Diego Arandojo: Recuerdos de provincia

Diego Arandojo es periodista, escritor y dramaturgo, pero también, uno de los guionistas más interesantes de la actual Historieta Argentina. Además, bajo el pseudónimo de Dearand, es dibujante. Su fanzine, Lafarium Cuartiquis -uno de los primeros en aparecer en la ya lejana Primavera de los fanzines de 1997-, es hoy una plataforma multimedia, con la que Arandojo sigue generando contenidos, muchos de ellos relacionados a su primer amor, la historieta. De cuáles fueron sus orígenes y qué recorrido lo trajo hasta hoy, es esta entrevista.

¿En qué momento empezás a interesarte por el mundo de la historieta?

edicion-1Desde niño. Dibujaba y a la vez escribía. De hecho el primer recuerdo que tengo es creando personajes e historias, que inicialmente volqué a cuentos y luego al dibujo. Pero fue recién cuando ingresé a la Escuela Garaycochea de Buenos Aires, hacia el año 1992, cuando adquirí una técnica, digamos, que le diera forma a mis garabatos. Cursé inicialmente humorismo con los maestros Ibáñez y Garaycochea y, posteriormente, con Oswal, historieta durante varios años. En paralelo siempre fui un activo lector de este género, gracias a que mi padre poseía un kiosco de diarios y revistas. Todavía las grandes revistas de historieta -y casas editoriales- existían: todas las de Columba, Skorpio, Puertitas, etc. Sin contar las maravillosas en formato horizontal como: Lupín, Patoruzú, Capicúa, Afanancio, Don Nicola y las editadas por Jorge Toro, Gattín, Fitito, etc.

¿Cómo surge y qué significa Lafarium Cuartiquis? ¿Cómo fue esa primera experiencia y cómo se reinventó en lo qué es ahora?

En 1997, junto con mi amigo periodista Maximiliano Ramos, teníamos ganas de editar un fanzine que pudiera dar espacio al género gótico, en todas sus manifestaciones, tanto en literatura, como en plástica o historieta. La razón era porque no hallábamos una revista local que saciara nuestros gustos específicos, por fuera de las publicaciones españolas importadas como Fangoria o Star Log que llegaban a los kioscos del centro de Buenos Aires. Pero que estaban más orientadas a las películas o series de televisión.

Ya veníamos hacía unos años atrás probando con otros formatos, pero finalmente me salió la frase “Lafarium Cuartiquis”, de uno de mis cuentos. Su significado era “Habitación sin tiempo ni espacio”. Una especie de lugar de tiempo abolido, pero que sin embargo tiene existencia material y está gobernado por un ente llamado Jonos. A partir de aquel año comenzamos a editar Lafarium Cuartiquis en formato fanzine. Entre sus colaboradores había amigos del curso de historieta de Oswal, entre ellos, LecLuciano Cruzado-, Jok Diego Coglitore-, Ángel Mosquito Mariano Pogoriles-, VladJuan Cruz Rodríguez– y FabFabián Arnaldi-, para mencionar algunos.

Teníamos formado un lindo grupo, con el cual compartíamos el sueño de publicar y vivir de la historieta. De hecho, al salir los sábados de las clases de Oswal, nos metíamos en un café próximo a almorzar, y pasábamos horas allí. Ese lugar fue bautizado como “Bar Lafarium”. Todavía tengo charlas grabadas en cassette de aquellos sábados.

De esta época inicial de Lafarium Cuartiquis rescato un número especial que fue una adaptación que hicimos del Apocalipsis de San Juan al formato de historieta, también con aportes de textos de Ramos. La historieta fue colectiva y dibujada por Jok, Lec, Juan Cruz, Mosquito, etc. Quedó bastante bien, dentro de nuestras posibilidades estilísticas de aquel entonces.

