por último, ¿cómo ves el panorama actual de la historieta? ¿Le augurás un buen futuro? ¿Por qué? Y también, ¿cuáles son tus planes para este 2017 en este terreno?

“El panorama es raro. Por un lado, parece ser que este año se multiplicaron los eventos a nivel país, chicos y grandes. Eso está genial. Por otro lado también ves que la gente sigue editando y sacando cosas, y la calidad cada vez es mejor. Pero en término de ventas no sé como vendrá. El año pasado fue ajustado, y todo hace pensar que este año lo será más. Por la iniciativa de la gente, editores y autores independientes, creería que hay un futuro auspicioso. El gran signo de pregunta es cómo trascender más allá del lector habitual.

Los planes para este año son: sacar en papel El Antro para la primera Dibujados; luego sale Lobizón 2 y me encantaría sacar para la CBB el número tres que cierra el primer arco. Se viene El Antro 2 digital y algún título más en cuanto a Vendetta. Por otro lado estoy preparando una serie de historias cortas de terror, ojalá pueda sacarlas este año y estoy armando un proyecto, que será un libro, basando en el Martín Fierro pero llevado a un futuro decadente. Luego, con el amigo Martín Giménez, estamos embarcados en el crossover entre Luc -su personaje de PETS- y Lobizón con la colaboración de varios grandes dibujantes. Y por supuesto, sigo con los guiones para UMC.”

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El fanzine que no fue

Entré al Bajo Tierra pagando 1 peso de bono contribución. La primera sensación que tuve fue que la sede de la CTA estaba medio sucia, como si tuviera una fina capa de tierra en el piso. Dadas las circunstancias, creo que también, había olor a tóner. Atravesé el pasillo y di al salón, a la izquierda había una mesa-tablón con un montón de revistas. Antes de acercarme, vi como un muchacho le promocionaba a una familia desprevenida su ‘hombre hormiga’ -o algo así-. La mesa-tablón rebalsaba de publicaciones, pero no me interesaban demasiado, yo había ido por las Catzole -una semana antes Salvador Sanz me había vendido 2 números en una cola del Centro Cultural Ricardo Rojas, y quería más-. Detrás de la mesa, con la campera puesta y sentado medio displicente, estaba un petiso que se hacía el internacional y pretendía dibujar mientras hacia chistes con voces raras. Compré unos fanzines. Sin hablarme, el petiso me extendió un pedazo de papel -tamaño foto carnet- donde decía que se venía el número 6 del Kamikaze. Así conocí a Sebastián Ramseg.

El segundo encuentro fue en otro evento, no recuerdo cual, y tampoco recuerdo haber visto a Ramseg, pero sí que compré el mentado número 6. Kamikaze trataba de un asesino a sueldo que, ayudado por el sordo y bizco Exquisita, se dedicaba a aniquilar personajes famosos del cómic. Pero en este número, regresando en avión al país, se enfrentaba a un complot de los más celebres personajes del AHI para dar fin a su vida, así se topaba con Raúl y Kakto de Morón Suburbio, con el Niño Malcriado, con El Buche, con Buitre, con Desfigurado, con Cándido, y varios más. El asunto es que Ramseg dibujaba más que bien y los diálogos generaban risas, Kamikaze era una buena historieta. En la revista figuraba un número telefónico, llamé y me atendieron, acordamos un punto de reunión, el Burguer King de Corrientes y Callao. Ramseg llegó último, había citado a dos potenciales compradores, uno era un fanático del Cazador, el otro era yo. El petiso ya no era displicente, sino un tipo afable, energético, ocurrente, lleno de bromas, me cayó más que bien. Esa tarde me pasó los especiales Kamikaze 1 y 2, Kamikaze 3 y 4, y el Especial Navidad. O sea, todo Kamikaze hasta el momento.

A partir de ahí, Seba fue una de las mejores cosas que te podía pasar en un evento, acercarte a charlar, matarte de risa con sus comentarios, ver en lo que estaba trabajando, nunca te aburrías. Le perdí un poco el rastro después del cacerolazo, la escena independiente entró en hibernación y Seba ya no hizo fanzines. Se dedicó a la animación, donde le fue más que bien. Y cada tanto hace historieta. Formó una familia, con la fortuna de tener a una chica que lo apaña en su pasión desmedida por Star Wars. Me lo crucé por última vez de casualidad, cuando coincidimos en tiempo y lugar mientras buscábamos libros y revistas. De esto hará -fácil- 10 años. Pero antes de ese encuentro, allá por el 2004, lo llamé para proponerle subir a internet una historia de Ringo Kamikaze, la última que Seba había publicado justo antes que la Argentina se fuera al descenso, Kamikaze y Exquisita. Ahí me enteré que la historia no estaba completa, que tenía otro final, jamás publicado. Escanée los originales, los letreé y los archivos -por esas razones de la vida- durmieron cuando el proyecto quedó en la nada.

Hace poco encontré los viejos archivos, les pasé un poco de lustre a y los compilé. Se me dio por recuperar este ‘fanzine que no fue’, y le puse un título que arrimara lo más posible al desparpajo de antaño, ‘Kamikaze y Exquisita lo hacen de nuevo’. Vaya este recuerdo para un tipo con talento infinito y al que -muchos de los que fuimos sus lectores- extrañamos.

Este es el link de descarga.

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Paula Andrade: El camino del Manga

Paula Andrade lleva casi 15 años haciendo historietas, hoy, junto a Lu Quintana, maneja el destino editorial de Gutter Glitter.

Sin proponérselo, Paula Andrade terminó por convertirse en la pionera de una nueva generación de autoras que arribaron a la historieta para explorar sus posibilidades, escribiendo y dibujando historietas de género con una fuerte impronta personal. Desde la primigenia Gomorra hasta la actual Amnistía, su obra recorre el imaginario fantástico y mitológico.

Fecha de nacimiento, edad, y ¿cuándo hiciste tu primera historieta?

“4 de Enero, 35 años. La primera historieta la hice alrededor de los 12 o 13 años, en la época de la serie animada de X-Men en los 90. La serie era de superhéroes y, como casi todos mis trabajos, se trataba de alguna escena donde la gente charlaba de todos los problemas que tenían entre ellos y de batallas pasadas. Creo que había una fiesta también. Habían muchísimas fiestas en los cómics de los 90.”

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas?

“¡El linaje artístico! A veces nos portamos como clanes con el tema ‘maestros’, algo probablemente heredado de la pintura. Mis primeros estudios fueron con Fernando Centurión -de los 15 a los 19 o 20, cuando que me dijo que era hora de dejar el nido-. Mi ‘posgrado’ fue el curso de Quique Alcatena -cuya obra conocí gracias a Fernando-, al que tengo la fortuna de considerar amigo y mentor.

Tal vez la obra más esquiva de Paula, por lo inhallable y lo atípico del formato, es Sedna, basada en la mitología Inuit.

Influencias, acá es donde empiezo a ser una historietista bastarda, vienen de todos lados y siempre se agregan más. Voy a tratar de mantenerme en las influencias permanentes: Masami Kurumada y Shingo Araki, porque Saint Seiya es la vida misma. Quique Alcatena, por supuesto. Kazuma Kaneko, por stylish y mitológico, siguiendo con el manga, Hiroaki Samura, Hirohiko Araki, Q Hayashida, Naoki Urasawa, Hagio Mōto y Jo Chen. Saliendo del manga, los pintores del renacimiento -¡figura humana por doquier!-, arte religioso, diseño japonés y finés, y muchas cosas más. También, los videojuegos, me encantan muchísimos diseñadores de arte de videojuegos. Trato de aprender de todo lo que de alguna forma me llama la atención. A nivel literario, Robert Graves, Bernard Cornwell, China Miéville y John Banville.”

¿Tu irrupción en el panorama de la historieta independiente fue con Gomorra, cuando integrabas el Midgar Studio? Gomorra tuvo una recepción inusitada por parte del público, en un momento muy difícil para el medio, ¿Cómo fue la experiencia y de qué trataba la historia?

Entre 2003 y 2005, se dio el recorrido editorial del Studio Midgar. Los tres números de Gomorra, fueron uno de los grandes hitos del fanzine en el nuevo milenio, post derumbe económico de la argentina.

“En ese momento era, de alguna forma, nueva en ‘el medio’. Empecé a participar en eventos al mismo tiempo que empecé a producir material, así que el contacto fue en paralelo. Me es imposible analizar la situación del medio en ese momento, o cuán difícil era comparada con otros momentos anteriores a los que desconozco -más allá de las dificultades relacionadas con el momento socio-político y económico del país-. ¿Podemos acaso hablar de un ‘momento difícil para el medio’? Es un país difícil, eso trasciende a la historieta -y la afecta-.

Dentro de mi experiencia, no fue un momento difícil a nivel de mis primeros proyectos editoriales. Gomorra fue parte de todo un zeitgeist que tal vez ‘el medio’, en ese momento, negaba. Era la explosión del manga. Empezaban a haber eventos relacionados con anime y manga, gestionados por fans, que ampliaban la oferta de eventos vinculados con la narración gráfica. Empezaba a posicionarse internet a pleno como medio de comunicación y difusión. Había un gran número de nuevos lectores cuyos intereses se salían del circuito del cómic europeo y norteamericano y las narrativas que ambos mantenían, y una búsqueda de identidad estéticamente diversa en los grupos de adolescentes.

Gomorra tuvo además tres ediciones en prosa, que exploraban distintos aspectos de su universo narrativo. Sadomasochism fue escrito e ilustrado por Paula.

