Entrevista: Rnz Podestá (y II)

El planeta se ha congelado y a tan helado destino solo han sobrevivido intactas tres cámaras de criogenización, en una de ellas se aloja un simpático hombre desnudo, en otra un triciclo y en la tercera un misterioso ser que huye dejando tras de sí un rastro de pompas de jabón. Tamaño escenario nos propone Icycle, juego online que nada tiene que ver con la segunda (y final) parte de la entrevista a Renzo Podestá. Ah, y si te quedaste en el tiempo, acá podés leer la primera parte.

  • Che, en cuanto a las herramientas de trabajo, ¿preferís las clásicas o las digitales?

Cada herramienta sirve para cada cosa. Imposible clavar un clavo con un sacacorcho, ¿no? Sin embargo mis herramientas “análogas” son apenas un par de lápices de grafito, un trío de estilógrafos (0.2, 0.3 y 0.8), algunas plumas que conseguí hace poco, pinceles número 4 y 6 y tinta china. Para todo lo demás, existe Photoshop. Ahora estoy queriendo volver a usar acuarelas y acrílicos. Las dejé de usar porque tuve demasiadas mudanzas, en relativamente poco tiempo. Pero de todas maneras estoy como des-oxidándome de a poco, así que voy a tardar de mostrar eso. Además, para aprender (o re-aprender) a manipular una herramienta necesitás algo de tiempo extra. Y yo siempre ando con los minutos contados. Sin ir más lejos, el otro día conseguí un set nuevo de pinceles para Photoshop, que me permitiría expandir un poco mi abanico de posibilidades, pero, no los puedo explotar al máximo debido a que tengo compromisos y entregas. No puedo estar las 24 horas del día dibujando. También tengo una editorial que atender. O quiero ver tele o beber o estar con mi novia.

  • En todos tus años de experiencia, ¿desarrollaste una fórmula para encarar el proceso creativo?

Depende si estoy dibujando un guión ajeno o si estoy haciendo algo mío. Pero digamos que tengo todo muy dividido entre lo que es freelance y mío. A lo freelance lo hago bajo un proceso fordista. Trabajo cierta cantidad de páginas, supongamos diez, por etapas: primero las boceto, luego dibujo el lápiz, después entinto (siempre entinto mis propios lápices)(de hecho, aborrezco mis lápices) y si las tengo que pintar, entonces las pinto. Todo por grupos. Fue la manera más rápida que encontré para cumplir con los plazos de entrega, así que cuando me preguntan “¿cuántas páginas dibujás por día?” no sé qué responder ya que saco páginas como si fuera una máquina de hacer chorizos.

De todas maneras eso es algo que hago hoy. Quizá mañana implemente otro método. Lo que sé a ciencia cierta es que no existe nada relacionado a la palabra fórmula. Cualquier cosa que te sirva está muy bien. Lo que no suma, resta. Así que lo que no te sirve, cambialo.

Con los proyectos personales es todo un poco más caótico y cambiante. Le presto muchísima atención al guión y la narrativa, aunque también me adapto según el proyecto. No guionizo El Aneurisma del Chico Punk de la misma manera que guionizo Dummy, por ejemplo. Es más, Dummy me cuesta muchísimo hacerla porque quiero darle otro uso a la voz en off, un recurso que siempre odié y que por H o por B nunca pude usar. Con El Aneurisma pasa lo opuesto: no tiene voz en off sino que se cuenta todo más “en tiempo real”, tiene la lógica de lo urgente y ir descubriendo la historia a medida que se va contando.

