RAN, hablando con el Robot

11hs3za1aAllá lejos y hace tiempo, en una galaxia muy, muy lejana, cuando los ’90 recién empezaban a tomar forma y no sabíamos distinguir Robotech de Macross, unos pibes decidieron armar un robot con piezas japonesas y corazón argentino. Lo llamaron RAN, el Robot Argentino Nipón.

Cuenta la leyenda que las aventuras del Robot son incontables y que superó mil adversidades.  Incluso, hay gente que dice que todavía está en funciones. Hallarlo no ha sido una tarea sencilla, por cierto. Sus secretos parecen estar tan bien guardados como el origen de la Arcadia. Tuvimos que viajar al extranjero en busca de Pato Land, factótum de RAN, y pedirle autorización al Jefe Amamori, para poder desentrañar la mayor incógnita: ¿Por qué Harlock es tan guachi pistola?

¿Cómo y cuándo surge la RAN? Y también, ¿Qué intenciones tenían cuando arrancaron? ¿Por qué le pusieron Robot Argentino Nipón?

El staff de Ran, hace alrededor de 20 años atrás, en un conocido local de comidas rápidas de Corrientes y Callao.

El staff de Ran, alrededor de 20 años atrás, en un conocido local de comidas rápidas de Corrientes y Callao. De izquierda a derecha: Gabriel Platas, Pablo Mambo Rivas, César Pereyra, Patricio Land y Marcelo Romero

No recuerdo la fecha exacta pero creo que fue en el año 1993. Siempre me gustó hacer “revistas” de chico, en especial, en la secundaria, aunque no conocía la palabra fanzine. Hablo de cosas muy sencillas hechas con máquina de escribir y, con suerte, fotocopiadoras. Me acuerdo que con unos amigos de la escuela habíamos hecho una que se llamaba Ñakate y los veinte o treinta ejemplares que hacíamos por mes se vendían instantáneamente… RAN empezó casi de la misma manera, en las horas de ocio en mi casa de Castelar, básicamente impulsado por el impacto que me habían causado Robotech, Fuerza G, el Capitán Raimar y otros.

Por aquel entonces, Javier Doeyo publicaba -medio de queruza- un manga traducido por Andrés Accorsi, que se llamaba Xenon, en la revista Cóctel Molotov. Vía el correo de lectores, conocí a alguien que a su vez había hecho contacto con un misterioso personaje de origen taiwanés, que vendía comics en Rayo Rojo, que estaba en el subsuelo de la Bond Street. Resultó ser Li Chien Chuan, quien era fanático de Dragon Ball y Gundam… y tenía algunos artbooks chinos de Macross -que como todos saben era la base de Robotech-… Ahí explotó todo.

11874114_10206386445252991_548511395_nCon la gran cantidad de material que tenía en su departamentito -que podía traducir gracias a que eran versiones chinas de los mangas japoneses- empezamos a debatir ideas. Recuerdo que era perfectamente concebible largarnos con versiones truchas de Dragon Ball, ya que nadie tenía ni la remota idea de qué era eso. Creo que la mala calidad de los mangas chinos -que al fotocopiar se empastaban todos- nos hizo optar por sacar las primeras páginas de Video Girl Ai, que de todas maneras salieron horribles. El chino las ampliaba y les pegaba arriba las traducciones todas llenas de faltas de ortografía que había que volver a corregir. (Risas).

Por aquel entonces, ya se había unido al grupo Marcelo Romero, quien era -y aún es- periodista, además de gran fanático de Miyazaki, todo lo de Matsumoto y las series de televisión que nos habían quemado la cabeza durante nuestra infancia y juventud. También era el único con una formación formal en comunicación. Fue entonces cuando rompimos el chanchito y juntamos unos pesos para poder foto-duplicar el primer número de RAN, gracias a un negocio amigo cerca de donde yo vivía, que nos hizo precio pero no calidad.

Li también hizo las tapas de los tres primeros números. ¡Nadie se animaba a decirle que dibujaba muy mal por miedo a que no nos prestara más los mangas y artbooks que tenía! (Risas). Él fue también el que propuso RAN como nombre, aduciendo que era un término que hacía referencia al caos o a la rebelión. Nos gustó y así quedó. ¡No fue hasta mucho tiempo después que nos dimos cuenta con Mambo y César que el nombre era el acrónimo de Robot Argentino Nipón!