Gomorra fue parte de la camada de fanzines que venía de ese caldero creativo, y su difusión fue por esos canales, por los eventos de anime y manga -y por internet, a la que ya utilizaba con anterioridad- como herramienta para compartir mis trabajos e intereses. La historia en un principio era una hidra de conceptos, bajo una estética gótica compartida y un universo expandido virtual. Para mí fue un experimento en priorizar la trama por sobre los estilos de dibujo -de ahí que fuese una misma historia y tuviese varios dibujantes-. Era un experimento por todas partes, con un total de un poco más de 3.000 copias entre sus tres números prácticamente agotados, para los involucrados fue un primer paso en esto de editar, y me dejó un grupo de lectores que aún acompañan mi crecimiento y exploración creativa, algo por lo que los aprecio muchísimo.

La experiencia fue hermosa, demandante, mucho más grande de lo que hubiese esperado -incluyendo mucho trabajo, más del esperado-. El ‘cómo’ se aprendió en el camino, y claramente desterró cualquier posibilidad de miedos o dudas a autoeditar. Contar historias, para mí, empieza con la idea y termina cuando está disponible para un posible lector. Es un proceso complejo, difícil y bello, que implica muchísimo tiempo, a lo que puede ser que esa primera experiencia, ese tremendo monstruo de aprendizaje en el DIY editorial que fue Gomorra, me haya vuelto adicta.”

Después de Midgar, formaste parte de Moirae, donde sacaste Berwick y participaste en algunas obras conjuntas, como Freakshow y Scared of girls. De nuevo, ¿cómo fue la experiencia? ¿Cuánto duró y -porque de alguna manera pertenece a Gomorra- en qué parte de ese universo ubicás a Berwick?

Scared of Girls y Berwick, las dos primeras pulbicaciones del grupo Moirae.

Moirae fue breve pero feliz. Me había alejado del medio por razones personales, y lo extrañaba muchísimo, así que fue el momento del regreso. También fue un cambio del grupo de trabajo, como del ambiente, menos efervescente y más consolidado -el desencanto de la madurez, ja-. Y otra vez, fue medio un experimento. Freakshow me sigue pareciendo un fanzine re-lindo, a nivel concepto. Todo lo que armamos para Moirae tiene lindos conceptos. En el equipo todas teníamos un par de años produciendo fanzines encima, y me parece que estábamos en búsquedas personales de ver a dónde queríamos llevar lo que hacemos, y a nuestras propias vidas. Moirae sirvió de bisagra.

Berwick, es la historia de una aprendiz de mago, en pocas páginas Paula plantea una historia rica en posibilidades.

En sus páginas se asomó Berwick, que pasa en una ciudad –Misthaven-, en el mismo continente donde pasó a estar ubicada GomorraIleto-. A diferencia de ésta última, en lugar de estar plagada de grandes fuerzas, está llena de fantasmas y fenómenos sobrenaturales menores, dando lugar a conflictos más ‘cotidianos’ en comparación. En el primer número de Monsterland, incluso, una de las primeras escenas se desarrolla en la ciudad donde habita Berwick y compañía. De alguna forma muchas de mis historias se fueron, con los años, mudando al mismo continente. Permite poner el foco en los personajes.”

Encontraste tu hogar creativo en Gutter Glitter, el sello que conducís con Lucila Quintana. Pocas veces se vio tanta sincronía de trabajo entre dos socios ¿Cómo nació y cómo es tu experiencia de trabajo con Lucila? ¿En qué sirvió editar la antología Psychopomp para construir su plataforma editorial? También, con Oveja Negra recopilaste muchos de tus trabajos desde 2008 en adelante, ¿qué significa para vos tu primer libro en solitario?

Freakshow, una producción en conjunto de Moirae, conjuga la ilustración y la narrativa, donde los integrantes de un circo de fenómenos se describen en primera persona.

“La versión breve es que estaba editorialmente sin hogar, Lu quería hacer cuadernos con mis ilustraciones, y vimos que los costos para hacer un libro eran similares, y nos gusta más hacer libros. También quería tener un rincón que fuese más firme que los proyectos colectivos anteriores. Gutter es una editorial, no es un colectivo de artistas. Esa fue la forma en que encaramos esto desde el día uno.

Aprendí mucho de los proyectos anteriores, y uno de los mayores aprendizajes fue que trabajar en equipo es difícil, más aún cuando el concepto de lo que se está haciendo es diferente para los involucrados; y es uno de los primeros factores que pueden terminar hundiendo un proyecto. Es de esperar -y algo a disfrutar como proceso de crecimiento-, cuando se empieza, el ‘¡somos todos artistas, hagamos un libro!’. Pero cuando los proyectos empiezan a volverse más complejos y demandantes, es necesario que el equipo esté dispuesto a tomar el peso de esa demanda. Es necesario un grado de consciencia, autogestionar no se termina cuando las páginas de historieta están dibujadas. El paso de ‘proyecto entre artistas’ a ‘tenemos una editorial’ es posible, pero implica otra forma de trabajar y pensar las cosas. Los factores a considerar -el tipo de trabajo- entre crear una obra y editar libros, son muy diferentes. Disfruto hacer ambas cosas, pero no creo que sea algo particularmente necesario para un autor. Es lo lindo del mundo creativo, cada uno elige desde dónde y cómo lo encara, y una de las ventajas que tiene el ambiente local de la historieta, es que se puede hacer lo que se quiera y como se quiera. El espacio para la experimentación es inmenso.

Brauronian, un fanzine, de gran impacto visual, con varios artistas invitados.

Sí creo que es una pregunta válida -y que un autor tendría que considerar en el momento de pensar un proyecto a mediano plazo-, ‘¿Voy a querer atender stands mínimo un fin de semana por mes? ¿Voy a querer pensar en la difusión y distribución de este libro? ¿Ver cómo hacerlo llegar a los autores? ¿Voy a querer tener que manejar todos los aspectos editoriales?’. Es un compromiso. Siempre está la opción de enviar la obra a un editor y no tener que manejar esos temas, de no desearlo. Autoeditar no te hace más o menos historietista.

Sobre la sinastría en el equipo… Lo genial de trabajar con Lu es que nos apoyamos mutuamente en nuestros proyectos, ya sean las novelas, las historietas o lo que se nos ocurra, dándonos libertad plena para concretarlos, sumado a que a ambas nos gusta lo que hace la otra, y que nuestras personalidades se complementan bastante bien. Agregaría que ambas nos aburrimos con facilidad, y siempre hay algo que hacer y aprender al tener una editorial. Cada proyecto es un experimento con nuevas dificultades. Para gente que repite todo el tiempo ‘¡tengan cuidado a la hora de armar su equipo de trabajo!’, somos una ternura de amistad.

Las tres páginas iniciales de Brauronian, una historia basada en el culto ctónico al oso pardo.

Psychopomp fue el primer proyecto que sacamos como editorial. Con Brauronian, un fanzine que había sacado antes, pude convocar a otros artistas cuyo trabajo adoro. Cuando dijeron que sí, mi corazón estaba a mil. Psychopomp fue llevar eso a un nivel más alto, y además en el formato que a nosotras nos gusta. Ambas somos lectoras, ante todo. Queríamos cuentos, queríamos ilustraciones, queríamos historietas, todo en un mismo libro, con la temática como unión. Nos gustan las historias, cómo están contadas, que sean en prosa o historieta, nos es secundario.

Como primer proyecto, fue con el que aprendimos cómo armar libros y desarrollamos habilidades de editoras. Además, como autora, me di el enorme gusto de poder publicar junto a autores con los que jamás hubiera imaginado que iba a estar compartiendo libro, y poder conocer a otros a través de las convocatorias. Los cuatro tomos de Psychopomp terminaron siendo, sin planearlo, un pantallazo muy interesante de los autores que hay en el ambiente de la historieta local, hoy.

Las 4 ediciones de la antología Psychopomp, cada una dedicada a una temática diferente; la primera, a la fantasía; la segunda, al erotismo; la tercera, al western; y el cuarto, a la mafia.

Psychopomp posicionó a Gutter como una editorial que saca cosas levemente atípicas para un público levemente atípico. Me gusta ese rincón, siempre me gustó estar en el lugar de outsider. Pero para nosotras, Gutter es mucho más simple: sacamos los libros que queremos leer. Por otro lado, la línea editorial no la marcó Psychopomp -salvo por su primer número-, pero sí Monsterland y Anuraidh, nuestras novelas. Nos gusta el género urbano sobrenatural, y con Gutter tenemos un arenero desde donde explorarlo. De alguna forma, eso decantó en algún momento para decidir que la editorial entera se iba a focalizar en ese género.

Melissai, publicada en el segundo tomo de Psychopomp, explora el erotismo en conjunto con conceptos como el sacrificio, la ofrenda y la transmutación, el resultado es, por lo menos, inquietante.

Que tuviese un libro en solitario era algo que me venían reclamando hace rato. Así que Oveja Negra compila toda una etapa. Ahí está. A nivel personal, fue más significativo Mythos, porque me expuso de una manera que no había hecho antes, compartiendo pensamientos sobre cómo vivencio la expresión artística. Es más privado. Las historias que aparecen en Oveja Negra, son más como una conversación con amigos de toda la vida, además de ser una buena manera de que el material acumulado en fanzines y publicaciones separadas no se perdiese y acercarlo a los lectores en un único libro, que estemos al día y partir juntos al siguiente objetivo. Oveja Negra no es un experimento nuevo, pero sí es un recopilatorio de todos los experimentos hechos hasta la fecha.

Hoy colaborás con Tótem, haciendo Amnistía. ¿Cómo te uniste a la iniciativa online y de qué trata la historia?

Dogtown, publicada en el tercer tomo de Psychopomp, es una de las obras más lúdicas de Paula, con buenos diálogos y acción trepidante.

