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Daniel Perrotta: La ciencia ficción como herramienta

Daniel Perrotta, un inquieto guionista, dibujante y editor.

Daniel Perrotta, también conocido como Gigerama, y que en un principio firmó como Daniel Rojas, es uno de los actores más interesantes en la Nueva Historieta Argentina. Guionista y dibujante, Daniel suele trabajar tanto en solitario sobre sus propias obras, como también en colaboración con otros artistas. Partícipe de algunos de los fanzines más interesantes de los últimos 12 años -como Terror y Ciencia Ficción, Hotel de las Ideas, y Espinazo-, su obra  muestra un especial gusto por lo fantástico y lo mitológico, mezclada con la exploración de la condición humana y una fuerte militancia dentro del colectivo LGTBI. Por talento y producción, es una de las postas ineludibles dentro de la escena independiente actual.

Fecha de nacimiento, edad, y ¿cuándo hiciste tu primera historieta?

“Bueno, tengo 32 años, los cumplí el 4 de febrero. La primera historieta la dibujé los 13. El otro día la encontré, se trataba sobre un protagonista que separaba su cuerpo en varias personalidades, el enojado, el triste, el gracioso, el femenino, etc. Es loco, porque esa historia ingenua tiene cosas que todavía me resuenan.”

Margen de Error, aparecido en 2004, el primer fanzine de Perrotta, cuando aún se encontraba muy influenciado la estética manga.

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas?

“Te cuento primero de mi formación académica. Soy maestro de dibujo por la escuela Rogelio Yrurtia; profesor por el Beato Angélico; y ahora estudio Psicología en la UBA. Si me preguntás por qué Psicología, te diría que tengo una hipótesis. Creo que un autor es más interesante cuando no se cierra solo a su circuito. Experimenta. Experimentar es salir del perímetro. Los autores que más me gustan son los que trabajan un lenguaje mirado con ojos intrusos. Te doy un ejemplo. El director, David Cronenberg, un hombre de ciencia. El tipo no estudió cine, estudió Biología, y se nota esa mirada corporal sobre sus personajes. Por otro lado estudié con varias personas. En narración aprendí mucho de Salvador Sanz, en guión con Diego Agrimbau. Igual considero muy valiosas las devoluciones de mis amigos sobre mi trabajo.

Por último, es difícil hablar de influencias. Es como definir tu identidad, resaltás aspectos, pero en ese procedimiento escondés otros. Supongo que la pregunta me pide que hable sobre aquellas obras que me hubieran gustado que fueran hechas por mí. En cine, La Jetté de Chris Marker. Es un artefacto brillante, tiene el género de la ciencia ficción, pero también la forma vanguardista en que está contada, con esos fotogramas en blanco y negro. En historieta podría decir miles, pero creo que el impacto de leer cuando era chico tanto Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons, como Black Hole, de Charles Burns, y más tarde hacerles relecturas y seguir encontrando nuevos elementos; o Los Combates Cotidianos, de Emmanuel Larcenet, son importantes. Hace poco leí Una historia, de Gianni Pacinotti -(a) Gipi-, me conmovió mucho.

Es muy lindo cuando una obra te sorprende, porque uno ya perdió la inocencia de leer algo sin buscarle los mecanismos a las historias, los trucos. Me acuerdo cuando salió el primer capítulo de El Inivisor de Salvador Sanz, tenía 15 años, leí esa historia de 2 páginas y me impresionó muchísimo. Tenía todos los elementos que me gustan de una historia, fantasía y sexualidad. Tuve la misma sensación con El Hombre Primordial, de Mauro Mantella y Germán Erramouspe. Son dos obras que considero fundamentales.”

Números 7 y 8 del fanzine Difícil que el Chancho Chifle, surgido del Taller de Historieta que Salvador Sanz coordinó en el Centro Cultural Julián Centeya durante casi una década, y en los que Perrotta participó.

Desfigurada, una historia paralela al Desfigurado, de Salvador Sanz, con guión y dibujos de Perrotta, en colaboración con Julián Sequeira, aparecida en el número 8 de Difícil que el Chancho Chifle.

¿Cuál fue el primer fanzine del que participaste y cómo se desarrolló tu trayectoria hasta hoy?

Fenómenos, un desprendimiento de Terror y Ciencia Ficción, apareció en 2006, y fue otro de los fanzines en la producción de Perrotta.