Tras terminar mis estudios con Oswal, Lafarium Cuartiquis pasó a ser una revista digital, hacia el año 2000. En esta nueva etapa como webzine -en la dirección actual www.lafarium.com.ar– tuvo la particularidad de ser la primera revista de este género, en Argentina, en formato totalmente horizontal. Tenía mucho diseño y cuidado en la selección de textos. Se agregaron muchos más autores, de distintos puntos de América y de España también.

laf-20-02Hacia el año 2004, Lafarium Cuartiquis entró en un impasse, dejando publicados 23 números. En 2006, gracias al impulso de los colaboradores Gladys Cepeda y Diego Ollero, se realizó una versión en papel, de carácter monográfico, dedicado a “Las Sociedades Secretas”. Para aquel entonces, solamente yo dirigía  la revista, con el aporte de textos e ilustraciones de distintos colaboradores del grupo original.

Pero no fue hasta el año 2011, cuando gracias al impulso del periodista Fernando Piciana, Lafarium Cuartiquis volvió a salir a través del sello editorial UnH Ediciones, nuevamente en formato digital. Se realizaron seis números monográficos y cinco especiales, entre ellos una entrevista que le realicé a Edward Packard, creador del concepto de los libros Elige tu propia aventura; y otra a Makoto Uchida, creador de emblemáticos videojuegos como Golden Axe y Altered Beast, entre otros.

Hacia 2014, y de acuerdo a un cambio editorial de UnH Ediciones, decidí recuperar el control total de Lafarium Cuartiquis. La regresé a su formato horizontal original, en el cual predomina el uso del blanco como si fuera negro, “Luz en la oscuridad”, uno de los pilares de la publicación.

Esta nueva etapa también dio nacimiento al sello editorial Oráculo Ediciones, el cual impulso actualmente con mucha dedicación y cariño. Ya llevamos tres libros editados en papel: Lafarium -que recupera textos publicados y otros inéditos de la revista-, La Casa Hiperbólica -de Claudio García Fanlo-, y Déjame en paz -un poemarío neogótico de mi autoría-. Y tenemos más libros proyectados para publicar durante 2015.

Actualmente, Lafarium intenta no ser sólo una revista, sino un concepto. Genero documentales e investigaciones en formato cinematográfico para reforzar los contenidos impresos, trabajando en clave transmedia. Ahora lleva el lema de “La mirada invisible del arte”, con lo cual intento transmitir ese concepto de algo que no está ceñido o atrapado a un límite espacio-temporal.

Vos participaste en uno de los movimientos más interesantes que tuvo la Historieta Argentina, el AHI -la Asociación de Historietistas Independientes-. ¿Cómo ingresaste en ella y cómo funcionaba?

edicion-2Durante el año 1997 e inicios de 1998 se venían realizando una serie de encuentros en la CTA de la Avenida Independencia, de Capital Federal, los días sábados. En aquel entonces las grandes revistas de historietas, en su gran mayoría, estaban desaparecidas o prontas a desaparecer -el caso de Columba, para citar un ejemplo-.

Como te dije, yo estaba vinculado a un hermoso grupo que surgió en las clases de Oswal, y que al término de la cursada siguió unido, a través de distintos fanzines -como Extraño Cameyo, que dirigía Mosquito-. Todos poseíamos estilos diferentes, y narrativas diferentes. Con Lec y Mosquito creamos La Squadra Potemkin, que era una suerte de colectivo con el que editamos algunas historietas, en aquel entonces bajo la fuerte influencia de las películas de Quentin Tarantino. Dentro de esa estética, también colaboré con un guión para la Morón Suburbio número 1 y luego con la número 2, con mi seudónimo Dearand.

Todos los que participaban de las iniciales reuniones en la CTA eran historietistas que publicaban sus respectivos fanzines, con mucha pasión y honra. Nos unía el vacío que existía en relación a la caída de los sellos editoriales argentinos y la necesidad de publicar, de alguna manera, nuestras historias. Cabe destacar el rol importante de la revista Comiqueando, tanto como medio difusor de novedades del medio, así como continuador de aquella gran revista de inicios de los años ’90 que fue Comic Magazine, que alternaba las reseñas de historietas con la publicación de nuevos autores.

Lentamente, reunión tras reunión, nació la idea de bautizar este nuevo emprendimiento, y salió la denominación Asociación de Historietistas Independientes, y luego ya la concreta misión de realizar el primer Historieta Bajo Tierra; el nombre venía más que nada del concepto del underground norteamericano, tal vez un homenaje y a la vez una realidad que vivíamos. La idea no era quedarnos sólo con las palabras, sino bajarlas a acción.