“Quique me invitó. ¡No era una opción decir que no! ¡El equipo de Tótem está lleno de autores que me gustan! Aunque le estuve dando vueltas a cómo iba a participar, porque fuera de que me gustan los X-Men y los leía durante los 90, no soy una gran consumidora del género de superhéroes. El último número de cómic de superhéroes que compré debe tener más de 15 años. Así que me llevó un tiempo desarrollar una trama donde dijese ‘¡esto es algo que me gustaría leer!’. Eso es lo lindo de Tótem, son historietas de superhéroes, pero por sobre todo, son las historietas de superhéroes de sus autores.

Amnistía es una historia de amistad, muy apoyada en los diálogos. Están los conflictos sociopolíticos, están los poderes, los trajes y los codenames; los clichés, por supuesto. Pero es la amistad la que predomina, por sobre la venganza y el sacrificio, los otros dos temas que tiñen a Amnistía. Los personajes son todos moralmente ambiguos, y no es una historieta de grandes batallas, pero sí de por qué esas batallas se pelean.”

La portada y las 5 páginas iniciales de Amnistía, la serie de Paula para Tótem Comics, donde comparte equipo con Quique Alcatena, Fernando Calvi, Luciano Vecchio, Lea Caballero Fiorella Santana y Patricio Olivier.

Llevás un censo de mujeres historietistas y sos una activista en el medio. ¿Cuáles son los requisitos para formar parte del censo y por qué? Y también, ¿cómo ves a la mujer en el medio de la historieta, qué se ganó, y qué es lo que aún falta?

Oveja Negra -una antología que reúne la mayor parte de la producción de Paula, desde Moirae hasta hoy- y Mythos -un Artbook que muestra la ductilidad de Paula tanto con el color, como con el blanco y negro-.

“La única razón por la cual soy una activista en el medio -considero ser más vocal con mis opiniones que activista per sé-, es que me cansé de escuchar que no había mujeres en la historieta como manera de justificar la falta de presencia de ellas en los eventos, medios de difusión y antologías, cuando:

1. Soy una.

2. Conozco a varias más.

3. Edité a unas cuantas otras, sin tener que esforzarme para encontrarlas.

Entonces busqué listados de historietistas argentinos, y esto coincidió con una charla que estaba preparando para la Feria del Libro. Y fuera de que la información estaba al día a nivel de autores varones, no incluía a casi ninguna de las autoras que sé que existen, porque les hablé, vi sus libros, y están hechas de carne y hueso -ellas, sus libros están hechos de papel-. Así que armé un censo para tener datos relativamente actualizados. El único requisito ‘formal’ es tener una obra editada en alguna publicación con ISBN o ISSN -el DNI del mundo editorial y que funciona también como medallita autoral reconocible para el afuera-. La frase ‘no hay mujeres en la historieta’ niega a autoras, lectoras y, por sobre todo, libros publicados por autoras mujeres. La no visibilidad desde los canales de difusión, es también la no visibilidad del material publicado y de las autoras detrás de ese material. Por este tipo de cuestiones me interesó armar el censo, el ambiente ‘formal’ de la historieta local, nuestra proto-industria, se falla a sí misma cuando niega a aquellos que la conforman.

Amsterdan, un fanzine impreso en Holanda, de bajísima tirada -30 ejemplares-, y que plantea una historieta de base autobiográfica mezclada con el mito y la leyenda.

El propósito del censo no es saber cuántas mujeres hacen comics por interés. Eso implicaría hacer un censo de varones bajo el mismo parámetro, para poder tener la posibilidad de hacer un comparativo. Pero el ISBN y el sitio de la AAEH -que lista a muchas de las publicaciones nacionales y a sus autores-, permiten tener datos desde los cuáles se puede armar un comparativo entre ambos géneros, y que sirva a otros de punto de partida para expandir o profundizar la investigación.

El resultado del censo, dio números que a nivel comparativo son bajos -alrededor del 10% de los autores con material publicado son mujeres-, pero al mismo tiempo, ese 10% -superan las 50- es tanto mayor que la nulidad que presentaban los pocos espacios de información disponibles, más que suficientes para demostrar que la frase de ‘no hay mujeres en la historieta nacional’ es ridícula. Y son números muy esperanzadores, cuando la participación y el crecimiento de autoras nuevas año a año son mayores.

Es un tema complejo, relacionado con un machismo que trasciende al campo de la historieta, aunque en ella haya encontrado territorio fértil por décadas. No puedo negar que hubo años donde en eventos era la única autora en un stand fuera del área de fanzines. Mucha gente se refirió a Gutter como ‘la editorial de las chicas’, sin ninguna mala voluntad. Éramos, simplemente, las chicas que estaban presentes en ese lugar. Es fácil pensar que ‘no hay mujeres en la historieta’, si en los lugares de difusión ‘formal’, como podría ser un evento, o una revista de información, o un punto de venta, no estamos presentes.

Primeras 7 páginas de Ámsterdam, con textos en inglés.

Tampoco puedo negar que hace rato que eso no pasa, que cada vez somos más participando. El año pasado la Feria del Libro incluyó el tema en su programa. Este año se organizó Chicks on Comics, y también otro censo con otros parámetros. Año tras año, cada vez son menos los eventos que no tienen ninguna autora invitada. Lo veo vinculado a los tiempos, y también a que cada vez somos más, estamos más activas en el ambiente, y dispuestas a demandar las mismas oportunidades y señalar los vicios heredados.

Por otro lado, hay que entender que mucho de lo que hoy mueve al ambiente de la historieta nacional, en todos sus niveles, es autogestivo o gestionado por autores-editores. Muy pocas cosas pasan si alguien se queda esperando que un desconocido mágicamente aparezca y resuelva, y esto va más allá de cuestiones de género. Las puertas siempre están, pero hay que abrirlas. En muchos casos hay que hacerlas, también. Es un ambiente con espacios en construcción pero sin estructuras formadas. Me gusta ver que cada vez somos más las mujeres construyendo en esos espacios.

Últimas 6 páginas de Ámsterdam, en formato apaisado y con gran trabajo en los fondos.

Lo que se gana con la visibilidad creciente desde los espacios de difusión y la participación activa en el ambiente -no sólo para reivindicar a las autoras mujeres, que seguiríamos existiendo independientemente de la negación discursiva-, es que finalmente se vea que la historieta es un ambiente diverso a nivel autoral. No un club de varones, y menos aún uno de varones con posturas similares que se juntan a vanagloriar un machismo desenfrenado, esparciendo y aplaudiendo un discurso único. Con esa visibilidad, también se consigue riqueza de obras, de todos los tonos y temáticas, con autores que abordan lo creativo desde diferentes lugares. Múltiples voces y estilos, que hacen que el ambiente esté cada vez más humano. En eso sí, tal vez, me considero una activista.

Primera aventura de Berwick, publicada en Scared of girls y que, junto a Sedna, no forma parte del recopilatorio Oveja Negra.

Por último, ¿cómo ves el panorama actual de la historieta? ¿Le augurás un buen futuro? ¿Por qué? Y también, ¿cuáles son tus planes para este 2017 en el terreno de la historieta?

La historieta tendrá el futuro que entre todos los que participamos hoy, entre autores, editores y lectores, le construyamos. Está en nuestras manos la forma que tome. Y mis planes son, siempre, sacar más libros. Experimentar cosas nuevas. Hacer más proyectos, para poder ver qué pasa al hacerlo, y compartirlos con los lectores, para los cuáles, y por los cuáles, todo esto se hace y es posible. La gratitud es infinita, son casi quince años de ‘tengo ganas de hacer esto’ y poder hacerlo. El medio de la historieta-‘el ambiente’- me interesa, pero lo que realmente me importa es eso. Quince años de compartir historias, acompañada por la confianza de aquellos que caminan conmigo mientras las leen. Que sean más años. Que sea siempre.

 

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Ariel Grichener: Guerra en la niebla

Ariel, en los comienzos de su editorial, Fog of War.

Ariel Grichener es uno de los nuevos guionistas de la actual escena independiente de la Historieta Argentina, que hoy contabiliza un buen número de guionistas en alza, cómo César Libardi, Damián Connelly, Nicolás Viglietti o Leonardo Figueroa. Primero en Términus, y luego en su propia editorial, Fog of War, la actividad de Ariel se viene a sumar al resurgimiento de la figura del guionista especializado,  un rol que supo tener un lugar central en la era industrial de la historieta en nuestro país, y que en los últimos años casi fue suplantado por la figura del artista integral.

Fecha de nacimiento, edad, y ¿cuándo hiciste tu primera historieta?

“Nací el 17 de noviembre de 1984, en Rosario, lo que me lleva a tener una edad ineludible de 32 años. Estoy en ese proceso duro en el que uno deja de ser un adolescente de 30 y pico para convertirse en un adulto de 40. Mi primera historieta fue allá por el 2012 para Términus. Debuté en primera.”

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas? ¿Qué géneros te interesa trabajar y qué historias te gusta contar?

Secuencia de Chessmasters, de Grichener y Friggeri, publicada en Revista Términus.

“La verdad es que no estudié historieta, más que alguna lectura de libros de ‘Como hacer…’ o blogs tutoriales. En los 90 leía mucho Marvel y DC -soy más de DC-. Me gusta mucho el género de acción bajo cualquier subgénero. No soy de contar historias profundas ni de vida, soy más de la machaca y el ‘riot’. Me gustan los escritores crudos y realistas como Garth Ennis o Mark Millar, esos que te pintan la realidad detrás del estándar básico de como contar una historia.
Si tengo que hablar de maestros, debo decir que, Germán Peralta, Juan Frigieri, Seba Sala y Guillermo Villarreal, son los tipos que me han explicado, mientras trabajábamos juntos, como se cuenta una historieta.”

¿Cuál fue el primer fanzine del que participaste y cómo se desarrolló tu trayectoria hasta hoy?