“Cuando iba al secundario empecé a producir páginas para mi primer fanzine, Margen de Error. Era algo amateur, con mucha influencia del manga Seinen de ciencia ficción –Katsuhiro Ōtomo y Tsutomu Nihei-. Era la época de la moda Ivrea de mangas. A los 13 años quedé fascinado por Hans Rudolf ‘H.R.’ Giger, es más, en esa época me hacía llamar Gigerama -era algo así como el engendro de Giger-. Leía muchas novelas de ciencia ficción. Mis favoritos eran Philip K. Dick y James Graham ‘J. G.’ Ballard. En el profesorado conocí a Santiago Mansilla -(a) Santman- y a Emmanuel Enríquez, con ellos formamos Terror y Ciencia Ficción. Hicimos un montón de historietas y muchas nunca se publicaron porque eran a color, o por otros motivos.

Más tarde, los tres fuimos a estudiar guión con Diego Agrimbau. En el curso conocimos a un grupo de compañeros guionistas con ganas de empezar a publicar. Les propuse armar revistas y autopublicarnos, así nació el Hotel de las ideas. Hoy tengo más inquietudes por posicionarme en un tipo de historieta política.”

Terror y Ciencia Ficción, tuvo dos épocas, sus primeros 2 números aparecieron en 2006, mientras que los últimos 2, aparecieron en 2010 y 2012.

Los Gula apareció en el número 2 de Terror y Ciencia Ficción, y formaba parte de una historia más grande que Perrotta desarrolló a lo largo de varios fanzines, con distintos estilos de dibujo.

Perrotta formó parte del curso de guión dirigido por Diego Agrimbau, a partir del cual surgió el fanzine Hotel de las Ideas. Luego de 5 números, el colectivo artístico inició la transición hacia un emprendimiento comercial.

Creer o Reventar, una antología temática autoeditada en 2011, marca el inicio del Hotel de las Ideas como un emprendimiento de carácter comercial. El dibujo de tapa le pertenece a Perrotta.

Tu estilo de dibujo varió muchísimo a lo largo de los años, en tus primeros trabajos, en la época de Margen de error, mostrabas claras influencias del manga; años más tarde, en tu participación en fanzines como Fenómenos y Terror y Ciencia Ficción, tuviste una época muy marcada por la estética de Salvador Sanz; por fin, desde el Hotel de las Ideas en adelante empezás a mostrar una evolución hacia una síntesis más plástica con elementos del cartoon. ¿Este viaje plástico se dio naturalmente o forma parte de una búsqueda consciente? ¿Te llevás bien con tus trabajos más tempranos? ¿Qué cosas te interesa contar en tus historias?

“Los cambios de estilos y materiales son parte de una búsqueda. Tengo una postura más deleuziana. Hay un devenir, un movimiento nómade como autor. Trato de no estancarme en una identidad. Es muy cierto lo que decís, tengo una producción muy variada y me encanta. Me interesa narrar historias de lo marginal. Lo que esté siempre en el borde de lo humano.”

Además tenés una actividad como guionista. De hecho, con Emmanuel Enríquez formas una de las duplas creativas más duraderas del medio independiente, con él hiciste no solo historias cortas, sino también una novela gráfica a color, Lo subterráneo, y tienen una más en camino, Mapudungun. ¿En general, cómo es trabajar en dupla? ¿Y con Emmanuel en particular? ¿De qué tratan Lo Subterráneo y Mapudungun?

Lo Subterráneo, de Perrotta y Enriquez, junto a Contatiempos, de Érica Villar, marcan el ingreso del Hotel de las Ideas en el terreno de la distribución comercial.

Lo Subterráneo habla sobre la tensión entre opuestos -como hombre y mujer-, con tintes sobrenaturales. El título hace referencia a dos textos de freudianos fundamentales: Lo Inconsciente y Lo Siniestro. En Lo Subterráneo traté de agrupar varios conceptos psicoanalíticos. Para el psicoanálisis hay una idea topográfica donde lo que está en la superficie es lo consciente, y lo que está por debajo representa a todo lo reprimido -lo inconsciente-. Eso se ve claro en las casas de Estados Unidos, donde se guarda en los sótanos todo aquello que no se usa pero se quiere mantener como recuerdo -objetos de la infancia, por ejemplo-. Ellos juegan bastante en el género terror con el elemento del sótano, como si se tratara del lugar siniestro de la casa. Ubiqué mi historia en Capital Federal, e imaginé que si en la superficie está todo lo socialmente aceptado, todo lo masculino con sus edificios fálicos, su sol luminoso -el sol es un símbolo masculino/apolíneo de la razón-, y su civilización moderna; por otro lado, está lo subterráneo, lo reprimido, lo femenino/dionisíaco, la oscuridad/luna/lunática, lo instintivo, la cultura primitiva. Me pregunté qué pasaría si todas las mujeres de Capital, hartas de la opresión machista, destruyeran con su pulsión sexual –Trieb– toda la ciudad, y de esa energía destructiva emergiera así algo distinto. Tengo la idea de hacer una segunda parte, llamada Lunática, donde todo es oscuridad. Si Lo Subterráneo pasa entre Flores y Caballito, la historia va a correrse hacia adentro del Zoológico de Buenos aires, en Palermo. Va a ser un interpretación de un texto de Freud llamado, Tótem y Tabú, que habla sobre la horda primitiva.