AhíSe comenzaron a barajar logotipos para la AHI; todos aportamos diseños (tengo los míos por algún lado, pero eran demasiados extraños y alocados), hasta que se eligió uno, que estaba muy bien y representaba el espíritu. Y empezamos a hacer medidas de cómo adaptar el espacio que nos daba la CTA para concretar el primer festival. Recuerdo que en aquel entonces yo estaba cursando el CBC para Imagen y sonido en la UBA, y tomé medidas y armé una planta arquitectónica en papel, pensando qué lugar ocuparía cada stand, cuántos metros teníamos, etc. En fin, intenté hacer mi aporte dentro de las posibilidades que tenía, ya que paralelamente al asunto de la historieta me estaba metiendo en otra gran pasión de mi vida, la cinematografía. De hecho en 1998, mientras se realizó el primer Historieta Bajo Tierra, ya estaba cursando la carrera de cine en el IDAC de Avellaneda.

Finalmente se realizó el primer festival y anduvo muy bien. Recuerdo que Mosquito logró contactar a una periodista de Página 12, que nos hizo una excelente reseña, y esto ayudó a que la gente conociera lo que estábamos haciendo. Además de público, vinieron profesionales como Quique Alcatena, que dijo una frase que jamás olvidaré, “Nunca dejen que este emprendimiento sucumba por los egos de los miembros”. Así que el saldo, tanto de recepción de la gente como de intercambio entre los propios historietistas, fue muy positivo. Había todo tipo de publicaciones, desde las que tenían una impresión más profesional, Catzole y Pluma Negra, entre otras, hasta los fanzines creados mediante fotocopias; también fue un encuentro de artistas que luego se consolidarían, como Gustavo Sala. Por mi parte, y gracias al aporte de la cámara de video S-VHS de Federico Velasco -compañero mío en Avellaneda-, filmé todo el evento. Lamentablemente el material no lo encuentro, espero hacerlo en algún momento.

 ¿Cuáles eran los objetivos del AHI? En el sentido de qué es lo que pretendía, a qué aspiraba.

Durante la etapa de mi participación, entre 1997 y 1999, se trataba de generar un espacio nuevo para la publicación y difusión de historietas, en un país ya sin grandes editoriales. Hacer algo nuevo. No emular el pasado.

Había jóvenes y adultos; profesionales y no profesionales. Pero no había distinciones y eso era algo muy lindo. Éramos todos historietistas y nos unía el amor a la historieta, y el deseo de que la rica tradición de este formato en Argentina continuara de alguna manera. Esa, creo humildemente, era la gran ilusión.

¿En qué momento se escinde el AHI y por qué? O si no, ¿en qué momento vos te escindiste del AHI y por qué?

edicion-3Hacia 1999, yo estaba en el segundo año de la carrera de cine en Avellaneda. Mis intereses ya eran otros, si bien estaba empezando a publicar profesionalmente -en aquel entonces en la revista Croniquita, del Diario Crónica-, me tiraba mucho la cinematografía y también la escritura de guiones. También, habíamos hecho con Mosquito, Lec y Fabián Arnaldi el fanzine “Cero Onda”, del cual salió sólo un número. Si bien nunca dejé de hacer historietas, en ese momento no me veía trabajando a futuro de eso, o no al menos exclusivamente. Tenía otros intereses que me tiraban más fuerte, la escritura audiovisual por ejemplo. Entonces tomé la decisión de apartarme del AHI. Por lo cual no viví el proceso de extinción de la AHI, sino más bien sus orígenes.

Quiero decir algo importante: aquella época, al menos en mi parecer, no tiene nada de épica. Me pasó hace un tiempo de leer una crónica de la AHÍ, narrada en clave aventurera. Y te puedo garantizar, con mucho respeto y afecto hacia todos los participantes, que no tenía nada de épico. Era el esfuerzo, el gran esfuerzo, de un gran grupo humano maravilloso por darle continuidad a la historieta de autor en la Argentina. Sangre, sudor y fotocopias.