Secuencia de el Cazador de Conejos, con guión de Grichener y dibujos de Santman.

“En realidad nunca participe de un fanzine propiamente dicho, es algo que tengo pendiente. Mi comienzo en el mundo del comic fue algo mágico. Yo quería ser novelista, pero no me da la prosa para tanto. Decidí que el comic sería lo mío. Un día, hablando con un compañero de trabajo, él me comenta que conoce a Eduardo Risso. Entonces, le digo que si me puede conseguir el mail de Risso -obvio, para hacerle unas breves consultas-. Al otro día, mi compañero, cae con el teléfono de Eduardo, y dice ‘Dijo que lo llames’… O sea, ¿llamar a Risso?
Tomé valor y lo llamé. La verdad, me saco el sombrero, Eduardo se portó de maravilla. Tuvimos una conversación genial y me contactó con Germán Peralta. Un loco genial que me metió de lleno en el mundo del cómic. Ahí conocí a Juan Frigieri, otra bestia del dibujo.”

¿Cómo se dio tu participación en Términus? Y sobre todo, ¿cómo nace Fog of War?

“Estábamos barajando ideas con Germán Peralta y me comenta que sale un nuevo proyecto de revista independiente. Me pide que haga algo corto para él y para Juan Frigieri, ya tenía algunas cosas en la cabeza y tiré unas páginas con la idea de dejar algo abierto a futuro. Cuando sale el número 1 de Términus, hacemos un festejo entre todos y ahí me entero, por Bruno Chiroleu, de que la revista iba a seguir. Me dijo que, si bien no era la idea de Términus, hacer cosas largas, teníamos que finalizar esas historias. Así me puse a finalizar Individuo H y Chessmasters –hay que aclararar que Chessmasters es un comic larguísimo, y lo que se ve en Términus es apenas un ‘spin-off’-. Cuando finalizó mi ciclo en Términus, tenía ganas de más, pero la realidad es que es difícil enganchar un editor, así que decidí tomar el camino de la autoedición. Recuerdo, que en una nota de Andrés Valenzuela, él decía que al comic nacional le faltaban más acción, por eso decidí que Fog Of War sea una editorial netamente de acción. Así fue como le llevé el proyecto a mi gran amigo Yamil Aboukais y a él le encantó. Fue entonces, en la Crack Bang Boom del 2014, que dimos comienzo a la editorial.”

Fog of War comenzó con publicaciones cercanas al fanzine, como El cazador de Conejos o Chiko y Amigo, ¿de qué se tratan ambas? También, ustedes después pasaron a publicar una serie que ya está pronto a tener 3 números, Artemis, ¿de qué se trata y cuantos números planeados tiene? ¿Qué recepción tuvieron entre los lectores?

Las primeras publicaciones de Fog of War.

El cazador de conejos es un policial futurista al estilo Blade Runner. Ocurre en la ciudad de Rosario y habla un poco sobre la evolución humana y el paralelismo con la evolución tecnológica, al punto de fusionarse. Lo que se editó no es lo que escribí, pasó que le di el guión a un grupo de dibujantes y ellos hicieron su interpretación con varios cambios. Tal vez, a futuro, saque una novela sobre la idea original.
En cuanto a Chiko y Amigo. La idea me nació viendo un dibujo de un Orko del Warhammer 40.000 con una bujía en la boca. Tenía ganas de hacer una historia de una pareja de matones al estilo Pulp Fiction pero no encontraba el toque original. Ahí se me prendió la lamparita. ¿Qué pasaría si el típico mundo de fantasía medieval, evolucionara a nuestros tiempos modernos? Me nacieron millones de ideas. Así fue como Morgo Trull -Chiko- y Johnhanneson Bjork -Amigo-, comenzaron sus andanzas. Son una pareja de matones que viven en Epic City -una Nueva York habitada por elfos, enano, orcos y humanos-, y trabajan para Elian Turian, un adinerado mafioso elfo, al cual quieren pasar por encima, quedándose con un vuelto. El hecho lleva a los personajes a meterse en un montón de desventuras. La idea del comic es hacer guiños constantes a la cultura gamer y el cine. Este año se va a editar en Estados Unidos y Canadá por la editorial Rats and crows y tengo muchas expectativas.

Los primeros tres volúmenes de Artemis.

Artemis, es un proyecto hermoso que encaramos con Guillermo Villarreal. Es todo lo que quise ver y hacer de niño. Loexiar es un mundo medieval futurista donde nuestro héroe, Artemis Black, vive todo tipo de aventuras. Imperios corruptos, naciones devastadas, muchos personajes, tiene de todo. El numero 1 vendió muy bien el año de su lanzamiento. El dos no acompañó esa tendencia, asumo que por la problemática económica del país. Con el tres, pensamos que vamos a levantar nuevamente. El proyecto está pensado para tener al menos cinco libros de 64 páginas. Todos los libros gustaron, en general. Esperamos poder seguir ese camino.”

Además, ustedes comenzaron a publicar trabajos de profesionales, como Knightmare, de Balcarce y Jok, y ahora se viene, Crazy Jack, de Amézaga y Meriggi. ¿Cómo surgió la posibilidad? ¿Qué recepción tuvieron entre los lectores?

Secuencia de Artemis, de Grichener y Villareal.

“La idea de Fog Of War, era la de lanzar artistas nuevos, pero entendemos que decorar el catálogo es necesario. Tengo admiración por Jok y lo quería en las filas de la editorial. Hablando con él, me entero que tenía varias cosas con Emilio Balcarce que no se habían publicado, yo había leído Funeral y la idea me gustó. Emilio nos envió todos los proyectos, y optamos por Knigthmare. El libro gustó.
En cuanto a Crazy Jack, también entró por lo visual. Me encanta el laburo de Meriggi. Le expresé mi interés y le pregunté sobre algún proyecto. Él me acercó Crazy Jack, no quiero contar mucho, solo que se viene un librazo y que hay planes de más. Cuando más se acerca la fecha de lanzamiento, más nos damos cuenta que nos metimos con toda una leyenda. La gentes nos consulta muchísimo sobre la salida de Crazy.”

¿Cómo nace Asedio Colectivo Editorial? ¿Cómo funciona la agrupación?

Knightmare, de Emilio Balcarce y Jok.

“Buenos Aires, Salta, San Luis, Córdoba, Tucumán, Santiago del Estero, Tierra del Fuego. Son algunas de las provincias donde se realizan eventos de cultura popular y cómic. Económicamente es muy difícil cubrir todos los eventos, viajes, hoteles etc. Como dicen por ahí ‘la unión hace a la fuerza’. El colectivo nos permite abaratar costos en todo. Además, nos turnamos para viajar y cubrir todos los eventos. Todos tenemos trabajos y se nos hace difícil acomodar los horarios, pero si nos turnamos, entonces siempre alguien puede ir.”

Por último, ¿cómo ves el panorama actual de la historieta? ¿Le augurás un buen futuro? ¿Por qué? Y también, ¿cuáles son tus planes para este 2017 en el terreno de la historieta?

“La historieta nacional va en un crecimiento constante. Por ahí, desde mi opinión, hay más propuesta que demanda. Esto se debe a que no es muy fácil acercar nuevos lectores. Si bien, se están publicando unos libros hermosos, si hablás con la gente en general, pocos se inclinan por este estilo de narración, y los que lo hacen optan por el Manga o el cómic americano. Asumo que debe ser una cuestión cultural.
Creo que deberíamos abrirnos un poco de los puntos de ventas habituales y buscar nuevos horizontes. Además, el cine y la TV nos podrían dar una mano emitiendo series o películas basadas en cómics nacionales. Espero que el Cazador sea una buena experiencia.
En lo personal, este va a ser un buen año. Estoy con Artemis 3, además firmé contrato con una editorial local de la cual no puedo contar mucho, para hacer varios libros. Comienza mi experiencia por el mercado norteamericano con gran expectativa. A nivel editorial tengo varios proyectos en proceso y una joyita. Vamos a editar nuestro primer cómic de artistas internacionales. No puedo contar mucho pero solo les digo que es un trabajo con mucha onda.”

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Generación 86: Ralveroni, genio y figura

Ralveroni, rodeado de sus ediciones.

Cuando hacia 1986, la escena underground -o subte, tal cual se la denominó- de la Historieta Argentina explotó en una miríada de fanzines, una de sus figuras más destacadas fue Raúl Veroni -(a) Ralveroni-. Poeta, historietista y artista plástico, Ralveroni fue uno de los introductores del uso de la serigrafía en los fanzines de historieta. Muy activo en los 80, colaboró en fanzines como Carlitos, Viernes NegroEfecto Zombie, además de producir otros como El cerebro, Caribdis y el celebérrimo Wengerinox -con una de las tapas más potentes de esa época- . Por si fuera poco, fue parte fundamental del Lápiz Japonés, la revista-libro de experimentación gráfica por excelencia en los 90.

Fecha de nacimiento, edad, y ¿cuándo hiciste tu primera historieta?

“Buenos Aires, 5 de marzo de 1965. 52 años. ¿Cuándo hice mi primera historieta? Recuerdo un intento de historieta en particular, que la debo haber hecho en el año 1974. Era sobre un político que recitaba el Preámbulo de la Constitución Argentina mientras esquivaba las balas que le pasaban al ras. Eran los años del ‘cinco por uno’, de los secuestros y matanzas entre la Triple A, Montoneros, etcétera. Lo curioso es que el protagonista de la historieta se llamaba Alfonso Sofonzo y, más tarde, mi familia quiso ver desde el nombre una señal premonitoria de Alfonsín y su recitado del Preámbulo en su campaña presidencial del año 83.”

El Cerebro, uno de los primeros fanzines en utilizar la serigrafía, editado por Sergio Armand y Ralveroni, mezclaba el dibujo, la poesía y la historieta por igual.