¿Quiénes era sus integrantes originales? ¿Todos hacían de todo, o se dividían las tareas editoriales?

Scan-150821-0006Como te decía antes, los tres originales fuimos Marcelo, Li y yo. También hay que mencionar a Gabriel Platas, era quien había hecho el contacto con Li, pero no terminábamos de congeniar y lo dejamos -injustamente- un poco afuera, y a  Ricardo López, que que aportó su ayuda para hacer la revista.

Li traducía los mangas, con Marcelo escribíamos las notas y después hacíamos las fotocopias. El chino -como todos le decíamos- tenía una canal de distribución importante ya que las hacía conocer en Rayo Rojo y a los pocos días nos dimos cuenta que había un montón de gente ávida de este tipo de material. Creo que coincidimos también con la edición en los quioscos de Akira, lo cual nos venía bárbaro.

A partir del número 4, la revista da un cambio rotundo, adquiere su logo definitivo, entran en el staff Cesar Pereira y Pablo Rivas -(a) Estudio Yukino-, y hay un cambio importante en el tono de la información, que empieza a hacer gala de un humor desestructurado. ¿A qué se debió ese cambio?

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Parte del Staff de RAN, hacia 1996-97. De arriba hacia abajo: Patricio Land, Pablo Mambo Rivas, Daniel Ardito y Daniel Acosta.

La RAN original era seria e informativa, ni siquiera se nos había ocurrido que el humor podría llegar a ser un factor a considerar, paradójicamente algo que luego nos distinguiría. Nos habíamos tomado muy a pecho eso de informar. Yo era muy hincha pelotas al respecto, chequeando la información, buscando buenas fuentes, corrigiendo los originales, los textos, las formas, etc. Éramos bastante insoportables. Recuerdo que tuve una seria pelea-discusión con Pablo RivasMambo– al respecto, yo no llegaba a entender que él tenía razón. Como muchos otros, él nos mandaba cartas con dibujitos -para situarse temporalmente apenas algunos teníamos email por aquel entonces, ni hablar de internet-, y en cierta ocasión, le dimos la “responsabilidad” de contestar el correo de lectores y meter una nota. La cosa es que había sanateado una respuesta a un lector y eso me puso de la mente. ¡Nos puteamos como unas locas! (Risas). Creo que fue en el número tres.

Al mismo tiempo, solíamos tener nuestra base de operaciones los domingos en el Parque Rivadavia y allí conocimos a César Pereyra Mabragaña, quien dibujaba como los dioses y, además, era más fanático del animé que todos nosotros juntos. Algo sumamente paradójico porque durante toda su infancia en la casa paterna, la televisión les había sido negada en vistas a favorecer la lectura y otras actividades sociales. La amistad con César y Mambito fue instantánea y como ellos eran los novatos, con Marquito -Marcelo Romero- pensamos ponerlos a prueba, a ver qué tal se les daba lo de escribir notas. Por supuesto, estábamos muy creídos en nuestros roles de elegantes reporteros. (Risas)

Ran.4aCuando César se despachó con una nota de Alita, después Los Caballeros del Zodíaco -aún no los daban en la tele local, los veíamos en las versiones brasileras y alquilando videos truchos re-copiados hasta el infinito que se podían conseguir en el barrio chino si tenías algún contacto- y Los Súper Campeones nos caímos de culo. El tipo vino a romper todas las estructuras y junto a Mambo abrieron las puertas a ese desenfado y a esos aires renovadores que fueron el humor y el tratar a los dibujitos como lo que eran justamente, dibujitos. Aunque ojo, éramos los más acérrimos conocedores de la vida y obra de cada uno de los autores japoneses que citábamos y adorábamos, pero nos dimos cuenta que nos divertíamos a morir encarando las notas de esa forma. A partir de una nota sobre Mazinger de Estudio Yukino, no hubo vuelta atrás.

El logo de RAN fue creación de Daniel Ardito, un amigo de César que más tarde se hizo muy querido por todos. Él es diseñador gráfico y nos ofreció su idea ¡absolutamente de onda! Se mantuvo vigente hasta el último número del Robot.

La revista estaba muy bien documentada para una época donde la información de lo que se producía en Japón escaseaba de sobremanera. ¿De dónde sacaban sus fuentes? Además en los primeros números incluían historietas que ustedes mismos traducían a un “argentino muy porteño”, ¿cómo surgió la propuesta y que impacto tuvo en la revista?