¿Qué fue de aquel Dearand dibujante? ¿Y qué recordás de Moron Suburbio?

edicion-apocalipsisNunca cesó. Siempre dibujé y dibujo. Alterno el seudónimo Dearand con mi apellido, dependiendo la historieta que realice.  A pesar de que en los últimos años trabajé más como guionista de historietas, que como dibujante. Eso a razón de mi trabajo actual como autor de televisión y teatro.

Una de las primeras publicaciones que recuerdo, con mucho cariño, fue en la colección Colorin Buc que editaba el gran Elenio Pico, en el mismo tiempo que salía la mítica Lápiz Japonés, hacia el año 1996. Me editó un librito llamado Pezonario, que tenía dibujos a pincel de seres con pezones. Mi estilo en aquel entonces era fuera de lo común. No me interesaba repetir estándares anatómicos. Mis historias no tenían remate. No me interesaba el remate. Quería llegar a impactar, en algún nivel. Dejar atónito al lector. Por ejemplo, con una historia que salió en Cero Onda, llamada El licenciado Birulete y su amigo, la porción de pizza homosexual. Incluso, me llamó una persona telefónicamente para insultarme.

DearandMarianoÁngel Mosquito– arrancó con Morón Suburbio con mucha perseverancia y fuerza. La vendía a $ 1, y era una publicación bien impresa, tapa color e interiores blanco y negro. Tenía la tenacidad necesaria para conquistar una meta. Tal vez esa era la diferencia que tenía con los demás estudiantes de Oswal, se había propuesto una misión, que era publicar.

Para el primer número, Mariano -muy influenciado por el cine de Emir Kusturica, Tiempo de gitanos y Underground; y también por Tarantino-, me propuso guionarle una historia. Y luego también para el Morón Suburbio 2. Fue una linda experiencia. De hecho, también escribí una serie que nunca vio la luz llamada Marte Suburbio, mezcla de Ray Bradbury y sus Crónicas Marcianas, y la estética narrativa de Morón Suburbio.

Vos estuviste involucrado en una publicación de los más interesante de  aquellos años, Cero Onda, su único número bastó para ponerla en primera línea. ¿Cómo surgió, cuál era el proyecto, por qué no siguió?

Cero OndaUn poco lo expliqué antes, queríamos hacer una revista distinta, que unificara nuestros distintos estilos. Barajamos varios nombres hasta que salió Cero Onda. La propuesta era muy buena, pero lamentablemente no se pudieron concretar más números. También era una etapa que yo me estaba volcando más al cine que a la historieta.

Tu relación con la historieta es profunda y siguió luego del AHÍ, allá por el 2004 participaste de Bastión, y hoy tenés más de un guión publicado en el suplemento de Telam… ¿Cómo fue tu carrera Post-AHI?

Al término de mi participación en la AHI, continué mi carrera de cine hasta diplomarme como realizador cinematográfico en el año 2001. En ese período de tiempo –además de los trabajos para Croniquita y otras revistas del interior, como Lote, de Santa Fe-, había publicado una historieta en la revista Qajas de Edgardo Carosia y Jorge Tarruella; una publicación de gran calidad que persistió algunos números.

En 2003, junto con un amigo catalán -actualmente fallecido- publicamos un libro de cuentos de terror titulado Cuentos macabros para sonámbulos -con ilustraciones de tapa e interiores de Lec-. Ahí conocí a Matías Timarchi, que trabajaba como diseñador gráfico en la Editorial De los Cuatro Vientos. Hablamos de historieta, de lo mucho que nos gustaba. Él ya estaba empezando a armar Bastión Cómix. Así que, a partir del segundo número, me publicó un relato, y luego, publiqué otros guiones dibujados por diferentes artistas. Una experiencia invaluable.

Paralelamente, con Ed Carosia -que se había mudado a España; primero a Madrid y luego a Barcelona- trabajamos en distintos proyectos. Siempre como guionista. Así publicamos historietas en Dos Veces Breve, Monográfico, etc. Fruto de esta colaboración fue el libro editado en España y Francia, Manu en la playa, de la colección Mamut, de la editorial Bang. Ed es un grande.

nomuertos_01Con Matías luego armamos muchos proyectos que, lamentablemente, no vieron la luz. Uno de ellos fue T de Terror, adaptaciones a cómic de cuentos clásicos de terror. Escribí seis en total, y se publicaron dos –con arte de Sebastián Cabrol y Sergio Monjes– en el libro Relatos de no-muertos, publicado por Ovni Press. El resto está inédito. Al igual que una gran serie de vampiros y hombres-lobo llamada Wolfmaiden, co-escrita con Matías.