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas? ¿Cuál fue el primer fanzine del que participaste?

“Mi formación es como artista plástico, pero mis influencias vienen de la historieta, la TV y la estética del rock. Mis padres eran ambos artistas de formación clásica, y en casa había una gran biblioteca. Mi mamá era una amante de la literatura francesa, mi padre, de la literatura inglesa, italiana y argentina. Ese ambiente se respiraba pero yo le entregaba mi atención a la historieta. Adoraba Asterix, que me condujo con enorme curiosidad a aprender sobre el Mundo Antiguo. También leía con fruición las revistas de Patoruzú, las que me llevaban a un mundo irreal donde un indígena tenía participación, voz y peso en una ciudad como Buenos Aires. No estoy seguro cuál fue el primer fanzine. Muy probablemente haya sido uno de poemas llamado Reclamos en el manicomio de 1986. Luego hicimos El cerebro con un grupo de amigos del secundario, Sergio Armand y Marcelo Nievas, entre otros.”

Caribdis, un fanzine de poesía que circuló en las postrimerías del circuito subte los 80, su séptimo número fue editado en plena Hiperinflación.

¿Cómo era la escena fanzinera de los 80? ¿Qué recordás de ella? Esa euforia cívica que trajo la vuelta de la democracia, ¿también se transmitía en los fanzines de aquellos años? Vos participaste de varios fanzines, como Wengerinox, El Cerebro y Caribdis. ¿Cómo fueron esas experiencias?

“Había una escena ‘under’ o ‘alternativa’ como gustaba llamarse. Dentro de esta estaban los fanzines. Por lo pronto, recuerdo esa explosión de entusiasmo y una capacidad increíble de crear proyectos, relaciones y afinidades instantáneas, y también, como las cosas empezaban y se diluían, o mutaban rápidamente en otras.

Una de las poesías ilustradas por Ralveroni, y que aparecieron en fanzines como Reclamos en el Manicomio; Veintidós, la Muerte y Dios; Ciudad y Caribdis.

El Parakultural, Cemento, Medio Mundo Varieté, Babilonia, Biyó do Pé, eran lugares que aparte de ser esa especie de discos soterradas, estaban abiertas -como centros culturales de vanguardia- a toda propuesta. Lo que más me atrae de aquella época era el intercambio de lo que hoy se llaman ‘disciplinas’, la poesía, las artes plásticas, el teatro experimental, el video arte, los fanzines, los comediantes, los músicos, todo podía compartir el mismo espacio. Causa impresión que en una época previa al email, el WhatsApp, Facebook, el celular, todo se hacía posible en un rápido boca a boca.

De todas maneras, no tengo nostalgia por aquella época, me gustó vivirla, pero al mismo tiempo siento que estaba enmarcada por una enorme presión, un pasado siniestro que aún traspiraban algunos lugares. Los fanzines en particular tuvieron una edad de oro entre 1986 y 1987, luego, con la crisis económica que terminó con la hiperinflación del 89 aquel fermento se fue mitigando.”

En los 80, la serigrafía era el único método disponible -por lo económico- para dar color a las tapas de los fanzines, hoy, su uso es sólo una opción que tiene más que ver con una elección estética y el hecho artístico. Vos fuiste uno de los pioneros en usar la técnica para colorear las tapas de los fanzines, y hubo algunas excepcionales, como las de Wengerinox y Caribdis. ¿Cómo surgió la posibilidad de usar la técnica y qué impacto tuvo en aquel momento?

Wengerinox, un fanzine de gran impacto gráfico, con autores como Cuk, D’Angelo, Roca y Ralveroni.

“Mis estudios en Bellas Artes y mi formación desde mi entorno familiar me dieron herramientas como grabador. Mi padre era muy bueno en eso y en casa teníamos un taller. Mi primer fanzine lo hice con una tapa en xilografía, es decir, grabado en madera, con la misma técnica que se usaba en el medioevo para los impresos. Había otras técnicas como el aguafuerte y la litografía, las que dominaba, pero que tenían un tiempo de proceso y una definición que se lleva de palos con el fanzine. ¿Cómo explicarlo? Son procesos tan arduos y costosos que no van con el perfil popular del fanzine.

Gervasio y la nube, de Ralveroni , plantea la crítica social detrás de un argumento apoyado en el realismo mágico.

Y había otra cosa, los fanzines de la época eran siempre en blanco y negro, realizados por medio de la foto-duplicación o la fotocopia. Mi decisión de trabajar en serigrafía tenía la intención de ‘salir de la pobreza’. Era imposible encargar una edición en color en una imprenta, los costos eran irreales -casi como ahora-, y el Plan Austral iba en caída libre. La serigrafía era una técnica conocida, pero poco explorada en la edición de revistas. En Bellas Artes se la despreciaba como a una disciplina industrial, ‘poco artística’ y no se la enseñaba. Mi viejo para ese entonces estaba muy enfermo y tampoco la había cultivado en profundidad.

El último Rebelde, de Ralveroni y D’Angelo, fue un personaje recurrente, que tuvo su andadura por más de un fanzine.

La técnica me la explicó en su momento Salvador Miano, cuando hice un fanzine de poemas llamado Ciudad en 1987 y más tarde Gustavo Grunfeld, con quien hice la tapa de Veintidós, la Muerte y Dios, en 1988. A partir de allí armé mi propio estudio y comencé a usar la serigrafía para todo. De ahí salieron las publicaciones que vos nombrás, Wengerinox, Caribdis, más algunos afiches de actividades que hacíamos con el poeta Hernán y, finalmente, un fanzine de poemas e imágenes atiborrado de colores cuya intención acompaña a su nombre, Jaguares y Cacatúas.”

Tenés varias historietas en tu haber, pero Un día Perdido, es uno de tus trabajos más potentes, apareció en Efecto Zombie y, más tarde, en el libro Todo es historieta. ¿En qué te inspiraste para hacerlo? También, ¿cómo concebís el lenguaje de la historieta y su uso? ¿Hacer historietas te sale naturalmente o requiere esfuerzo de tu parte?

Con una tirada de 250 ejemplares, Jaguares y Cacatúas fue realizado en 1990, y constaba de 66 páginas con poesías, grabados, fotocollages y 31 serigrafías originales en 20 x 30 cm.

“Tengo una influencia formal de la historieta en mis dibujos, pero ya no me considero un historietista. Tuve en los 80 una dedicación con el género. Participaba en Fierro como reportero ‘under’, escribía guiones que dibujaba Roberto Cubillas -(a) Cuk-, Jorge Fantoni y Luis Roca. Hice también algunas dibujadas por mí, como esa de Un día perdido, que creo salió por primera vez en un fanzine editado por Mariano D’Angelo. Pero también me ocupaba a otras actividades como la pintura, la poesía y los programas de radio, aparte de tener tres trabajos para sostener la casa. Un delirio de época. Un día perdido está enmarcado por un tono oscuro, dentro de una situación cotidiana difícil y violenta, supongo que la crisis económica y social que se vivía en los últimos meses del gobierno de Alfonsín me llevaron a hacerla.

La Muestra Nómade se compuso de 42 diseños, impresos en serigrafía a 5 colores sobre papel autoadhesivo, entre 1990 y 1991 miles de estas serigrafías fueron adheridas en lugares públicos de Buenos Aires tales como ascensores, transportes, baños y cabinas telefónicas.

En 1990 comencé una serie de serigrafías autoadhesivas a las que llamé La Muestra Nómade, eran figuritas coleccionables, de 8 x 11 cm, con colores fluo que pegaba en los lugares públicos. Colectivos, subtes, ascensores, buzones. Estaban a caballo entre el arte y la historieta -si a alguno le importa, hoy hacer esa distinción-. Era, si se quiere, arte popular o historieta de vanguardia. A la pregunta sobre qué impacto tuvo la serigrafía en aquel momento, puedo decir que La Muestra Nómade llamó la atención.

En ese entonces no abundaban las salas de exposición convencionales y para un joven que recién se iniciaba era difícil acceder a los espacios institucionales. Hacer de la ciudad mi lugar de exposición fue un modo de sortear los obstáculos. Pero la ciudad también es difícil, especialmente con las mil y un imágenes que circulan a diario frente a uno. Aquellas tintas espesas, colmadas de pigmento, iban, a pesar del escueto tamaño de las imágenes, directo al ojo.”

Un día perdido, de Ralveroni, quizá su trabajo más potente, publicado en Efecto Zombie y seleccionado para Todo es historieta, la antología comercial que puso en valor a varios de los trabajos aparecidos en los fanzines de la Generación 86.

En los 90 colaboraste con los chicos de El tripero, a quienes introdujiste en la técnica de la serigrafía para hacer las tapas de sus revistas; pero por sobre todo con el Lápiz Japonés, donde además de pertenecer al consejo editorial, hiciste una serie de billetes artesanales. ¿Cómo fueron esas experiencias?

Los primeros 3 números del Lápiz Japonés, publicados entre 1993 y 1996, a ellos le siguieron el 3 y 1/2, el 4, el Antidiario, y unos 50 Colorín Buc, monográficos dedicados a un artista en formato cercano al A6.

“Lo de El Tripero fue muy sencillo, recuerdo que les expliqué la técnica en dos o tres sesiones. Una noche vinieron a mi estudio, luego fui a su cuartel en Boedo y ya ellos se largaron solos. Son gente muy buena y artistas excepcionales. Me encanta ver que aún al día de hoy continúan haciendo sus tapas en serigrafía. Esa insistencia es mérito exclusivo de ellos.