1452179_10201051391703750_704995258_NAl principio, antes de que llegaran César y Mambo, Li Chien Chuan traducía los mangas que publicábamos en cuentagotas. Más tarde, nuestro fanatismo por los dibujitos de Matsumoto y el acceso a muchos mangas, gracias a la librería OCS -de la calle Superí en Belgrano-, nos abrió las puertas a conseguir todos los títulos que queríamos. Como éramos muy pocos los que encargábamos manga -y leerlos de garrón en el lugar estaba bastante mal visto- (risas), íbamos casi todos los días a encargar libros y tratar de sonsacarle alguna que otra data o traducción a las chicas que allí atendían –Alejandrina y, después, Noemí, quien luego sería la mujer de otro integrante del Robot, el señor Ricardo López-.

César caía todos los sábados para que Alejandrina le tradujera el último tomo de Akira, que habíamos conseguido en su edición original. La edición española ya no salía más en los quioscos y los tomos gallegos iban súper atrasados. Sabíamos que si podíamos publicar el final de Akira en la RAN iba a ser un golazo, pero el problema era que no podíamos fotocopiar los cientos de páginas de este último tomo en un sólo número del Robot. Apenas si podíamos financiarnos las tapas con fotocopia color gracias -justamente- a la publicidad que OCS nos aseguraba en cada número. Así que optamos por hacer un resumen todo recorta y pega. Por aquel entonces, los scanners eran inconseguibles, así que por la noche y de contrabando entrábamos en las oficinas donde trabajaba César y le gastábamos la fotocopiadora al jefe haciendo reducciones y copias de las viñetas de los mangas que luego recortábamos y pegábamos para armar los originales de cada página que después iban a duplicación. ¡Hasta los ganchitos poníamos a mano! (Risas).

11920433_10153244434663580_694952590_nEl momento más brillante fue cuando a César se le ocurrió inventar la traducción de un capítulo de una obra, por aquel entonces desconocida, de Leiji Matsumoto, unas historias de guerra y aviadores que nos volaban la cabeza. El manga era The Cockpit, y como nos moríamos de ganas de ponerlo dentro de la revista, le inventamos los diálogos. También lo hicimos con Harlock/Capitán Raimar. La sorpresa fue que, cuando tuvimos oportunidad de leer los originales bien traducidos, ¡nuestra versión inventada era casi igual a la verdadera! Años después tuve la fortuna de poder mostrársela a Matsumoto en persona y se emocionó tanto que casi no me la quiso devolver. Era el único original que me quedaba, y además me la había autografiado. Fue un bajón explicarle que me la diera de vuelta porque no tenía otra… (risas) pero tenía que mostrarle a César que el mismísimo Matsumoto había apreciado su versión inventada de ese capítulo de The Cockpit. El Robot tuvo muchos momentos mágicos e inexplicables. (Risas)

La revista siempre estuvo poblada coincidencias extrañas, como ser la antecesora directa -y jamás reconocida- de Lazer, o tener a Mariela Carril -cara del anime en el canal Magic Kids- entre sus lectores ¿Qué podés decir? 

Ran.13bEl ex-director de Lazer, que en esa época era uno más del montón, como todos nosotros, había leído las primeras RAN, y al mismo tiempo estaban empezando a llegar a nuestro país unas publicaciones españolas sobre Manga y Anime, muy bonitas, formato grande, a color, toda la bola. Me acuerdo que Oberto vino y nos mostró esa revista en la efímera comiquería Planeta diciendo, “Vean giles, esto es la RAN, pero bien hecha. Algún día voy a hacer algo así”. Ya había pica con él, porque Mambo y Daniel Acosta, que oportunamente también nos ayudara mucho a hacer el Robot,  ya se conocían de Genux, la comiquería que Oberto tenía por ahí, en un shopping muy concheto.

Maru Carril también nos contactaba al principio por carta. En la primera, confesaba su sueño de tener un programa de animé en la tele. Como el Robot, era así, mágico, tardó algunos años en cumplirle el deseo, pero lo logró cuando fue la presentadora del Club del Animé. ¡Otro momento increíble, amigos! (Risas).