Sea como sea, es natural que un guión mío tenga 35 millones de re-escrituras. Especialmente, aquellos que no tienen una estética particular ni una forma de acercarse a nivel semántico. Hay tantas formas y elecciones que a veces te podés volver loco. Es lo bueno y lo enfermizo de hacer historietas. Jamás escribo nada de texto (quiero decir, no escribo los guiones como convencionalmente se hace) sino que planto directamente el “guión” desde el boceto de página, aprovechando que me conozco como dibujante. Eso a veces sirve, a veces no; a veces necesito sentarme a escribir todo un background, para usarlo como guía. El Aneurisma, por ejemplo, empezó de manera semi-automática, porque no buscaba otra cosa que contar la vida de cuatro adolescentes dándose tortazos. Hoy por hoy, la historia es tan grande, con tantos vericuetos y trasfondo, que sí o sí tengo que escribir cosas que probablemente jamás leamos impresas, pero que dotan de coherencia interna a toda la cuestión. Por eso me gusta mucho la pre-producción de las cosas, todo el desarrollo interno. Una vez que está encaminado, lo demás es fácil: disfrutar dibujando. Y cuando termino de dibujarlo, lo entrego, sale publicado y listo, me olvido de eso. Es más, ni siquiera vuelvo a releer mis cosas. Tengo la tendencia a detestar lo ya hecho. Para mí, las mejores cosas son las que están por salir. Tal vez por eso le doy tantas vueltas a mis proyectos, quizás los quiero retener un poco más antes de odiarlos para siempre.

Es más (no voy a decir nada novedoso), pero vamos: no hay nada mejor como cuando viene una idea por primera vez y empezás a investigar cómo aumentarla. Puedo estar meses enteros leyendo cosas relacionadas a una historia. Con Dummy estuve viendo documentales acerca de las pruebas atómicas de los 50´s y leyendo acerca de la creación de los muñecos de prueba, con todo lo que eso trae aparejado. Y es interesantísimo, porque hubo un momento en que las pruebas de seguridad de un auto se hacían con cadáveres. De ahí surgió la conexión con la historia en sí. Boiled tiene toda una lectura previa acerca del Unus Mundus, los agujeros de gusano, la física cuántica o la teoría de cuerdas, todo para justificar una historia donde lo grotesco y el absurdo son protagonistas. A veces todo ese material te sirve únicamente como fuego para cocinar el estofado. Y no es lo mismo cocinar un estofado a un fuego precario que cocinarlo a un fuego lento y tranquilo que vaya macerando los ingredientes.

  • El freelanceo te llevó hasta el mercado internacional, ¿cómo fue la experiencia?

Empecé laburando como freelance para Inglaterra en 2003, más tarde en Canadá y después Estados Unidos. Hubo algún que otro proyecto en Francia, España, Noruega y Dinamarca. Toda esta carrera la hice mediante Internet, primero aceptando encargos menores y luego firmando contratos con grandes editores.

Del balance que puedo extraer de laburar bajo este sistema, se viene la Confesión Número 2:

Tengo una relación amor-odio con todo esto. Por un lado, detesto bastante ser freelance ya que me quita mucho tiempo de trabajo y energía que podría depositarla en mis proyectos personales. Es decir, me gustaría, en el mediano o largo plazo, trabajar como autor integral en esos lugares, no como mero dibujante que cobra su page-rate, paga el alquiler y se olvida del asunto. Pero por otro lado, sería injusto decir que no aprendí nada o que no me sirve la situación. A la larga, conseguí un pequeño y modesto nombre ahí afuera. Económicamente hablando, me sirve no solo para vivir sino también para financiar mis publicaciones acá. Y al mismo tiempo aprendí lo que es trabajar en varias industrias y mercados, cosa que acá es imposible. Aprendí millones de yeites tecnológicos, aprendí formas de tratar a los editores, aprendí muchísimo de lo que es la profesión. Así que al final del día esa relación amor-odio termina en empate técnico.

  • ¿Son hinchapelotas con el tema de los plazos de entrega, el profesionalismo, todo eso?

Acerca de los plazos de entrega no, no son muy estrictos. O sí, depende de cómo lo mires. Pero estás en el baile, qué querés que te diga, ja. If you play with dirt, you get dirty. Si tengo que ser 100% honesto, todo ese rollo del profesionalismo no lo entiendo. Trato siempre de cumplir, entregar a tiempo y punto, eso es todo. Pero, en el fondo, quiero sacarme de encima esos encargos así dispongo de más tiempo para dibujar mis cosas. Es como cuando eras chico y tenías que terminar la tarea para tener el resto de la tarde libre y jugar con tus He-Man, en paz.

  • ¿Te bajan alguna línea?