Con el Lápiz Japonés tengo muy buenos recuerdos y de aquella experiencia me quedaron los mejores amigos. Langer y Bianki habían decidido hacer una revista en un momento en que la mayoría de los medios que se ocupaban de la historieta habían desaparecido. Para abarcar un espectro más amplio convocaron a Sergio Kern, que conocía a toda la movida de Rosario y a mí, por mis vinculaciones con el ambiente under. Al tiempo se unió Elenio Pico. Además, teníamos a los pilares de Rapa Carballo y Wily Peloche en el diseño. Quisimos desde el vamos hacer una revista-libro, ambiciosa, sin preocuparnos por las variables del mercado.

Serie de billetes publicados con el segundo número de Lápiz Japonés. El ejercicio utilizó moneda fuera de circulación debido a procesos inflacionarios en países del tercer mundo, destacan, sobre todo, las intervenciones del Menemtrucho y los billetes de las Islas Malvinas y Cuba.

Nos reuníamos todos los martes alrededor de las 19 y seguíamos hasta la medianoche. Eran sesiones donde veíamos el material, nos visitaban colegas, discutíamos, cenábamos y así. Con esas reuniones semanales era natural que cada número nos demandara meses. Habíamos apuntado alto, gracias al dinero que Langer y Bianki pusieron en aquel primer ejemplar, el de la tapa del quaker. Luego, sin publicidad, sin mecenazgos, nos fuimos endeudando para continuar con los otros números. Pero nos gustaba hacerlo. Armamos lo que llamamos La comuna del Lápiz Japonés y organizamos muestras en un garage que Bianki alquilaba en la calle Charlone. Tuvo su buen cuarto de hora y lo disfrutamos.”

Lentamente te fuiste alejando del medio de la historieta y te fuiste incorporando al mundo de la plástica. ¿A qué se debió el cambio? ¿Fue algo que se dio de forma natural? ¿Extrañás la historieta?

“Le dediqué varios años a la serigrafía y a la pintura. Luego me fui por 10 años a estudiar afuera técnicas de edición y libro de artista. Tengo muchos intereses, lo reconozco, y me muevo un poco a la deriva según el motor de mi entusiasmo. Así y todo, sin ser historietista, llevo el gen en mis dibujos. En mi estilo figurativo, alejado de la escuela clásica, heredé las reglas de proporción del hombre elástico.”

¿A qué te dedicás hoy, de qué se trata Urania y cuáles son tus planes para este 2017?

La Saga del Gaucho sin Cabeza comenzó a publicarse en forma episódica en Facebook, en la página de Teatrito Rioplatense de Entidades, luego fue recopilada y publicada por Ediciones Urania.

“Me ocupo de coordinar una plataforma de proyectos que se llama Teatrito Rioplatense de Entidades. En ésta buscamos modos de identidad. Decimos que el Cosmos es rioplatense -pero que el Mundo no lo sabe- y a partir de esa premisa intentamos demostrarlo a quienes desconocen esta certeza. Los proyectos van desde el afiche, el dibujo, el poema, el ensayo, cuestiones lingüísticas, políticas, declaración de un nuevo calendario con Año Cero Rioplatense incluído. Participan escritores, afichistas, artistas, diseñadores, encuadernadores, diletantes, y todo aquel que considera que tiene algo para decir al respecto. Hay que reconocer que nadie entiende bien de que se trata el Teatrito, pero nuestro consuelo es que nadie entiende mucho de nada.

Urania es un sello editorial que fundó mi viejo en 1943, y lo continúo haciendo libros de bibliofilia y ediciones limitadas, curiosas y raras de autores como César Aira, Edgardo Cozarinsky, Christian Ferrer, Daniel Santoro, Eduardo Orenstein y el Agente Rayo, entre otros. Desde Urania publicamos también gran parte de las producciones del Teatrito. En el proyecto me acompaña Alonso Castillo, promotor y conocedor del mundo del libro y Gustavo Ibarra con el que nos obsesionamos por la presentación, el diseño y la tipografía, y, para suerte de Urania, él sabe hacer eso muy bien.”

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Daniela Ruggeri: La autoedición como una constante

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Daniela Ruggeri, una de las referentes del medio independiente.

Daniela Ruggeri es una de las presencias más agradables y estables del medio independiente, participando en la organización de Dibujados y, como parte del colectivo Panxa, publicando con sus trabajos para la revista Panxarama y editando en Panxa Imprime.  Siempre sonriente y activa, es hoy una de las voces más autorizadas en lo que se refiere a autoedición.

Fecha de nacimiento, edad, y ¿cuándo hiciste tu primera historieta?

“¡Buenas! Nací el 19 de Abril de 1990, en la Sardá y por ahora tengo 26 años. Mi primera historieta, es difícil, porque las primeras siempre son a los cinco o seis años. La primera más ‘consciente’ del lenguaje habrá sido a los catorce, ponele. Y hay una a los 17 que fue un ‘bueno, quiero hacer esto’. Cuando algo forma parte de tu vida de manera cotidiana -dibujar, contar historias con dibujitos, etc.-, es complicado recordar el punto donde arrancó, es un poco como pensar cuál fue mi primer tallarín con pesto, difícil.”

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas?

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Panxarama, es uno de los fanzines más representativos de la nueva movida independiente que se construyó a partir del 2008 en adelante. Su primer número apareció en Diciembre 2010.

“En historieta como lenguaje no específicamente, excepto un cuatrimestre de la UNA -ex IUNA- donde agarré un proyectual para hacer una historieta y ahí lo conocí a Manu –Manuel Loza-, que fue profe mío por esa temporada. Después, desde los 13 años me formo en Artes Visuales, hice el secundario en el Yrurtia, me recibí de Maestra de Dibujo, le di un toque de años al IUNA y ahora estoy en el profesorado en dibujo de mi querido Yrurtia, de vuelta a casa. En todos estos años, la formación oficial fue más de visuales en general, pero desde que arranqué siempre me especifiqué en dibujo. El trabajo más esforzado fue desprenderme del dibujo académico, un proceso de ‘desformateo’, por decirlo de alguna manera. Estudié años para poder hacerte una pose larga de modelo vivo toda escorzada y re cheta, con la sombra y la proporción y la mar en coche. Y porque soy ñoña, no lo hago mal si tengo que hacerlo -no hay mérito de talento, es práctica nomás-, pero creo que el ejercicio mimético se agota pronto si no tiene sustento teórico, o más bien contexto que lo justifique. Así que jugueteo, y a veces sale mal, pero también a veces sale bien.

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Se puede seguir la evolución en el arte de Daniela hacia una síntesis de la línea, a través de las sucesivas ediciones de Panxarama.

A nivel influencias, de chiquita me leía a Gilbert Shelton -había un ejemplar reventado de ‘La guerra de las cucarachas’ de Fat Freddy’s Cat-, bocha de Asterix y muchísimo Tintín -estaba enamorada de Tintín-, Mortadelo y Filemón, Claire Bretécher me encantaba, cosas así, todos libros y revistas usados, leídos y re-leídos. Como en casa mi familia siempre perteneció a oficios relacionados con el libro, estaba lleno de cosas viejas por todos lados y esas historietas me quemaron la capocha tanto como las ilustraciones de principio de siglo. Crumb, fue uno de los primeros que leí con interés técnico, por el dibujo. A nivel lenguaje, el primero -a los 11 años, creo- que leí tratando de desentrañar recursos narrativos y formas de contar fue Spiegelman, con Maus. Cómo contar es el punto fundamental, por eso el ritmo de Beto Hernández me chifla el moño, o la oscura ternura de Hideshi Hino. Harvey Pekar me quemó la cabeza para siempre. Pero bien, a nivel dibujo-dibujo, calculo que sería Crumb, Shelton -sobre todo en la parte descuidada, porque soy un desastre-, ilustraciones victorianas… Yo soñaba – y sueño- con dibujar como Jack Davies o Basil Wolberton, pero garabateo zines y soy feliz igual.

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La última parte de la trayectoria de Panxarama es la más interesante, cuando la revista se abre a colaboraciones externas, además de mantener a sus habituales colaboradores.

Por el tema literario, aunque soy de los que creen que la historieta es un lenguaje independiente -y está lejos de ser ‘literatura dibujada’-, sí es un oficio de contar historias y, por suerte, leí muchas historias. En casa estaban disponibles -y alentados- todos esos clásicos del siglo XIX y algunos del XX, y de esa lista -la lista corte ‘colección Robin Hood’ o Peuser– me leí una buena parte. Así que, aunque mis historias son más bien simples, y trato de no ser demasiado florida, lo victoriano, lo truculento, los cuentos de hadas rusos y cosas así pueden llegar a asomar de forma humilde. Me sigue encantando y sigo tratando de llegar -o volver- a esos relatos, pero no creo que se refleje mucho en lo que hago, donde trato de ser escueta en la medida de lo posible. Igual, cada tanto aparece un verbo o un calificativo anacrónico sacado sin querer de esas traducciones anticuadas.”

¿Cuál fue el primer fanzine del que participaste y cómo se desarrolló tu trayectoria hasta el día de hoy?

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Panxarama tuvo un total de 8 números, más los especiales Panxa Cuatro Años, Panxxxarama y Panxa Maldita.

“El primero lo improvisé a los 13 jugando con el Page Maker -el padre del Indesign- pero no cuenta, por que no lo saqué al mundo. Más allá de revistas del Centro de Estudiantes del secundario, oficialmente el primero de todos es Panxarama 1 cuando tenía 19 años -¡éramos tan chiquitos!-. Hice algo simple, un homenaje a Pekar, que había muerto hacía poco. A partir de ahí mi trayectoria es muy modesta y se trató básicamente de hacer cosas menos chotas de a un paso por vez, aprendiendo mucho y sufriendo otro tanto, pero siempre divirtiéndome. Como Panxa es nuestra, casi todo salió por ahí. También, Lubrio me dejó nerdear para la Cripy – ¡no podía creer que no me sacara a patadas!-, y después participaciones de todo tipo en distintas publicaciones, todas del medio independiente, más allá de trabajos de ilustración que hice varios para varios lados. En tema historieta ahora hice algo para el Zapping 3 del estudio Mafia, hay una paginita que hice para el ‘Fanzine a la Carte’ de las Chicks on Comics, por ponerte un par de ejemplos actuales.”