Las primeras 10 páginas de Lo Subterráneo, la historia fue publicada por primera vez de manera online en el blog Cuadritos, de Andrés Valenzuela.

Mapudungun, con guion de Perrotta y dibujos del siempre talentoso Enriquez.

Con Emmanuel, también hicimos una adaptación a historieta de 48 páginas a color de Hamlet, publicada por Aguilar. Trabajamos armónicamente en equipo. Es un dibujante que traduce el espacio como pocos. Tenemos varias historias por hacer.

Trabajar en equipo es algo que me gusta mucho. Cuando colaboro con alguien esa persona le agrega su personalidad al trabajo. Me siento muy cómodo siendo solo guionista o solo dibujante, aunque también creo que hay historietas muy personales, y ahí uno debería ser autor integral.

Mapudungun es la historia de Nahuel, un mestizo mitad mapuche, mitad winca -blanco-. La leyenda del diluvio mapuche se vincula con el protagonista. Habla de un mito de origen. Tenemos pensado hacer una tercera historia sobre culturas antiguas. Lo subterráneo ocurre en el centro, Mapudungun trancurre en el Sur, y la próxima va a estar ubicada en el norte de la Argentina.”

Además de la ciencia ficción, la fantasía y el terror, tus trabajos siempre tienen un eje en las relaciones interpersonales y afectivas, donde por lo general también tratás temas cercanos a la militancia LGBT. ¿Qué cosas te interesa contar? Y también, ¿cómo ves al medio de la historieta, al que siempre se lo tildó de machista, con respecto a este tipo de temáticas?

Secuencia de El lenguaje de las palomas, con guion de Farías y dibujos de Perrotta.

“Como decía antes, me interesa el borde de lo humano. Eso hay que extrapolarlo a nuestra sociedad. Hay un modelo de humano, es hombre, blanco, heterosexual, cuerdo, universitario, clase media y, agregaría acá, porteño. Todo lo que se vaya alejando de eso pierde grados de humanidad. ‘Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros’, escribió George Orwell en el final de Rebelión en la Granja. Entonces estemos del lado de la minoría, contemos sus historias.

Todos sabemos que la historieta todavía tiene machitos anacrónicos. Los escuchamos hablar sobre las mujeres, gays y trans, lo que hay que hacer es fugar de ahí. Por suerte cada vez quedan menos. Lxs nuevxs autores traen frescura al ambiente. La historieta es un lenguaje muy rico, está en nosotros agenciar diversidades en los personajes.”

Por último, ¿cuáles son tus planes para este 2017 en el terreno de la historieta?

“Este año estoy armando un libro de perfiles de homosexuales argentinos. Varios basados en activistas. Además, tengo un proyecto de temática gay con Facundo Soto de guionista. Por otro lado, estamos armando con Emmanuel y Santman un grupo de historias distópicas. Con cierta impronta en el estilo de la serie Black Mirror, pero buscando un verdadero contenido político -que, creo, la serie no lo tiene, o sea no es un 1984, por nombrar alguna obra de ciencia ficción realmente política-.”

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Paula Nuñez: Ciencia Ficción en la Argentina del 2100

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Paula Nuñez, el gran enigma de la Nueva Historieta Argentina.

Paula Nuñez es una de las grandes promesas de la Historieta Argentina, un talento nato a la espera de ser descubierta y que su creatividad explote. Forma parte de un nuevo grupo de historietistas -muchas de las cuales ya formaron parte de este ciclo de entrevistas-, que abrazan la narrativa dibujada desde el género, desarrollando historias inscriptas en la fantásía,  el terror, la ciencia ficción, la aventura, e incluso el absurdo cotidiano, pero sin recurrir a la vertiente autobiográfica o autorreferencial.

Para tener una dimensión de su potencial, Salvador Sanz, ex-profesor de nuestra entrevistada, la definió así: “Paula es una gran dibujante y narradora, siempre supo poner el dibujo al servicio de la narración, de contar una historia, y tiene un mundo personal muy rico en imágenes y en nuevas ideas. Compartimos muchos gustos en común como nuestro fanatismo por Evangelion y el manga. Tengo muchas ganas de ver nuevos trabajos y más largos, espero pronto ver una publicación de ella.

Fecha de nacimiento, edad, y ¿cuándo hiciste tu primera historieta?

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Paula no solo ganó el concurso Ymir 2013, además colaboró en las antologías Psychopomp 2 Bunny Love y Psychopomp 4 Cockfight.

“Nací en 1991 y hoy tengo 25 años. Mi primera historieta la hice en el 2012, su título fue Samsara, y salió premiada en el concurso Ymir 2013.”