No, no tengo condicionamientos artísticos de ningún tipo. Afortunadamente siempre me contrataron por mí manera de dibujar y de plantear las cosas. Y por supuesto, lo que dibujo en estas situaciones equivale a caer en una fiesta que ya empezó y donde  te pagan para que aportes las cervezas que le gustan a todos. Y como se trata de una fiesta a la que te invitaron, no queda muy lindo si le vomites la alfombra al dueño de casa o le desvistas la novia, ¿no? A lo que voy es que sé donde me meto y qué teclas pulsar cuando acepto un encargo. No voy a meter tetas ni vómitos en contextos no adecuados. Aparte para eso tengo mi obra personal. Visto desde ese costado, no tiene nada de malo dibujar para los diferentes mercados, son medios y no fines en sí mismos. Incluso no me molestaría dibujar en el mainstream puro y duro.

  • Sabemos que allá publicaste “Ichabod Jones” y “27”, ¿te jode no verlos publicados acá en Argentina?

27 e Ichabod Jones son pequeños grandes logros que me permiten, hoy por hoy, establecer otra clase de tratos con los editores. Y otros honorarios, ja. Por más que suene obvio, es muy importante para la profesión ser un dibujante publicado. Ser publicado genera garantías, confianza. Y más si lo que publicaste se agotó el mismo día de su lanzamiento, como sucedió con 27. A partir de ahí, hay que doblar la apuesta, apretar un poco más las riendas. Hay mucho de caradurez en lo freelance, pero si a la caradurez la reforzás con algo relativo a un respaldo, podés conseguir más más y mejores proyectos.

Tampoco me genera frustración no ver esas cosas en castellano. Carezco de esa sensación de vacío que tienen algunos de no poder ver publicadas sus cosas acá. Fueron hechas pensando en y para un contexto determinado. Si se expanden mucho mejor, pero si se quedan donde están también es muy bueno. Además, destaco que esas obras me pertenecen en un porcentaje muy pequeño, así que las decisiones pasan por otros. Así que por lo pronto simplemente me pongo contento por verlas publicadas y que les vaya bien a los involucrados. Significa, ni más ni menos, que mi trabajo estuvo bien hecho.

  • Vos pasaste por Llanto de Mudo, con algunas obras de valía como “(Bang)kok”, “Jueves”, “Historia de la estupidez” o “El bar”. Por entonces se notaba que pasabas por un gran momento creativo. Contanos un poco de esas obras y qué sentís al día de hoy por ellas. 

Las recuerdo con cariño. Cada una tiene su particularidad y fueron hechas bajo una forma mental determinada. Hoy por hoy, no me gustan en absoluto pero respeto ese momento en que decidí hacerlas y me senté a producir, casi siempre en estados semi-extáticos y frenéticos, entre el cierre de una entrega para el exterior y otra. Permítanme explayarme mínimamente en dos obras:

A (Bang)kok la hice precisamente envuelto en un frenesí que duró exactamente 21 días. De hecho, fueron 21 días de Septiembre, así que estamos en condiciones de decir que ese libro cumplió ocho años en 2013. Empecé todo ese pequeño masacote caótico ni bien terminé una entrega y cobré lo suficiente para tomarme unas vacaciones. Como dije antes, la hice sin guión ni boceto previo, en hojitas A5 (a escala real) porque quería demostrar(me) que podía ser posible algo así. Por ende me senté el día primero y dibujé la página uno y veinte días después estaba terminada la página 60, escaneando y letreando. Lo único que rescato como gratificante, fue estar todos esos días con con la mente puesta únicamente en la historia. Por supuesto, ahora la miro y me produce algo relacionado a la vergüenza. Pero traté de ser lo más honesto posible, contando de manera sublimada lo que me estaba pasando: las ganas de escapar, el sentimiento de ser creador de cosas en una ciudad que se había vuelto extraña. Todo matizado en una historia de ciencia-ficción distópica más o menos clásica.