¿Cómo y cuándo nació Panxarama y qué significa el nombre? También, ¿cómo fue la experiencia de editar 8 números de la revista, más los especiales Panxxxarama y Panxa Maldita? En lo particular, ¿cómo definirías a tu estilo de dibujo? ¿Creés que evolucionó con el paso del tiempo? ¿Qué cosas pensás que todavía necesitas desarrollar en tu arte?

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Panxa Maldita, es una de las últimas publicaciones del colectivo, y tal vez, la más relevante, el talento reunido en sus páginas es uno de las más representativos de la actual movida independiente.

Panxarama nació para jugar mientras se preparaba un libro que al final nunca salió -creo que muchas editoriales independientes deben nacer así-, como a la editorial le pusimos Panxa, jugando con nombres de cosas del cuerpo y nombres propios, saltó agregarle el ‘rama’ por que sonaba bien, sonaba a revista. Te bajás un cajón de birra y todo suena re bien, igual a mí ese nombre en particular me encanta.

Editar una revista, por más chiquita que sea, siempre es un laburo enorme y la disparidad de estilos de Panxarama la hacía el doble de complicada, y aunque siempre fui la encargada de la diagramación y el diseño de los interiores, todos juntos teníamos la última palabra. ¡Panxa es una cooperativa ante todo!, y Panxarama un espacio de experimentaciones personales, un juego que se fue haciendo un toque más serio número a número, pero me alegra que no perdiese ese toque de ‘Bueno, a ver qué onda’.

Sumar invitados fue de mis partes favoritas, ‘A ver que mandó fulano… faaaa!’. Como nos empezamos a concentrar en libros y publicaciones en formatos raros -con Fede, además, somos encuadernadores-, Panxarama fue perdiendo un poco de sentido para ramificarse en todas las pequeñas, medianas y gruesas publicaciones del catálogo. Pero extraño la adrenalina de ‘cierre-de-revista-justo-a-una-semana-de-dibujados’ donde a pura birra y mate engrampábamos como enfermos.

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Primeras 5 páginas de Ángel Bondadoso, publicado en Panxa Maldita.

¿Mi estilo? Cambió mucho, pero mantiene constantes, mucha línea, inevitablemente suelto -por placer, búsqueda y a veces, es cierto, apuro-. Soy desordenada y ansiosa para hacer un cómic, dos defectos que se llevan muy mal con el oficio. Antes tramaba mucho, tenía más rayas que Maradona. Ahora, me concentro mucho en fanzines inmediatos, historias contadas con imágenes y cosas así, con secuencialidad más suelta, busco líneas pero poco relleno, depurar para ganar en lenguaje. Ahora necesito lo que necesitamos muchos, tiempo, disciplina y blues viejo de fondo.”

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Últimas 5 páginas de Ángel Bondadoso.

También participás en Panxa Imprime, primero imprimiendo sus propias revistas, pero más tarde imprimiendo para terceros, cómo el libro Purple Books y la revista de Padawan, además de los libros Los niños de la basura y Hermano. ¿Cómo funciona la imprenta? Y también, ¿en qué estado de actividad se encuentra hoy por hoy?

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Una de las publicidades de Panxa Imprime en 2014, dibujada por Daniela, bajo uno de sus infinitos Pseudónimos de entonces.

“La imprenta arrancó como un proyecto ambicioso pero concreto, laburamos mucho, las máquinas aguantaron todo lo que pudieron y de repente nos encontramos en líos gigantes -básicamente te acabo de describir una imprenta-. Siempre quedamos agradecidos por la paciencia de los colegas que llevaban sus laburos a Panxa Imprime. En esos momentos funcionaba en un lugar que estaba tan lejos, que el vecino tenía ovejas, y con Fede viajábamos tres horas y media de ida para llegar. Sólo me lo explico con las palabras ‘amor’ y ‘obstinación demente’.

Hoy en día las máquinas funcionan para Panxa, pero estamos cocinando una posibilidad de actualizar las maquinarias y relanzarnos más enteros, más organizados, vamos a ver si se da. El trabajo manual me encanta, a los 17 era pasante en Chilavert, y me quedó ese amor por doblar tapas como autómata y también el amor por toda empresa autogestiva cooperativa.”

Otra de las facetas de tu trabajo en el medio, es ser parte de la organización de Dibujados, el evento autogestionado de mayor relevancia de la Argentina. ¿Cómo funciona la organización del evento? ¿Cuál es tu rol dentro de la organización? También, este año decidieron expandir el evento a tres ediciones, ¿a qué razón se debe? Por fin, ¿Cómo ves el panorama actual de la historieta, tiene posibilidades de seguir creciendo?

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Daniela tiene varios trabajos de una página, por lo general explorando distintas vertientes del humor.

Dibujados es mi navidad, lo es desde el primero al que fuimos con Panxa, en el 2011. Cuando en 2014 los chicos nos tiraron la onda de formar parte, guau, me puse loca de contenta. Es un espacio que quiero y admiro, un lugar activo que se retroalimenta con todos los participantes y que cada año crece más sin dejar de tener el sabor de lo independiente. Todo lo que me gusta.

Ayudo en todo lo que pueda, todos participamos de la selección de la convocatoria y esas cosas. Hago tareas generales antes del Dibujados, y también durante, cargando tablas con los demás, corriendo de acá para allá, comunicando puesto a puesto cosas organizativas, además de que soy ‘la loca de las rifas’, por supuesto. Un poco de todo. Siempre quiero ayudar en más, me agarra de sentir que nada es suficiente, pero me pongo así con todo en la vida ¿No avisé que soy ansiosa?

Con respecto al panorama general, lo veo en términos de resistencia, con ganas de insistir. Creo que son momentos complejos para el mundo editorial en general, pero por ejemplo la tercera edición agregada de Dibujados representa esto, ‘Se puede poner complicado pero acá estamos todos’. Cada Dibujados que viene se anotan más puestos, más gente que recién arranca, esos números me dicen que tiramos para el mismo lado y con fuerza.”

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La gran apertura de la momia Rahotep, publicada en revista Cripy.

¿Cuáles son tus planes para este 2017? ¿Hay más fanzines en camino?

“Pero claro que sí, estoy impaciente por que siempre tengo ideas. Ideas, guiones, historias, ese no es el problema, tengo a montones y me gustan, son simples pero me gustan. Si las horas de estudio, el taller, la docencia, las labores editoriales y todas esas cosas me dejan, este año vienen varios de los zines de formatos diversos, tal vez uno hecho en una máquina loca -será sorpresa, calculo, cuando llegue el momento-. Si tengo suerte y me pongo las pilas, tengo cocinando una historieta larga que quiero terminar desde hace mucho. Sea como sea, estoy segura de algo: ¡Quieta no puedo estar!”

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Bruno Chiroleu: Términus en Finisterre

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Chiroleu, de freelancer a autoeditor.

La aparición de Términus durante el 2012, significó la irrupción visible de una nueva ola de autores con epicentro en Rosario, Santa Fe. Bruno Chiroleu, no solo es el editor responsable de la revista, sino que, además, es un artista de talento que escribe y dibuja sus propias historias, ejercitando con predilección géneros como el fantástico, la ciencia ficción y el terror. Términus alcanzó un total de 12 números de cadencia cuatrimestral, para ahora transformase en una editorial con un ambicioso plan de publicaciones.

Fecha de nacimiento, edad, y ¿cuándo hiciste tu primera historieta?

“12 de marzo de 1981. 35 años, por ahora. Técnicamente, a mi primera historieta la dibujé alrededor de los ocho años, en una tira de hojas de computación de las que mi viejo traía del laburo, haciendo una ‘viñeta’ por página, con fibra, en la mesa del comedor.”

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas?

“Estudié en el taller de Marcelo Frusín durante varios años en mi adolescencia, y reincidí cuando volvió a abrirlo a principio de ésta década, cursando otro par de años. Él me ayudó a encausar mucho la cuestión narrativa, y a corregir innumerables errores formales, aparte de ser uno de los pocos profesionales a los cuales teníamos acceso en Rosario, y a través del cual podíamos saber cómo era el día a día del oficio, cómo se movía el mercado, cómo era el trato con editores y demás cosas que de otro modo no había forma de conocer en la era pre Internet.

A nivel influencias, las hay a montones o, al menos, admiración por cantidad de referentes, aunque no sabría decir si alguno de ellos se nota de alguna forma en mi trabajo. Referentes literarios serían Raymond Chandler, Charles Bukowski, J. P. Donleavy o H. P. Lovecraft. En historieta: Enki Bilal, Daniel Clowes, Hugo Pratt, Richard Corben, Katsuhiro Otomo, y mangakas más oscuros como Matsumoto Jiro, Junji Ito, Shintaro Kago, etc. Destaco mucho la influencia de los juegos de video, especialmente de aventuras gráficas como Sam and Max, Grim Fandango o The Longest Journey, o juegos como Planescape Torment o Shadow of the Colossus, que a nivel estético o narrativo son ejemplos de excelencia y una fuente de inspiración permanente.”

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Números uno al cuatro de Términus.

¿Cuál fue el primer fanzine del que participaste y cómo se desarrolló tu trayectoria hasta hoy?

