Fabián Polosecki: un visitante en el otro lado

Allá, lejos y hace tiempo, cuando los ’90 comenzaban a ser esa picadora de carne monstruosa que se llevó hasta nuestra conciencia, apareció, desde un lugar inesperado, una nueva forma de hacer crónicas y contar historias.

La propuesta, fue simple: Cambiar de posición para tener otro punto de vista y entender realidad desde otro lugar. Ver que lo que nos rodea no es ni mejor ni peor, sólo distinto, con otras luces y otras sombras.

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Gustavo Fabián Polosecki nace el 31 de julio de 1964 en la ciudad de Buenos Aires. Es el tercer hijo varón de Aída Prizant y Josué Polosecki. Se llama Gustavo de primer nombre, pero desde chico le dicen Fabián. La familia se muda a una casa ubicada en el barrio de La Paternal, el barrio de sus amores.

En la adolescencia, integra la Federación Juvenil Comunista en su Frente de Secundarios, donde tiene un rol destacado en la conformación de una coordinadora estudiantil porteña, en los estertores del gobierno militar y los inicios de la democracia.

Estudia Sociología en la UBA, aunque abandona en 1988. Entre 1984 y 1989, trabaja como periodista gráfico de la revista Radiolandia. En 1989, Polosecki obtiene dos secciones fijas en la revista de historietas Fierro de Ediciones de la Urraca. Participa del diario Sur, de tirada nacional, y es delegado sindical durante el conflicto laboral desatado a causa del cierre del matutino.

En 1993produce y conduce “El otro lado”, un programa periodístico emitido por ATC, Argentina Televisora Color. Al año siguiente, gana dos Martín Fierro por el ciclo: Revelación y Mejor Programa Periodístico, que lo llevan, junto a su equipo de producción, a lograr el reconocimiento de la gente, de  sus colegas y del medio. Sin embargo, a Polosecki no parece importarle la fama que cosecha en la TV; después de ganar los dos Martín Fierro, declara: “No quiero ser un artista en el sentido de tener la necesidad de un público para vivir, no puedo orientar mi vida al hecho de que siempre haya alguien ahí para aplaudirme”.

El programa dura dos temporadas, y luego se relanza en una tercera, bajo el nombre de “El visitante”. ATC levanta el programa,  cuando realiza una convocatoria de acreedores, entre los que se encuentra el propio Polosecki. Desde entonces no vuelve a trabajar. El 3 de diciembre de 1996, en Santos Lugares, se suicida arrojándose debajo de un tren.

El.Otro.Lado

Desde la técnica, ambos programas, “El otro lado” y “El visitante” tienen varios de puntos de contacto con la historieta, amén de que Polosecki, conductor y “único” personaje, haya trabajado en Fierro. Sus amigos, Marcelo Birmajer y Pablo De Santis, colaboraron con la producción de los programas. Uno, como investigador periodístico, y el otro, como guionista y voz en off. En tanto que, los decorados “El otro lado”, eran páginas de historieta dibujadas por Pablo Páez.

Pero hay más. En “el otro lado”, Polosecki encarna a un guionista de historietas, que sale a la calle a buscar personajes e historias, así entrelaza la ficción con las palabras de sus entrevistados. Su personaje, a través de sus reportajes y sus reflexiones, asiste a  la realidad del hombre común y plantea un recorrido por la condición humana. Para “El visitante”, la premisa se mantiene, aunque crea un nuevo personaje; allí padece el  “síndrome del visitante inoportuno“, ocasionado por la compulsión de conocer a los “otros”.

Buscavidas“El otro lado” y “El visitante” remiten a un precedente ineludible: “Buscavidas”, la historieta de Carlos Trillo y Alberto Breccia. Allí, un coleccionista de historias anda permanentemente a la caza y captura de ellas, sin importarle sobre qué versen, pues en todas encuentra interés particular, debido a que él carece de vida. Pero hay una diferencia cabal, en “Buscavidas”, las historias tienden a la hipérbole y a la elipsis, en tanto que el invisible recolector (jamás sabemos su nombre),  tiene la habilidad de entrar y salir de las historias sin ser modificado por ellas. Son las ventajas de la ficción.

Por el contrario, las historias que Polosecki presenta en sus programas están pobladas por miles de matices, llenas de guiños, gestos, actitudes e incertidumbres. Mirar cualquiera de esos programas, es asistir a una extraña ceremonia  de cotidianidad, una crónica de hechos mínimos y rutinarios, a veces absurdos, a veces mezquinos, a veces ridículos, que nos hacen humanos, y nos dejan al descubierto, inermes por completo.

Los entrevistados, un recolector de basura, un travesti, un ladrón, un matarife, un iluminado, una prostituta, un motorman, entre otros, son seres comunes que viven un día a día desconocido pero gris, sin excepción. Al terminar, nos queda la sensación de que lo que acabamos de ver, está vivo, es real y es insoportable. Es, de alguna manera, el sutil horror  de la mediocridad sin horizontes, que ahora se nos presenta tibia y amigable.

Polosecki obtiene así, un retrato revolucionario e hipnótico y, también, intolerable. Preguntas sin respuestas, que dejan una percepción de vacío o de abismo. El espectador sale indemne, pero con la certeza de que los protagonistas de esas historias no tienen esa opción.

Ver esos programas es, también, asistir a la odisea inextricable que realizó Polosecki por esos años. Un viaje que lo dejó sin nada a qué amarrar. Tal cual cita el artículo de Página/12: “Hay uno de los programas del primer año de El otro lado que aún hoy causa una impresión espeluznante: es el dedicado a los trenes. En uno de sus fragmentos, Polo dialoga con un maquinista sobre los suicidios, preguntándole –o preguntándose– qué siente alguien que no puede parar una locomotora que está a punto de arrollar a un desesperado. El maquinista le cuenta sus impresiones y luego le indica que el punto más complicado es la estación de Santos Lugares, el lugar perfecto para un suicida. Las cámaras muestran ese punto de las vías. Lo que impresiona al que sabe la historia es que Polo volvió al lugar tres años después para poner fin a sus días, como si el programa le hubiese dado la idea.”.

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Hoy, “Polo” es ya una figura excepcional, “El otro lado” y “El visitante” son, quizá, los programas de televisión más influyentes de los últimos 20 años.

De Luca Prodan a Ricky Espinoza y de ahí a Fabián Polosecki, los mitos argentinos modernos tienen pies de barro. Son humanos, muy humanos. Sólo fueron gente común que hicieron cosas memorables.

Tal vez, siempre fue así y la distancia temporal borra de a poco la humanidad y nos deja sólo el bronce. Tal vez, el inalterable registro audiovisual impide ya el épico trabajo de evocación. Tal vez, ese es el fuerte de Polosecki; el registro está ahí, para ser descubierto de nuevo cada vez que se lo mira, y nos permite ver las luces y las sombras de los que están en el otro lado.

Enlaces:

Youtube:

  • Capítulo de “El otro lado”, dedicado a los trenes.

  • Capítulo de “El visitante”, entre Buenos Aires y el tigre.

  • Película documental sobre la vida de Polosecki, “En la vereda de la sombra”.

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