Todos los que producían la RAN, excepto esporádicos cruces -como la participación de Estudio Yukino en Catzole-, se mantuvieron lejos de la explosión de los fanzines de los ’90. ¿Cuáles eran sus canales de distribución? ¿Cómo se relacionaban con el público?

Ran.17bCésar era el que estaba más familiarizado con la movida fanzinera de la segunda parte de los ’90. Además, era el único que podía dibujar bien, así que era natural que buscara nuevos canales para poder publicar sus ideas. Si bien yo había participado en un número de Surmenage, luego me fui apartando de a poco.

Durante los primeros números del Robot, la distribución -si podemos llamarla así- se hacía de comiquería en comiquería, dejando algunos ejemplares en cada una, como todo el mundo. Tuvimos la fortuna de pegar buena onda con Gerardo, cuando se pasaba toda la noche en su puesto de BL Films, años antes de que existiera Camelot, él las despachaba de a docenas. Era nuestro principal punto de exposición.

Después, el Robot tuvo varios mecenas, por así decirlo. En una etapa fueron los chicos de Meridiana Comics quienes se encargaron de imprimir y distribuir en quioscos, gracias al capo de Javier Doeyo, quien no sólo nos hizo el aguante en nuestra época de fanzine, sino que fue el quien nos lanzó al verdadero ruedo. Personalmente, estuve muy mal con él, tras haber sido tentado por Axel K. y su socio de Bates Motel, famosa por editar la genial revista La Cosa, para que nos pasáramos a trabajar con ellos. El resultado fue un desastre -la RAN con tapa de Macross– y terminamos todos peleados. Es justo decir que ellos como editores no estaban interesados en nuestro producto sino en crear otro bombazo como había sido Lazer.

Ustedes, además, organizaban la RAN Party, que tuvo varias ediciones. ¿Cómo se les ocurrió? ¿Cómo era el evento?

Ran.15bLo de las RAN Parties surgió por necesidad. Cuando se agotó el tema de Robotech, Macross, Mospeada y las pocas series que el fandom conocía, nos empezamos a preocupar, porque teníamos muchísimas obras que comentar, pero todas eran absolutamente desconocidas para el público local. Nos moríamos por hacer una tapa de Gundam, pero nadie hubiese sabido de qué estábamos hablando. Así que se nos ocurrió que si juntábamos dos o tres televisores y una videocasetera podíamos pasar videos para ampliar el panorama. El gran problema era que no había forma de conseguir versiones traducidas y mucho menos dobladas. Te tendría que confirmar la fecha pero la primer RAN Party fue para festejar la salida del número 5 y eso sería más o menos 1994 en el sótano de Planeta Comics. ¡No existían ni las placas de video ni los divx ni nada, ya era un milagro conseguir una videocasetera NTSC! (Risas).

Ran.16bLo que hacíamos era pasar las pelis y hablar arriba comentando de qué se trababa. Un delirio, pero la gente se amontonaba en la puerta y las escaleras. Ahí nos dimos cuenta que la movida iba a ser grosa. Luego, hubo otras RAN Parties, unas cuantas, en distintos lugares y para distintos públicos. Fuimos los primeros en pasar la peli de Evangelion subtitulada.

Un amigo, Nicolas Miari, también lector y fan del Robot, se había ido a vivir unos años antes a Japón, y nos mandaba los VHS truchados del videoclub de su barrio y las traducciones en Word. Yo había conseguido una subtituladora y armábamos los originales que pasábamos en una pantalla gigante en un conocido boliche de capital. Pero la situación había cambiado mucho, el público era más que nada pre-adolescente y lectores de Lazer. Un puñado de amigos venían de las épocas del Robot, pero casi todos no tenían idea de lo que significaba RAN, o si lo sabían, era la revistucha que todos detestaban porque, a su manera de ver, nos estábamos subiendo al tren de Lazer. Además, el Robot había sufrido el alejamiento temporal de César, Mambo y varios otros, de manera que sólo quedaba el mito en todo caso.

Con el paso del tiempo, la revista fue creciendo en calidad y ganando público, ¿en qué momento se dieron cuenta que lo de ustedes era más que un simple fanzine?