A mi formación como realizador cinematográfico le agregué otra carrera, guionista de televisión. Fue así que, entre los años 2004 y 2006, cursé esa carrera en el ISER de Buenos Aires. Logré ser medalla de oro y de plata, con los mejores promedios de todas las carreras.

Y, por último, sobre la historieta de Télam: surgió de una propuesta de Quique Alcatena. Yo armé el guión y él la dibujó junto con Silvestre. Fue una experiencia maravillosa, jamás imaginé que iba a compartir página con estos dos grandes de la historieta y de la vida.

Además, sos guionista de Cine y Televisión ¿Cómo es la experiencia? ¿Cómo resultó la experiencia de trabajar sobre la vida de tantos caudillos y próceres de nuestro país? ¿Desde dónde se aborda la temática? ¿Qué desafíos implica contar la vida de alguien como Güemes, tan conocidos por todos y la vez tan lejano?

Hacia 2004, haciendo el primer año de guión en el ISER, ya tuve mis primeras experiencias en el medio de la televisión. Siempre como asistente de producción o Logger -visualizador-. Pero ese año fue importante porque gané el concurso a mejor guión de cortometraje del Fondo Nacional de las Artes, con mi obra El caracol rosa.

Así que puedo decir que arranqué en la televisión haciendo los peores trabajos. Lentamente y gracias a las ganas por salir adelante, me fui abriendo un espacio en distintas productoras hasta ocupar el rol de guionista. En el programa Coronados de gloria -emitido por Canal 9 de Buenos Aires- conocí a Darío “Chino” Volpato de MIDACHI, con quien formamos una dupla de trabajo y creativa.

Luego vino el trabajo con Canal Encuentro, hacia fines de 2007 e inicios de 2008. Trabajé mucho en series documentales y de animación, principalmente con la gente de Occidente Producciones, y más actualmente con Malchiko Cine, de Santa Fe, para la cual guioné Escenas de la historia de un país -primera temporada- y las dos exhibidas este año, La era de los caciques y Güemes.

La experiencia de trabajar la historia en clave televisiva me apasiona. Es tomar un contenido “duro”, a nivel de información, y convertirlo en una historia amena para el público, pero que tenga estructura dramática. No embolar al espectador; hacerlo disfrutar de la historia, y a la vez no perder rigurosidad de contenidos. Porque Canal Encuentro depende del Ministerio de Educación. Y ya estoy escribiendo como mi serie número trece para esta señal.

Una de las grandes satisfacciones que me dio el trabajo para Canal Encuentro fue que en el año 2012 recibí el Premio Argentores a Mejor Serie Documental por Presidentes Argentinos, una serie que contó con guiones de mi autoría y la realización de Occidente Producciones.

¿Como es tu relación de trabajo con El Chino Volpato?

esquina_718Nos unió el interés por el género fantástico, y también por el teatro. Al término de Coronados de gloria comenzamos a pensar una miniserie de ciencia ficción que se llamaba Esquina 718. La estructuramos y, para ayudar a visualizar el proyecto, la convertimos en una novela. Fue publicada primero en Dunken y luego por Ovni Press.

Más tarde, logramos llevar a teatro dos obras, El Reportero -2011-2012-, con las actuaciones de Fabián Vena y Eduardo Blanco; y Vivir Desconectados -2013-, con las actuaciones de Jorge Sassi y Elías Viñoles. Y hay una tercera obra, llamada Run!, que se encuentra en pre-producción.

El Chino es un profesional. En todo el sentido de la palabra. Un caballero. Respetuoso y preocupado por darle al público lo máximo.

Vos dirigiste un documental interesantísimo sobre Terrera, el guardián del Toki Lítico. Es muy interesante tu postura neutral sobre el tema. Amén de los hechos que exponés en el documental, ¿cuál es tu postura, creés o no y por qué?