A Jueves, en cambio, la dibujé un Noviembre donde además del libro, tenía otros laburos freelance que cumplir. Un total de 120 páginas en total. Diego Cortés, el guionista, estableció contacto con una editorial francesa y, de un día para otro, los editores nos dijeron que iba a ser publicada en Diciembre de ese año. Y sólo se había hecho el prólogo y algunas páginas más. Eso quiere decir que tuve que respirar profundo y sentarme a hacer el resto en menos de un mes. Luego de terminar, tuve una especie de super-estress que algunos llamarían surmenage, pero no sé si fue para tanto. Pero Jueves fue hecho y pagado con mi cerebro, dicho esto más o menos de manera literal. Así que es natural que tenga un sentimiento medio extraño. Sobre todo porque, una vez terminado, la editorial francesa no lo publicó y jamás vi un solo peso. Diego hizo un mal trato con esa gente (ojo, no lo culpo, éramos novatos) pero el resultado fue que quedé averiado y más pobre que las lauchas. Porque lo que ganado ese mes con lo freelance, lo tuve que destinar a pastillas al mes siguiente. Afortunadamente, muchas personas recuerdan ese libro con cariño, aparte porque es algo bastante alejado de lo que hago habitualmente. Así que gané mucho capital simbólico con esa obra. Ganar capital simbólico no es poco.

Nomás quiero agregar que mi paso por Llantodemudo estuvo bueno, después de todo. Tenés razón en decir que fue una época muy intensa a nivel creativo, ya que la editorial estaba atravesando el último coletazo punk y por ende había mucha ebullición creativa. Para bien o para mal, ahora ellos van por otros caminos y yo voy por el mío. En cierto modo, me gusta pensar que mi época actual es aún más explosiva creativamente hablando que mis años en la editorial del chancho.

  • ¿Qué pasó con “Karmabasurero”, la supuesta continuación de “(Bang)kok”? Y, ya que estamos con los inconclusos, ¿qué fue de “Historia de la…”?

Es un poco largo de contar, pero existió un Karmabasurero terminada íntegramente. Apelando a la verdad, cierta tarde agarré los originales y los prendí fuego (debido a diversos episodios que no vienen al caso). Total, tenía toda la historieta post-producida y letreada en mi rígido. Cierto tiempo después, el rígido se partió al medio y no había hecho backup, así que perdí ese comic, una novela en prosa y las páginas de un proyecto freelance en el que estaba metido (además de ochocientas cosas más). Llegué a la conclusión de que ciertas historias no necesitan ver la luz jamás. Karmabasurero es una de ellas.

Historia de la estupidez, como contraparte, es algo que me encantó hacer. Quise imitar a Dostoievski y su recurso de proyectarse en varios personajes, como hizo en Los hermanos Karamazov. Traté de desdoblarme en dos personajes llamados Municipalidad Flores, un guionista borracho y bardero, y Nueva York, un dibujante tímido y paranoico. Ambos están envueltos en una especie de historia que juega un poco con lo meta-historietístico. Así que hay mucho de autobiografía sublimada, mucho juego con lo real y lo ficcional. Quedó inconclusa porque la revista donde salía publicada dejó de existir. Y mi premisa con ese comic, era de hacer cada capítulo, uno o dos meses antes de cada número. En una especie de retrospección de lo que me iba pasando y encauzada hacia una historia con una trama, más o menos definida. Ganas no me faltan de seguirla, de hecho aquel lector atento, va a poder advertir un guiño en alguna que otra viñeta de El Aneurisma del Chico Punk. Así que no resultaría extraño volver a ver en qué andan Muni Flores y Nueva York en el futuro próximo.

Mientras tanto, el año pasado surgió la posibilidad de la reedición de (Bang)kok a manos de una editorial rosarina, una especie de Special Edition o Edición Aniversario, pero no sé qué fue de eso. De todas maneras, a excepción de Historia de la Estupidez, no me enojaría ni tendría ningún sentimiento de maldad si ese libro se pierde para siempre.

  • ¿Cómo surgió “Dead Pop”?, ¿qué recepción tiene por parte del público?