Ran.18a3En honor a la verdad siempre quisimos hacer una revista, pero económicamente no nos daba el cuero, de manera que nos declinamos por hacer un fanzine, el formato que nos era, de alguna manera, accesible. Como suele suceder, hubo muy pocos números de RAN en un extenso período de tiempo, desde un momento en el que la palabra manga no significaba absolutamente nada para el 99% de la gente, hasta otro, hacia el final, donde todo el mundo iba con su tomito de Dragon Ball o Sailor Moon bajo el brazo. Nos dimos cuenta que el Robot había sido algo especial muchos años después, cuando la gente nos comentaba que leían nuestras notas y que se divertían mucho con ello.

Como ejemplo, te puedo decir que nos cayó la ficha el día que ojeando uno de los últimos ejemplares de la revista más conocida del país, utilizaban en una nota un término que César y Mambo habían inventado y que no formaba para nada parte del vocabulario japonés, aunque los avezados noteros de la competencia así lo sostenían. El término en cuestión era Chokuzoka, que no significa nada y que lo usábamos para reírnos del género del robot gigante. ¡Bueno, en realidad tenía varias otras acepciones, pero no puedo revelarlas públicamente! (Risas).

Parte de ese crecimiento se concretó cuando pasaron a imprimir la revista en Offset, dándoles una calidad de impresión superlativa ¿Cómo se decidieron al cambio? ¿Cuántos ejemplares tiraban?

logomain2La primera tirada en offset la bancamos nosotros en Agencia Cid, si mal no recuerdo, y fue muy humilde. Luego Meridiana hizo algunos números y creo que la tiraba oscilaba alrededor de los 5000, pero nunca lo supimos a ciencia cierta. Lo que recuerdo es que el número que bancó Bates Motel, fueron un montón, y que durante meses ocuparon un buen sector de los depósitos del Club del Comic. ¡Unas hermosas pilas que sus buenas puteadas se habrán llevado! (Risas).

Incluso, luego del Offset llegaron a los quioscos, y lo hicieron a todo color en papel ilustración. ¿Cómo fue la experiencia de volverse una empresa comercial?

Jamás fuimos comerciales. Nunca ganamos un centavo con el Robot, los pocos pesos que entraban los volvíamos a invertir en la salida del próximo número, nada novedoso para los lectores de esta página. Cuando saltamos a los quioscos tampoco vimos una moneda. Cuando nos largamos como independientes, papel ilustración y todo color, fue mi suegro quien por fortuna terminó levantándonos los cheques en la imprenta, en plena devaluación. Así que empresarios ni por asomo, ¡todo lo contrario! (Risas).

Nosotros tenemos rastreados hasta el número 18 de RAN, ¿es ese el último número? ¿Hubo alguno más? ¿Tuvieron planes de continuarla?

424011_10150530397141898_53484453_nEn todo caso fue la última en los quioscos. Hubo uno que posteriormente se conoció como la RAN Maldita, que salió muy mal impresa y que iba a ser lanzada conjuntamente con algún evento, tal vez un Fantabaires. Como no nos gustó, las tiramos todas a la basura. Después del número de Cowboy Bebop tácitamente nos dimos cuenta que no daba seguir insistiendo. El Robot se había convertido en un mito y si seguíamos sacando números íbamos a cagarla. Además, el público era otro y económicamente no era viable.

Durante un tiempo, alrededor del 2004 aproximadamente, hicimos un sitio web que traía las notas viejas y algunas nuevas, pero era mucho trabajo y los textos originales no estaban en versión digital y muchos ejemplares se habían perdido. Partimos de la base de otra intentona que un amigo en común Miguel Falco había comenzado previamente.

César hizo un fanzine unitario buenísimo que no pasó del número 1 y hace unos años nos divertimos mucho escribiendo notas nuevas para un blog que se llamaba Animetech, creo, si lo buscan, por ahí anda. Muy divertido también.

Además de RAN, ustedes se diversificaron, muchos participaron en la revista Nuke y hasta llegaron a producir y conducir el programa de Nuke TV. ¿Cómo surgió la posibilidad? ¿Cómo fue la experiencia?

Ran.18b2Nuke fue un manotazo de ahogado de mi parte. ¡Venía de fundir mi comiquería! (Risas). Los chicos de Editorial Power Play muy gentilmente me ofrecieron la oportunidad de dirigir mi propia revista.

Al principio tratamos de abarcar muchas temáticas que no fueran japonesas porque veníamos cansados de lucharla con el Robot, y porque para ese entonces había un líder indiscutible en el mercado dedicado a esa temática. Sin embargo, con el correr de los números de a poco se fue convirtiendo en una revista sobre manga y animé alternativa, para un público menos adolescente.