El largometraje documental 30 años de silencio, el secreto de Guillermo Alfredo Terrera, fue producto de un intenso trabajo de investigación y producción de 4 años, totalmente auto-financiado a través de mi productora, Lafarium Contenidos.

Llegué a Terrera por el asunto del Bastón de Mando de los Comechingones. O sea, comencé por la obra metafísica de este profesor de la Universidad Nacional de Córdoba, que luego se mudó a la localidad de San Isidro, en la provincia de Buenos Aires. Después descubrí sus libros más clásicos, como El caballo criollo en la tradición argentina, Caciques y capitanejos, etc.

Así que empecé a buscar datos sobre él, y sus libros metafísicos –muchos ya son piezas de coleccionistas- que estaban fuera de circulación. Y con todo eso armé un guión inicial de rodaje. Gracias al artista plástico residente en Mar del Plata, Sergio Menossi, logré tomar contacto con dos de los hijos del Profesor Terrera. Luego con más testimoniantes.

Básicamente, quería hacer un film documental periodístico, con tono neutral, que permitiera comprender al espectador el por qué un docente universitario, amante de la tierra argentina y sus costumbres, da un giro en su vida y carrera y empieza a hablar de metafísica.

A nivel de tu pregunta de que si creo o no en el Bastón, no tuve oportunidad de verlo físicamente. Son muchos los discípulos o personas que sí estuvieron en contacto con este Toki Lítico y que afirman que tiene un poder especial. Todo eso lo resumí en mi libro Bastón de Mando, un secreto guardado durante 30 años, editado por UnH Ediciones.

Has hecho varios documentales sobre la historieta, hay dos sobre los que nos gustaría que hablaras, puesto que son amigos a los que admiramos: el increíble Quique Alcatena y el inconmensurable Silvestre “Frank” Szilagy. Vos trabajaste con ambos, ¿qué nos podés decir de ellos?

Dos genios. Dos seres humanos excepcionales.

Comencé a filmar historietistas a partir de un documental, en formato crónica, que le hice a Clemente Montag -el autor de Coco y Cilindrina– en febrero de 2014. Los chicos de Banda Dibujada lo vieron y me ofrecieron hacer un video similar sobre Eduardo Maicas, para proyectarlo en la entrega de los Premios Banda Dibujada de 2014. Y fue tanta la alegría que me dio eso -a la vez de ser yo también dibujante y amante de la historieta-, que comencé a hacer más y más crónicas documentales sobre historietistas. Entre ellos el gran Silvestre, con quien estamos actualmente trabajando en una historieta  de ciencia ficción juntos.

La idea de hacer un largometraje sobre Quique Alcatena surgió de un sueño que tuve, estaba en una comiquería y encontré un libro sobre él, que era a su vez una biografía, como un documental en historieta. Eso me cautivó. Las páginas eran como story-boards. Luego me desperté.

Estuve con esa idea durante meses, hasta que me animé y hablé por e-mail con Quique. Nos encontramos en el mítico café El Coleccionista, de Caballito. Y le planteé la idea de hacer un largometraje sobre su vida y obra. Quique accedió y comenzamos el rodaje, que entre pos-producción y demás, duró un año.

Le estoy profundamente agradecido por haberme abierto las puertas de su casa, de su estudio; ver originales publicados e inéditos, charlar durante horas, compartir café y recorridos por distintos espacios. Fue -y es- una experiencia maravillosa. Digo “es”, porque como el documental posee una dimensión transmedia, mi objetivo es seguir haciendo segmentos de contenido sobre Quique, que se vayan conectando a las secuencias del film documental. Una suerte de “Biblioteca Alcatena”, sin fin.

También a este film se le complementa un mediometraje documental sobre Metallum Terra, que será editado en DVD -en una tirada exclusiva- para la nueva reedición de esta historieta de Alcatena Mazitelli, que llevará adelante la editorial Napoleones sin batallas en 2015.

Trelew5

Publicado en Simultáneo con Zinerama.
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Un pensamiento en “Diego Arandojo: Recuerdos de provincia

  1. Jok dice:

    un grosso! quedó claro.

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