Dead Pop es el hijo deforme que tuvimos entre Damián Connelly y yo en una noche que incluyó puteadas en gaélico, drogas de diseño y un caniche toy con un tutú. Ya tiene un año y es un nene caprichoso pero que ya gatea dejando sus buenos surcos en el pavimento. Como todo niño de un año, hay que alimentarlo todos los días, cuidarlo mucho y procurar que no huela mal, y para eso contamos con las mentes más enfermas y bonitas del cono sur que se han unido para educar a este engendro.

Fuera de joda, esta experiencia surge por la necesidad. Necesidad que teníamos Damián y yo de contar con nuestro propio espacio, necesidad de abordar algunas inquietudes estéticas y generar algo basado en lo que otras editoriales no estaban, ni están, haciendo: cuidado en el producto final, fuerte acento puesto en la difusión y en la promoción, protagonismo total del autor y deconstrucción de los géneros. Tiene un funcionamiento de red, es decir que la editorial está en todos lados y en ninguno al mismo tiempo. Bajo el sistema de corresponsalías, vamos desplegando nuestras publicaciones en Rosario, Córdoba y Buenos Aires y nos estamos expandiendo a países como Chile, Brasil y Uruguay.

De momento la recepción de las obras nos alegra y entusiasma. Obviamente que nuestro catálogo, tanto a nivel impreso como a nivel digital, está pensado desde la diversidad autoral. Por eso es natural que cada obra tenga sus seguidores o caiga directamente a cierto público. Pero nos hace ir por más, a doblar la apuesta para los años que están por venir.

  • Y qué nos podés contar de “Boiled”, el comic que estás haciendo para “Kirk!”

Boiled es mi nuevo juguete y estoy muy entusiasmado de poder desarrollarlo en las páginas de Kirk. El nombre es un juego de palabras entre el subgénero policial denominado hard boiled y el proceso por el cual el personaje principal, Hunger Tombson, cura sus heridas. Básicamente, el tipo se restituye a si mismo metiéndose a una tina con agua hirviendo y dejando que sanguijuelas le hagan un traspaso de sangre.

Pero a ver, a modo de sinopsis podemos destacar lo siguiente: hubo un desbalance en el tiempo y el espacio que afectó el continuum. Para reestablecerlo, se creó El Sindicato de Cartógrafos del Universo, un grupo de científicos, ingenieros, teóricos y químicos que convirtieron a gran parte de la Tierra en una red donde la información está en permanente fluidez. Es decir, que en cierto espacio se le designó un tiempo virtual, por decirlo de algún modo, que diera una sensación de estabilidad a los seres vivos. Es como si los científicos pusieran un gran tendido eléctrico invisible, por el cual la información que te dicta en qué día y en qué lugar estás fluyera como la corriente eléctrica. Esta idea de tendido eléctrico la llamaron, obviamente, La Red de Indra. Claro, este tiempo es impuesto, no es “natural”, tiene fallas y eventualmente va a tender a la inestabilidad. El tiempo “natural”, claro está, permanece roto para siempre. Y a esto hay que sumarle el permanente boicot de Los Zahíres, seres humanos que son como portales con patas y que quedaron fuera de la Red.

La fuerza de choque y control que tiene el Sindicato es La División Yuggoth. Esta división está compuesta por muertos revividos y sometidos a un sistema de contención (llamado El Sistema Scarab) que consiste en tratamientos diarios de reabsorción de materia muerta mediante unas sanguijuelas especiales que sólo viven dentro de agua hervida. El agente de la división debe meterse diariamente en un recipiente con agua hirviendo y dejar que los bichos hagan su trabajo, recompongan el cuerpo y de esta manera permanezcan vivos para no ser “absorbidos” por el estado de frenesí al que naturalmente los muertos vivos responden.

Hunger Tombson pertenece a la División Yuggoth. Es permanentemente asignado a “cartografiar” este universo destrozado, combatiendo muchas veces con la locura. Y se somete diariamente al Scarab System para no pudrirse. Y es un cabrón hijoputa con un férreo código ético pero con una muy dudosa moral. Por cuestiones a revelar él y su compañero Tesla Smirnoff fueron degradados de sus funciones y enviados a San Petersburgo, al año 1932, medio como castigo, haciendo guardia por si ocurre algún desbalance. Y ahí es cuando empieza el comic.