“El primer fanzine del que participé -juro que me había olvidado completamente de esto- fue Seno de Theta, publicación autogestionada por el centro de estudiantes del Politécnico, el colegio donde cursé el secundario. Por esa época debía estar estudiando en el taller de Marcelo, pero por los dieciocho años entré en crisis, y no volví a tocar un lápiz por siete años, casi, hasta más o menos los veinticinco, donde medio tímidamente volví a escribir algunos guiones para ir practicando, y de a poco fui tomando algo de impulso. De ahí, pasé a colaboraciones con autores estadounidenses vía Intenet; primero gratuitas, para practicar y levantar un poco el nivel, y posteriormente pagas. Con el tiempo y algo de suerte conseguí la suficiente confianza como para largarme a trabajar como freelance, modalidad que mantengo hoy día, no sólo porque no me siento particularmente interesado en someterme a los ritmos de una editorial, sino porque me permite lo espacios para llevar a cabo mis propios proyectos editoriales y autorales.”

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Números cinco al ocho de Términus.

¿Cómo nació la iniciativa de Términus? ¿Se imaginaban que el proyecto iba a alcanzar la continuidad y el reconocimiento que tuvo? ¿En qué cosas crees que el ciclo de la revista fue creciendo y se desarrolló? ¿Cuáles son los puntos altos de Términus y qué recepción tuvo la revista entre los lectores?

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Blas, por Chiroleu, una de las historias con más continuidad dentro de la revista.

Términus germinó desde las charlas iniciales de dos amigos, Maximiliano Bartomucci y Gastón Flores, los que -como muchos otros en los últimos años-, estaban barajando la posibilidad de editar una publicación de historietas de género, como espacio para mostrar el tipo de producción que nos gustaba generar como autores. Me contactaron a mí, e hicimos extensiva la invitación a gran cantidad de nuestros conocidos freelancers -varios de los cuales fueron colaboradores estables durante la duración de la revista, como Damián Couceiro; Germán Peralta o Juan Frigeri-, ellos también se interesaron por la posibilidad de publicar en el país, ya que casi todos trabajaban para el exterior, y rara vez llegaban hasta acá sus trabajos. Si bien no esperábamos la recepción que llegó a tener, tuvimos mucha fe en el resultado final una vez que vimos el primer número editado, así como también pudimos apreciar el margen de crecimiento y mejora que existía. Sobre ese margen, es importante tener en cuenta que al momento de arrancar la revista, ninguno de sus integrantes tenía ningún tipo de experiencia editorial. No sabíamos de distribución, diseño, imprenta; puesteo en eventos o nada por el estilo.

En ese sentido, el crecimiento de la publicación fue a la par del aprendizaje de todas esas habilidades, así como de la conversación con los lectores, el contacto con colegas y la devolución de los mismos, lo que nos permitió ir afinando el criterio respecto al material y la presentación, así como encontrando vías para hacerla accesible a más lectores en mayor cantidad de zonas del país. Respecto a los puntos más fuertes, si bien la calidad de la presentación siempre se menciona, una vez establecido el formato, no volvió realmente a exigir mayor atención. Mucho más difícil fue tratar de mantener -y mejorar- el nivel de las historias publicadas. Recordemos que es una publicación hecha a pulmón -algunos dirían que es un fanzine de lujo- y por tanto lo único que podía atraer a un autor a publicar su trabajo en Términus es el placer que puede dar el ser parte de una antología donde uno pueda a su vez disfrutar de la compañía de las otras historias, donde pueda admirar a los demás trabajos y autores y sentirse aunque sea un poquito halagado por integrar ese equipo. De todos modos, el saber que el material iba a ser impreso en condiciones tales de lucir, siempre nos pareció una muestra de respeto mínima pero indispensable hacia los autores, y creo que ellos supieron apreciarlo y recompensarnos con sus aportes.

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Números nueve al doce de Términus.

La recepción, para una publicación que arrancaba con una casi totalidad de autores nóveles -¡y desde el interior!- fue más que positiva. Primero en Rosario, y después en el resto del país, a medida que pudimos hacer conocida la publicación en eventos y a través del boca a boca, tantos las ventas como las críticas y comentarios nos ayudaron a sacar rápidamente el segundo número, y a partir de ahí, seguir trabajando para encontrar nuestro ritmo.”

Desde lo comercial, ¿cómo lograron impulsar las primeras ediciones? Y también, ¿cómo lograron sostener la revista económicamente en el tiempo? ¿Cuáles son sus volúmenes de venta?

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Marcela, por Chiroleu, ciencia ficción cotidiana y telúrica.

“El impulso de las primeras ediciones fue una combinación de boca a boca, mucha presencia en eventos, difusión en redes -Facebook, bah-, una afortunadamente buena recepción crítica, y el ‘padrinazgo’ de autores más consagrados con aportes para esos primeros números -autores como Guedes; Ginevra; Frusín o Sanz, por ejemplo- los cuales a su vez tuvieron la generosidad de promocionarnos entre sus seguidores. A partir de ahí, fue mantener el terreno ganado e ir aumentándolo gradualmente con presencia en nuevas convenciones todos los años, incorporación de distribuidoras con las que cubrir áreas a las que no llegáramos en ese momento, etc. Trabajo hormiga, que le dicen.

El primer número se imprimió con un fondo conjunto de los miembros del grupo editorial, sumado al aporte por publicidad con que las comiquerías de Rosario nos apoyaron. Posteriormente, por encima de las ventas y de la publicidad, se requirió una inversión personal, durante los primeros tres o cuatro números, para mantener los tiempos de impresión prometidos. A partir del número seis, pasamos a números negros, e inclusive a poder cubrir gastos de viaje y alojamiento para llegar a convenciones. No sólo eso, si no a poder reimprimir -lo cual implicaba pagar una tirada completa SIN el apoyo de la publicidad- al mismo tiempo que la impresión regular de un número, o sea, a poder imprimir dos o más tiradas simultáneamente. Grosso modo, el volumen de ventas total estará rondando unos 6500 ejemplares de los doce números -con muchos más en circulación-. En general, tarda entre uno y dos años en agotarse una tirada, las que han sido de 500, 700 o 1000 ejemplares, según criterio.”

Ustedes lograron obtener un subsidio, que les permitió reemplazar la edición de la revista, para lanzar una colección de libros. ¿Cómo nace lo del subsidio? ¿Cuáles son los libros que van a sacar este año?

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Tecnócrata, por Chiroleu, una historia de buena factura, con algunos puntos estéticos en común con Arzak.

“El subsidio es parte de un programa de premios estímulo que viene ofreciendo el gobierno de la provincia de Santa Fé en los últimos años. Lo conocí a partir de Juan Ángel Szama, de Szama ediciones, el cual es compañero en el Colectivo Editorial Big Sur, y quien resultó ganador de un premio similar hace dos años. Un poco por sentir que ya había aprendido todo lo que podía de la experiencia de la antología, un poco por querer alcanzar a los lectores que prefieren una obra autoconclusiva, y un poco por mi propia necesidad como autor de probarme en historias más largas, decidí presentar el proyecto, el cual armamos con la ayuda de Mariano, Beatriz y Carlos Abrach, de Abrach & Asociados, en la parte técnica del proyecto. Por suerte, resultó seleccionado, y ya está impreso -y en comiquerías- Rip Van Hellsing, el primero de los tres libros a publicar. Éste compila tres de los arcos -publicados en Italia, originalmente, pero inéditos en la revista-, de las aventuras del cazador de monstruos creado por Enrique Barreiro, Hernán Ferrúa y Enri Santana, del cual publicáramos varios unitarios en las páginas de Términus. El segundo es Tekton, de Gastón Flores y Lisandro Estherren, una historia de ciencia ficción, sectas, arquitectura y realidades paralelas, y el tercero es El Borde, una historia de personajes cruzados en un hotel en medio de la nada, con elementos oníricos y estructura de thriller, escrita y dibujada por mí.”

Por último, ¿cómo ves el panorama actual de la historieta? ¿Le augurás un buen futuro? ¿Por qué? Y también, ¿Cuál es tu deseo con Terminus, a dónde querés llegar con la editorial?

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Rip Van Helsing, una de las novedades de este año.

“Realmente, me es imposible responder esa pregunta con alguna seguridad. Ya estamos en una situación difícil, en la que casi nadie que produce historieta para el país vive de esa actividad, y no veo razones para creer que eso vaya a cambiar en el futuro. Por esa razón, la producción va a seguir siendo -estimo- como viene siéndolo desde el dos mil para acá: casi mayormente a pulmón, por el deseo de hacer, por la búsqueda de realización personal, de algún módico reconocimiento, y pará de contar. Hay algunas plazas existentes para humoristas gráficos, para tiras y demás, pero es más de suponer que los medios gráficos como los conocemos van a tender a la disminución y no al crecimiento. Respecto a todo ésto, en lo personal, mi mayor deseo es equivocarme.

Términus, como editorial, está planteada desde lo autogestivo, y por tanto va a tener que enfrentar las mismas dificultades que la revista antes -y que muchas otras editoriales de las mismas características-, y a su vez, va a tener las mismas fortalezas que ellas, siendo la mayor el que no está -ni va a estar, creo yo- planteada como negocio. El dinero que se recaude va a ser para nuevos libros, y por tanto, va a ser necesario, pero si se recauda en tres meses o un año, no va a implicar la ruina de nadie, y por tanto me va a ser posible publicar tanto ganadores automáticos -si es que aparecen-, como historietas a las que quiera ver en papel por considerarlas meritorias, incluso si después tengo que convencer a cada lector de que le dé una oportunidad. A su vez, como autor, espero que sea el sello bajo el cual publique y distribuya mi material de acá en adelante. Soy bastante obsesivo con el control, así que soy el mejor y el peor editor que puedo tener. Veremos en el tiempo. Lo mejor que puede pasar es que los demás autores de la editorial lleguen a tener la misma opinión.”

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