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas?

“En 2014 comencé mis estudios con Salvador Sanz en la Escuela Ola, pero ya antes había estudiado ilustración en la Escuela Sótano Blanco, con Andrés Lozano, y también en la EAH -Escuela Argentina de Historieta-, con Hernán Santoro.

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Paula colaboró en los números 4, 5 y 6 del fanzine Espinazo, tal vez el de mayor calidad gráfica de esta década.

Entre mis influencias literarias están Ray Bradbury y también algo de Chuck Palahniuk; después, en Animé, Evangelion, del estudio Gainax; en manga, Dorohedoro, de Q Hayashida; en ilustración, James Jean siempre fue mi ídolo desde que descubrí sus trabajos a los 14 años; y claramente, Salvador Sanz, quien no creo que tenga idea de la admiración que le tengo, jaja.”

¿Cuál fue el primer fanzine del que participaste y cómo se desarrolló tu trayectoria hasta hoy?

“El primer fanzine del que participé fue Espinazo, y fue parte del proyecto final de la cursada de historieta con Salvador. Sin él no hubiese podido participar, ni formar parte del grupo. Antes, solo había hecho un par de ilustraciones para la antología Psychopomp Bunny Love, de Gutter Glitter.”

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Una secuencia de El Actor, publicada en Espinazo.

¿Cómo fue la experiencia del Concurso Ymir en 2013?

“Increíble, aunque difícil, pero siempre me tuve confianza. Investigué y me documenté sobre montones de cosas para escribirla, aunque al final muchas de esas cosas fueron innecesarias, pero le dediqué muchísima energía al proyecto, y hasta el día de hoy no sé cómo logré hacerlo. No me refiero a ganar, sino a escribir y dibujar esa historia desde cero. Me prometí que si ganaba me iba a dedicar a la historieta y eso intenté hacer.”

Además, participaste de varias antologías de trayectoria en el actual panorama de la historieta independiente: Espinazo, Purple Books y Psychopomp. ¿Cómo surgieron esas colaboraciones?

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Una secuencia de Yume.

“Como comenté anteriormente, lo de Espinazo surgió gracias a Salvador. Luego los chicos fueron muy buena onda conmigo y traté de ayudar con el proyecto lo más posible, me encariñé mucho. Con Purple Books y Gutter Glitter participé mediante concursos o convocatorias. Conocí a los chicos en distintos eventos, y descubrí que tenemos muchas cosas en común, al menos en la forma de ver la industria. Sobre todo Lea Caballero y Paula Andrade, son unos genios, y por el motivo que sea, a ambos les gustaron mis trabajos y los incluyeron en algunas de sus ediciones, por eso, les estoy muy agradecida.”

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Los fanzines Yume, una historia original, y Arg. 2100, recopilando trabajos ambientados en el futuro, se publicaron a fines de 2015.

Recuperaste tus trabajos en dos fanzines, Arg 2100 y Yume. En ellos se puede ver tu predilección por la Ciencia Ficción, ¿es un género que te sale naturalmente? También, da la impresión que algunas de estas historias forman parte de un universo común, ¿Es así? ¿Tuviste alguna repercusión de los lectores con respecto a tus trabajos?

“Eran trabajos que hice para concursos o para proyectos separados, y que decidí compilar. Amo la ciencia ficción, pero no la limpia y blanca, no la sofisticada y recta de pantallas táctiles. Me gusta el desorden, el caos de las máquinas, esa cosa tipo Blade Runner o Inteligencia Artificial, con robots pobres, contaminación y lluvia ácida. Ese es el futuro que me resulta creíble, en ese futuro sí que veo la posibilidad de acción, de amor y de dolor, el otro solo parece plástico. Las historias las uní porque me enamoré de ese universo y de esos personajes, que son mis hijos.

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Página de Viaje, para Espinazo.

Tengo un par de historias desligadas de ese universo, que todavía no lograron llegar al papel, pero quien sabe, ojalá algún día… En cuanto a los lectores admito que soy difícil de contactar y entablar un diálogo, o incluso una relación, pero los comentarios siempre fueron buenos.”

Sabemos que en el 2016 estuviste un poco alejada del medio, ¿tenés planes para producir nuevas historias este 2017?

“El 2016 fue probablemente el año más duro que viví hasta ahora. Para ponerlo en pocas palabras, no solo me alejé de las redes, sino del papel completamente. Imaginate para una persona que dibuja sin parar, en el tren, en el subte, sobre un cartón, en servilletas, en todos lados, dejar de dibujar, de pintar y de crear por un año completo… Sigo superando problemas personales, y me haría muy feliz este año volver a crear algo. En lo que va del año ya hice dos o tres dibujos nuevos, es como aprender a caminar de nuevo.”

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