En suma, esta historia contiene e incluye planos paralelos, distiopías, cyber punk bizarro hecho con animales y bichos medio grotescos, el concepto de la Indra’s Net, un poco de Biohacking, Dead Drops, tecnochamanismo, retrocausalidad, el objeto transdimensional de Terence McKenna y obviamente un poco de Burroughs, Phil Dick, Wlliam Gibson, el mejor noir que tanto Chandler como Hammet supieron escribir y también están mis dos Thompson preferidos: Jim y Hunter. ¿Quieren referencias audiovisuales? Cronenberg + Cowboy Bebop. ¿Referencias comiqueras? El Warren Ellis más sacado y el Grant Morrison en su época Doom Patrol.

En fin, todo este mega-quilombo va a estar encerrado en historias autoconclusivas protagonizadas por un solo personaje, en una serie tipo “procedimental” como dicen los yanquis (o sea, como si estuviéramos viendo CSI) y con mucha… ¡Estética rusa!

Ojalá les guste.

  • Por último, ¿Cómo te ves en el campo de la historieta en el mediano plazo?

Oh, the so-called comic field. Bien, más arriba estuve estableciendo analogías como las de “fiesta” o incluso apelé a palabras como “ilusión de movimiento”, ¿verdad? Volvamos un ratito a esas imágenes. Yo siempre digo lo mismo: el campo de la historieta es una gran fiesta, pero una en la que todos tienen la intención de divertirse sí o sí, pero resulta que hay un burro muerto en el centro y nadie quiere reconocer que ese cadáver está apestando desde hace rato. Obviamente, el burro es el mercado y la industria. Y los asistentes borrachos somos todos los que estamos involucrados, bebiendo para olvidar o como si se viniera el fin de los días. Estamos todos sumergidos en eso, queramos o no. Todos tratando de pensar que la cosa se mueve, que va para algún lado, cuando en realidad son sólo figuras estáticas siendo atravesadas por un haz de luz que se proyecta en un único lugar.

Sí, lo sé, estoy siendo crudo, pero asimismo me muestro optimista. Digo, me parece, tengo que serlo, no me queda otra, de lo contrario abriría una verdulería y listo, acá no ha pasado nada. Y ni pensar en apostar por proyectos como Dead Pop, ¿qué sentido tendría generar cosas si tengo la certeza de que todo esto no sirve para nada?

Digamos mejor que no soy ni optimista ni pesimista. Soy un pésimo optimista. Igual ojo, a nivel personal me veo bien. O igual que siempre, que ya es más que suficiente. Si sumo fechas y cuento desde 1994, tengo que decir que ya llevo 19 años dibujando historietas a cambio de plata. Para ciertas personas eso es demasiado tiempo. Para mí es demasiado poco. Y si es por la plata, la verdad es que después de todo este tiempo tengo que llegar a la conclusión de que ser dibujante es la peor elección que he hecho, ja. Pero yo tengo un criterio medio extraño hacia el lenguaje del dinero. Y al fin y al cabo, con plata o sin plata, ya tengo decidido que no voy a dejar de hacer comics, sencillamente porque no puedo NO hacerlos. De todas formas, ya no sé si por masoquismo o por la misma insistencia ciega del fundamentalista que se tira de panza con su ristra de explosivos, los planes están dispuestos para que todo vaya más o menos bien.

Y no soy el único que piensa eso. Porque claro, a todo esto hay un detalle no menor: desde que empecé fotocopiando cosas que vengo escuchando o leyendo que el comic, ya no a nivel nacional sino a nivel mundial, está a punto de desaparecer. Que está todo mal, que apesta. Que es imposible ganar plata con eso. Que es imposible mantenerse estoico, sincero u honesto con uno mismo. Que no hay industria, que no hay mercado, que no hay nada, que todo es un páramo abyecto. Y, sin embargo, en este preciso momento, hay alguien abrochando un rejunte determinado de hojas. Hay alguien dibujando pensando que con eso se va a ganar el cielo. O que con eso por lo menos va a dormir en paz. Hay alguien, mientras leés esto, que está escribiendo “Página 1: Viñeta 1”.

¿No se te pone la piel de gallina?

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