Nuke TV surgió cuando ni siquiera existía YouTube, o al menos no era conocido. Quería hacer un programa onda Club del anime o Cablín pero como no teníamos la posibilidad de salir por cable y mucho menos por aire, se me ocurrió que tal vez no sería tan descabellado grabar videos en CD e invitar a los lectores a tener mucho material extra con cada número. Fue muy duro de llevar a la realidad pero tuvo sus frutos, descubrí hace poco que mucha gente se encargó de ripear los videos y rescatarlos del olvido. ¡Además, parece que gustaba mucho!

Falta preguntar, ¿cuánto te sorprende que aún haya lectores de RAN y que hasta haya una comunidad activa en Facebook? ¿Valió la pena?

Claro, por supuesto, sobre todo porque la RAN fue sin dudas un semillero de talentos y amistades que aún perduran. Y cuando veintipico de años después los lectores nos siguen recordando y preguntando sobre las historias del Robot,  es increíble.

Solo puedo agregar que, de seguro, se me han escapado muchos detalles, pero eso se debe a que las respuestas sólo las tienen los verdaderos genios detrás de los engranajes: Marcelo Romero, César Pereya y Pablo Rivas…y todos los que alguna vez pasaron con sus cajas de herramientas prestos a remachar cada parte del Robot cuando estuvimos a punto de bajar los brazos. ¡A ellos, todo el honor!

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DescargasRAN N°4 / RAN N°7 / RAN N°16

Offtopic: varios de los amigos del robot se han embarcado en uno de los mejores y más bizarros Podcasts de la actualidad, Bostapocalipsis, por entero dedicado a esas películas clase B que hicieron la delicias de nuestra más tierna infancia.

Las tres revistas fueron escaneadas en Roberto Gabriel García y subidas al grupo RAN.
Publicado en Simultáneo con Zinerama.
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4 pensamientos en “RAN, hablando con el Robot

  1. Pablo A. dice:

    Hermosa nota, gracias por tanto.

  2. Marco dice:

    Genial, la nota. Ten go el orgullo de haber sido parte del proyecto y me hicieron emocionar!

    Gracias….TOTALES!

    MArcelo “Marco” Romero

  3. Zer0_D4RK dice:

    Muy buena entrevista a una fanzine que no conocía en absoluto.
    La verdad que veo que en aquél momento eran difíciles de conseguir las cosas, pero eso no significa que el disfrute de ello era poco.
    Tengo que decir que no conozco mucho el fandom de los ’90 y las movidas que se hacían en aquella década- Tengo 18 años, los cumpli hoy xD-, pero esto es una forma de acercarse a esos momentos, y conocer un poco más.
    Obviamente el día de hoy no existen muchas fanzines o revistas que sobrevivan al Internet, lugar lleno de un montón de cosas para el geek de hoy en día, pero sé que hay varías que siguen a flote y, ya sea por un pequeño proyecto emprendedor o por una idea de un amigo, dan sus frutos. Pocos, pero mejor que nada.

    No soy una persona que se haya metido de lleno en el fandom Argento, más que nada por una cuestión más propia, pero conozco acerca de eventos y el pensamiento de éste. Y la verdad es diferente al de los ’90.
    Tal vez no nos acerquemos al fandom de aquél momento que estaba en su punto más alto, pero siempre se puede disfrutar los pequeños momentos de la actualidad.

    Saludos.

  4. Muy linda entrevista, che. Me gustó mucho la vocación casera, el “hacelo vos mismx” de imprimir pastiches “a como dé lugar” (como diría Oliver Atom). Nunca tuve esta revista en mis manos, pero leí comentarios elogiosos de ella en algún grupo yahoo, tiempo ha.
    Me gustó la decisión de percibir y asumir que el público era otro, que los puentes tendidos ya habían sido cruzados por quienes tenían que serlo y dejar ese bote -o robot-. Queda más que el mito, quedan memorias y conexiones genuinas. El saber que se hizo algo que generó cariño en gente que precisó de esos contenidos.
    Esto no es privativo de los fanzines o revistas que tocan temas no masivos. Cuando algo se masifica, a menudo, lo hace no sin pérdidas. Digo yo, no sé.
    Saludos y admiración por esa buena onda de remar por lo que se ama.

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